No me gustan las aceitunas nada

Teresa Muñiz.Óleo sobre tela.200x200.1996
Fotografía: Teresa Muñiz.Óleo sobre tela.200x200.1996
Teresa Muñiz.Óleo sobre tela.200x200.1996
Teresa Muñiz.Óleo sobre tela.200×200.1996

Sueño que soy un joven reportero que menudeo en labores complementarias y de calle para el superprograma Máster Chef. Estoy en la calle Preciados, de Madrid, con una alcachofa en la mano y preguntando a todo aquel que no me parece español cuál es el plato que más le gusta de su país. Pero no se me da bien el comienzo, la cago con la primera persona a la que me dirijo. “Señor, ¿me podría decir cuál es el plato que más le gusta de su país?” “El arroz con todo lo que le echen”. Pero este hombre es de aquí “de Tomelloso para más señas”, dice orgulloso. Tenía que haberlo adivinado, debería de haberme fijado en que era bajete, hombrudo, de espaldas anchas y pantalón tobillero.

A partir de ahora ya no me equivoco. “Señor, ¿Qué plato es el qué más le gusta de su país? “El ceviche, señor, venga como venga” Es de Perú, claro, y tiene el pelo en cresta. “El burrito de guacamole, mano. Y eso que llevo veintiséis años en España”. “La lasaña de verduras”, dice pausada una bella sarda. ”El churrasco con chimichurri”, explota un porteño que lo dice todo por el ADN de su boca. “Cualquier arroz frito estilo chino”, “Sushi y sus dumplings”. “El falafel”, exclama un rifeño “de Tetuán, y a mucha honra”. “Añoro la pata de lechón con varita”, musita una caribeña ¿de dónde? “Pollo tandoori”, susurra tímido un indio que dice ser de Calcuta…

No continúo con las entrevistas. De repente me veo vomitando justo en la entrada principal de unos grandes almacenes. Son aceitunas, aceitunas a medio masticar apestosas, negras y marrones y verdosas y asquerosas. Cuando no me queda nada más que los ojos inyectados en sangre y el estomago ardiendo, comprendo por qué estaba haciendo esas entrevistas: quería ocultar el asco que le tengo a las aceitunas. Porque tengo que confesar que desde hace un tiempo su presencia y sabor repugnantes me persiguen. Están en todos lados. Podría anotar de memoria hasta cincuenta tapas, platos, postres, y hasta helados, en las que las he encontrado. La última versión, ayer mismo en uno de esos restaurantes nuevos que quieren llamar la atención con gilipolleces: estaban trituraditas impregnando una lustrosa rebanada de pan centeno, acaso el pan que más me gusta en el mundo. Su sabor a almazara antigua y revenida mató esa miga recia, ese sabor intenso y cierto, ese olor a tostado esponjoso. A partir de ahora preguntaré si puedo encontrar trazas de aceituna en todo lo que pida, incluso en el vino.
Está de moda espolvorear todo, o mezclar, con lo más barato o lo que más a mano se tiene. Ahora la aceituna parece que da el relevo al pimiento rojo. ¡Piense en donde NO ha encontrado pimiento rojo! Y mañana quien sabe que commodity alimentario nos meterán de relleno. Puestos así, hasta prefiero las salsas de bote, esos brebajes que gustan a algunas personas y siempre a los gatos golosos.

Para liberarme de semejantes redes de gladiador tramposo, en ocasiones me paso a tomar unas raciones con mi amigo Domingo a su estupenda “esquina china” llamada Yakitori, en Argüelles. Estos han copiado una docena de “raciones españolas” que no las supera nadie: tomate con ventresca, tacos de rape frito, gambas a la plancha, espaguetis con verduras… Tiene un magnífico rioja y dos ruedas correctos; en la mesa, aceite de Jaén, vinagre de Montilla y sal de Carrefour. Y están dispuestos a aprender. El miércoles pasado les di una receta que lanzó hace unos días El Comidista para que me la preparen este fin de semana que volveré. Koko, así se llama la chica, me ha llamado esta mañana: “Señor, la quinoa ser muy cara, ¿podríamos sustituirla por arroz integral egipcio, muy sabroso? “De acuerdo”. Como no lo voy a estar.

Les contaré cómo acaba todo, porque la ensalada promete: alcachofas frescas, quínoa (arroz integral egipcio), naranjas de sangre y la mano del cocinero con sus aderezos y el aliño.

Espero no continuar soñando esta semana, porque no sé en qué puerta terminaré potando. ¡Qué vergüenza!

Recientemente se ha publicado Pan Soñado, el libro de Pepe Nevado y Teresa Muñiz que reúnes d máe s en este blog desde que comenzaran su colaboración hace ya dos años.  La primeracincuenta artículos del periodista y otras tantas pinturas de la artista publicado edición de Pan Soñado se acompaña de un disco grabado en exclusiva porTangoror

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.