El Ratón Azul

Teresa Muñiz. Acrílico sobre tela. 1,30 cm x 1, 30 cm Año 2010
Fotografía: Teresa Muñiz. Acrílico sobre tela. 1,30 cm x 1, 30 cm Año 2010
Teresa Muñiz. Acrílico sobre tela. 1,30 cm x 1, 30 cm Año 2010
Teresa Muñiz. Acrílico sobre tela. 1,30 cm x 1, 30 cm Año 2010

La eficiente dependienta me quiere vender las dos camisas que he llevado al probador. Ha observado que me gustan y me están bien. Pero yo venía sólo a por una, no necesito más. Bueno, eso no es excusa, me responde sonriente y coquetona, todos tenemos armarios llenos de ropa que no usamos ni necesitamos. Y las neveras repletas de fruta pocha, le espeté. Me miró con los ojos como preguntado ¿bueno, y qué va a hacer?, ¿te decides o no?. Dejé la segunda camisa sobre el mostrador con mucho cuidado y le respondí con el aplomo de quien parece ser muy responsable: hay que ser austeros, y más en estos tiempos. Hizo un levísimo encogimiento de hombros, bajo la mirada y dobló la camisa rechazada con sumo mimo. Le di el adiós y me di la vuelta.

En mi cabeza – quien sabe por qué – habían empezado a voltear toda clase de frutas tocadas dentro de la nevera y fuera de ella, el jamón york reseco, la mahonesa que no recuerdo desde cuando está allí, la mermelada dura desde el pasado otoño, y esa botella de sidra que nadie abre desde dios sabe cuándo. Sí, cualquier día de estos cogeré una gran bolsa de plástico, la pondré frente a la luz sacral del frigorífico y la llenaré de alimentos olvidados. Porque nadie se libra del despilfarro, incluso en tiempos de crisis.

Leo en mis notas de distraído plumilla de la masa y sus entornos que la FAO estima en 1.300 millones de Tm los alimentos que desperdiciamos los humanos al año, un tercio de la producción mundial, y que en España esa pérdida se produce en su mayoría en los hogares, un 42 por ciento. Son pérdidas asombrosas de 720.000 millones de dólares anuales, gastos inconmensurables de agua potable, un deterioro ambiental pavoroso y una acumulación criminal de basura. Como principal remedio para minimizar tan cruel desatino, expertos, empresas y autoridades recomiendan racionalidad y austeridad y luego un sin fin de prácticas con pretensión de nobles. ¡Ja, recomiendan lo que yo hice con la camisa, que compre lo necesario!.

También leo en mis apuntes que el desperdicio de alimentos es inversamente proporcional al nivel de renta: mientras más rico más despilfarras. Pero dudo que estas recomendaciones se cumplan ni poco, ni mucho. Resulta que nuestras sociedades occidentales hace tiempo que mataron al ratón azul.

De niño fui muy amigo de Juanito. A él sólo le gustaban los animales. Todos. Desde la araña mínima hasta la liebre roja; desde el saltamontes al grajo escandaloso. Los observaba  con la dedicación y el tiempo que sólo encuentra el enamorado para cortejar a la amada. En el instante mismo que veía deslizarse a la culebra de cadena ya había descubierto el lugar hacia el que reptaba para protegerse. Con sólo dos cri-cri del grillo real descubría su agujero protector.

En tiempos de recogida de aceituna, y en ese cortijo elemental que cobijaba a la familia, descubrió mínimas cagarrutillas de ratón sopladas por la escoba hasta un recoveco bajo la pared. Hay ratones, se dijo. Pero nada contó porque su padre abriría el cepo.  Observó durante dos noches a la luz de la lumbre ya empobrecida para descubrir los movimientos de los mykis, pero nada advirtió. Luego pensó que cómo iban a salir de la guarida si no había comida. Su madre dejaba la cocina escamondá todas las noches, la alacena atavicá, el pan a cubierto, los desperdicios fuera para disfrute de la perra Canela y los gatos; para el picoteo del gallinero y el abono del naranjo y el limonero. La tercera noche desmenuzó una pizca de queso blando cerca del rastro del ratón. Pronto percibió movimiento, una sombra diminuta, un silencio intenso y luego una carrerilla que terminó en un mínimo destello en blanco que desapareció bajo la pared.

Juanito se levantó, encendió el candil y alumbro el lugar del descubrimiento. Con el dedo indice de la mano izquierda descubrió el agujero de la ratonera. Ya lo tengo, suspiro. A la mañana siguiente se pasó por el lavadero, tomo un puñadito de azulete de dar brillo y apresto a la ropa blanca e impregnó con él los bordes del agujero ratonero. Aquella noche avivó la candela y esperó. Cuando sus ojos y la consciencia estaban en ese punto incierto del asoma traspón, pudo ver cómo un lironcito rayado de azul brillante daba cuenta de la miga de queso. Juanito me dijo que se miraron los dos: él alucinado y el roedorcillo a sus anchas.

Moraleja, estos milagros ocurren cuando el despilfarro es imposible porque todo tiene un provecho. Hice bien con dejar la segunda camisa sobre el mostrador.

TERESA MUÑIZ es asturiana pero hecha en Madrid, donde estudio en laEscuela de Bellas Artes de San Fernado, y vive. Crea y enseña pintura desde siempre. La abstración, el color, la determinación y el misterio son los puntales de su obra. Admira algunas de sus pinturas en su web.

Artículos relacionados

Un comentario en “El Ratón Azul”

  1. Así eran las cosas en » Aquellos Tiempos » que , en realidad , son hace «Cuatro Días».

    Cuanto hemos aprendido todos . Que trascendente lo aprendido . Que
    olvidado lo sabido …..

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Cerrar

Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.