Restauración en Madrid: ¡Viva el despelote!

Teresa Muñiz
Fotografía: Teresa Muñiz
Teresa Muñiz
Teresa Muñiz

La inundación de programas gastronómicos habida durante los últimos años no podía resultar impune. Ese espectáculo no estaba programado para desvanecerse una vez se desmontara el escenario de sus demostraciones. Los aprendices de chef, ganadores de concursos gastronómicos por mil, reyes de maratones hamburgueseros y simuladores en cocinas ambulantes, estaban destinados a abrirse un espacio en el territorio, para estamparlo de establecimientos y modas culinarias festivas hasta el límite.

Los fondos de inversión rampantes, tan ahítos de liquidez como cortos de iniciativas rentables en una España en crisis, han encontrado en la marabunta de empresarios de la restauración, la noches, las farándulas y, en general, los amantes del negocio del «vamos que nos vamos» una vía de salida para su inversión, que busca la máxima rentabilidad en el mínimo tiempo. La restauración en sus múltiples caras: la copa, el espectáculo, el disfrute y la juerga en general han salido a su encuentro hasta crecer como setas con el primer calor tibio de lo que llaman recuperación económica.

Son tantas y tan dispares las ofertas que han hecho astillas las modas. No hay criterios, ni líneas dominantes, lo único que les anilla es la abundancia y el camelo. Como quiera que la verdad ya no existe (y menos aún el interés por buscarla) los tenedores, trivagos, academias rampantes, gurús, entendidos, cátedras por internet y encuestas digitales acaparan el espacio de la información y la opinión de tal suerte que lo bueno, cool, la tendencia etc. es aquello que llevan en el morral de su negocio.

Así ocurre que nos proporcionan encuestas (?) que indican cómo más de la mitad de los españoles preferimos ¡restaurantes ecológicos!, que a más del 80% nos preocupa el destino del vidrio después de dejar tiritando las botellas que nos aplicamos y que la mayoría de los restauradores consideran que la tecnología (así, sin más concreción y adjetivos) es fundamental para la expansión del negocio.

En fin, escriben en el mismo renglón sobre la utilidad de la carta electrónica (y el menú personalizado) y el retorno del restaurante bucólico lleno de verdes patios abiertos, música y caribes en los combinados. El cronista en la bitácora habla más de periferias: sensaciones, decoración, ambiente, que de cómo se preparó el chipirón o la manera en que llega a la mesa la merluza frita. Ocurre como con Mercadona y otras firmas similares, que destacan el precio sobre el aprecio del producto.

Tanto hablar de buena cocina y mejores platos, de hacer volar por la red miles de recetas y, al cabo, el mayor encanto de un local es la emoción que te produce rozar al amigo cuando llega, la música en directo que endulza el oído o el bocado inconsciente que damos a la humilde pizza que nos recomendaron.

Todos apuestan por el restaurante de éxito que les dé a conocer y les proporcione notoriedad y dinero. Y por ello inventan y proponen todo tipo de ofertas. Hasta las grandes cadenas de distribución -antes con sobrios restaurantes autoservicio en sus grandes hipermercados – apuestan por negocios arriesgados. Es el caso de Lidl que abre en un antiguo cine de Madrid, tan céntrico que está en la Gran Vía, un restaurante efímero (pop up) diseñado por Sergi Arola (el cocinero tan sutil que la mayoría de sus ideas le explotan como pompas de jabón) donde poder exhibir sus productos de alta gama, porque no sólo viven de la venta de la alimentación en ocasiones cercana al pienso.

Y cómo no, El Corte Inglés también lo intenta. Acaba de abrir en uno de sus centros de excelencia de Madrid el restaurante Las Nubes de Castellana. Está en la última planta y llega tan recomendado como Sofia Loren en los años sesenta. Iré y contaré la experiencia. Aunque me acompañará un amigo gallego que, no obstante su nacimiento, libó los últimos tragos de whisky que dejó la burguesía catalana de la bohemia, la literatura y el antifranquismo. A él, como a tantos de nuestra generación, el paladar se le va quemando pero el instinto permanece intacto.

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Cerrar

Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.