Coman mucha verdura

Teresa Muñiz
Fotografía: Teresa Muñiz
Teresa Muñiz
Teresa Muñiz

Jóvenes carreristas, que diría el añorado Tierno Galván, vuelven a salpicarnos con su sudor tras sus galopadas sorpresivas por las aceras ciudadanas. Acaban las fiestas del solsticio y miles de angustiados por los números que cantan las romanas (Cela) se tiran a las calles desesperados, con la intención de deshacer lorzas. Otros tantos, quizá muchos más, intentan el enésimo régimen alimenticio, casi siempre imposible y habitualmente inútil y hasta dañino.

Continuamos sin entender que para perder kilos lo único razonable es comer menos de todo, caminar más y más de prisa y reírnos con mayor frecuencia en casa y con los amigos. También podemos conseguir desinflarnos de una manera sana y placentera. Ahora es el tiempo más propicio para disfrutar felizmente de lo que siempre hemos llamado “verduras de invierno”. Paseemos por el mercado o el buen supermercado. Con una mirada de tres segundos habremos atrapado decenas de clases de verduras e imaginado mil platos con ellas.

Veamos: acelgas, alcachofas, apio, brócoli, calabacín, cardo, cebolla, col, coliflor, lombarda, endivia, escarola, espinaca, guisante… Y me olvido de las tantas que empiezan por h, j, l, m… ¿Qué se puede hacer con tamaña oferta? Los buenos cocineros logran crear mundos nuevos de sabores, texturas, sueños… Pero nosotros, los simples mortales, poseemos bastantes menos habilidades. La verdura se nos continúa atragantando.

Hemos dado un salto grande en el consumo de ensaladas. Hoy no hay restaurante que no tenga un ramillete de ellas en su carta, cuando hace tan solo 30 años era “el alimento de los grillos”. Pero la verdura se resiste. La mala literatura sobre ella, la pésima memoria que todavía arrastra hace que la verdura solo pase a formar parte habitual de nuestra dieta “cuando ya no podemos comer otra cosa”, como sostiene firme mi amiga Manolita, maestra jubilada y bailarina en sus sueños siempre.

La popularidad de la cocina en la televisión en estos últimos años viene aflojando la tozudez de este rechazo “por lo verde”. Aunque en Madrid, al menos, son los restauradores navarros, sobre todo, quienes desde hace varios lustros se esfuerzan en introducir la buena verdura sin compasión.

A golpe de memoria (disculpen, entonces, los grandes errores que vendrán) diré que la mejor porrusalda que tomé nunca me la sirvieron en Ainhoa hace muchos años (puerro, zanahoria, patata tierna, aceite de oliva suave…). En La Manduca de Azagra son imbatibles los pimientos de cristal (aunque si vas ahora pide las alcachofas fritas). Casa José, de Aranjuez, sirve una verdura increíble de aquellas huertas históricas. En Coque, puré de coliflor como lecho de verduras ahumadas al dente. En Aldaba, la menestra de verduras braseadas, y en Meating, puerros a la plancha. Mas, si logras encontrar mesa de De la Riva, no lo dudes, pide habas, te cante lo que te cante Paco Morán con su vozarrón vendedor.
Sí, los platos de verduras en este tiempo de lluvias, fríos y flatos deberían constituir nuestro mejor deporte. Porque, además, no son caros y después de consumarlos no te duelen las rodillas.

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.