Un gran día

Ada Colau Manuela Carmena.www.eldiario.es
Fotografía: Ada Colau Manuela Carmena.www.eldiario.es

Ada Colau y Manuela Carmena.www.eldiario.es
Ada Colau y Manuela Carmena.www.eldiario.es

Ayer fue un gran día. Nos dimos cuenta de que tenemos en nuestra mano la capacidad para decidir quién debía ser nuestro alcalde o presidente de Comunidad Autónoma y quiénes no, y lo ejercimos. El derecho a decidir es cosa nuestra, el cimiento mismo que nos permite ser ciudadanos en democracia. El derecho a decidir no es patrimonio de los separatistas que los catalanes han puesto de moda, es un privilegio de todos nosotros: ayer lo utilizamos a destajo. Porque en los últimos tres o cuatro años han pasado demasiados acontecimientos en esta España nuestra, la mayoría terribles.

Recuperemos sólo un brochazo numérico de las consecuencias reales de unas determinadas políticas hechas realidad: somos el tercer país que más ha crecido en desigualdad en Europa, tras Grecia y Portugal; el 18% de nuestras familias vecinas son pobres de solemnidad, y en los años brutos de paro, la devaluación salarial llegó a alcanzar el 40%. Han subido todos los impuestos y hemos batido el récord de movilizaciones laborales y sociales en Europa, muchas más que Grecia. Como consecuencia de estas y otras sajaduras, el dolor ha crecido en nuestro pueblo como la mala hierba: sin orden ni concierto. Y la corrupción que no se ha detenido.

Ahora que las elecciones nos han permitido el derecho a decidir a quién sí y a quién no queremos, es el momento de estar atentos a quiénes ponen al frente del timón de nuestra barca los numerosísimos pactos políticos que se darán. Hemos votado más arrastrados por la sangre que dirigidos por la cabeza y el interés propio, por ello puede que hayamos arrumbado a buenos alcaldes, porque no estaban en el partido adecuado en este momento, y aupado a otros a otros de los que sólo conocemos el humo de sus palabras. Pero era nuestro derecho, nuestro libérrimo albedrío de decidir en libertad.

Las pitonisas han acertado: se abre un nuevo ciclo político. La izquierda que viene rechaza que se la tilde como tal, y la nueva cara de la derecha -que rompe la coraza acerada del PP como si fuera una figura emergente del gran escultor Pablo Serrano- huye del apelativo como Drácula del ajo. Son sin duda unos tiempos en los que naufraga lo viejo y lo nuevo comienza a andar. Nuestro voto fue decisivo: obligaremos a todos a que se empleen en las cosas que nos importan y sobre todo en aquellas a las que aspiramos. La aventura democrática continúa.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.