Las baronías

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Ximo Puig (buen alcalde de Morella, sombra eterna de Joan Lerma, o sea un socialista clásico y de aparato) quiere pactar con Podemos las candidaturas para el Senado. Esta determinación le enfrenta con la dirección federal de su partido y con algo más severo: el sentido común. Este político, hoy presidente de la comunidad valenciana y al que se le supone en sus cabales, quiere transar con quien ha decidido comérselo. Cree que de esta manera salvará el pellejo. ¡Ja!, como se dice en el tebeo.

Pero el episodio de Ximo Puig no es ni novedad ni una rareza en la historia del PSOE de los últimos años. Las baronías que dirigen las taifas de lo que no hace tanto tiempo fue solo un partido se vienen ejercitando en este tipo de expresiones narcisistas con demasiada frecuencia.

Las declaraciones del presidente valenciano me llevaron a recordar la pregunta, añeja ya, que se hacen de vez en cuando los socialistas más conspicuos: ¿En qué momento se jodió el PSOE? Las respuestas son variadas, dependen del lugar donde se encontraran los que opinan en el momento en que aparecieron eso que llamamos baronías. Existen, también, jóvenes conocedores del PSOE que sostienen que este partido se lo cargó Zapatero en mayo de 2010 cuando subió a la tribuna del Congreso de los Diputados -sin encomendarse a ejecutiva o comité federal- y se ventiló el programa máximo socialista, o sea, la aspiración última, el ideal del partido.

No creo que Zapatero sea responsable de tan tremenda tragedia, él solo segó para siempre la confianza de cientos de miles de españoles en ese partido. El problema es anterior. Me sumo a la opinión de algunos que fijan incluso el momento de esta quiebra: el día que Felipe González, presidente del gobierno entonces, invitó a comer en Moncloa a los secretarios generales de todas las federaciones regionales del PSOE.

Ese día Ferraz se inundó de luto. Alfonso Guerra había salido del Gobierno y declinaba en el partido. Las grandes decisiones, entonces, se tomaban en reuniones más o menos clandestinas de ocho o diez dirigentes territoriales; luego, uno de ellos pasaba a la Moncloa el recado y… Desde mediados los noventa hasta hoy el mejor retrato de esta grave anomalía política (irreversible enfermedad parece) la observamos en los nombres que pasaron por la secretaría de organización del partido: Cipriano Ciscar, José Blanco, Leire Pajín, Luena…  Una dirección federal sin fuerza: un pulpo al que cortaron la cabeza.

Ahora cuando el mundo ha cambiado tanto que ni siquiera nos reconocemos, el joven Pedro Sánchez (con la férrea determinación mental del deportista) tiene que afrontar una nueva contienda electoral con un partido más debilitado que nunca, y atender a un doble frente: el PP y el intento de sorpasso de Podemos y su larga estela de malestar. La ayuda que encuentra es la de unos reyezuelos que van a la suya; y las adhesiones que le llegan suenan a eso de la parte que salva al todo, como la disposición de Susana Díaz a presentarlo como candidato.

Del histórico y pujante PSOE parece que solo va quedando la mejor de las memorias y algunos hitos cimeros contemporáneos: sanidad y educación universal, Unión Europea y apertura al mundo, libertades civiles y bienestar material. ¿En qué momento se jodió el PSOE, pues? El día que se inició la balcanización y sus dirigentes creyeron que esto de la alternancia izquierda/derecha era para siempre. Observemos qué quedó de la vieja Yugoslavia, contemplemos qué «izquierda» nos trae Pablo Iglesias.

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Un comentario en “Las baronías”

  1. Me encanta el análisis y la memoria de los hechos ocurridos ya hace años, muchos en el mundo actual, me quedo con el dicho popular «de aquellos polvos vienen estos lodos».
    Pero de verdad Susana Diaz va a encabezar una regeneración?. Realmente me asustan los bandazos que esta dando la política en todas Europa, se incrementan los partidos extremos, izquierda y derecha, hace falta un PSOE, unido y con una sola voz.

    Un abrazo.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.