Pan de Semana Santa

Teresa Muñiz. Acuarela sobre papel 33 cm x 27 cm Año 2011
Fotografía: Teresa Muñiz. Acuarela sobre papel 33 cm x 27 cm Año 2011
Teresa Muñiz. Acuarela sobre papel 33 cm x 27 cm  Año 2011
Teresa Muñiz. Acuarela sobre papel 33 cm x 27 cm Año 2011

En el restaurante La Tasca Suprema, en la calle Argensola de Madrid, he comido las mejores lentejas de mi vida, esas que traían de la «Castilla fría» para emparentarlas con «las papadas de Salamanca». Pero eso ocurrió en otro tiempo, cuando éramos jóvenes y todavía rebeldes y el comer hasta reventar no era excepción sino costumbre. Dejé de frecuentar La Tasca Suprema durante años hasta que el pasado 31 de diciembre la casualidad, aliada con el capricho, nos llevó a tres de la quinta hasta ese viejo comedor.

Nada eché de menos, vamos que allí no olía a nostalgia. Cayeron unas alcachofas con almejas, un eterno y exquisito cogote de merluza y dos botellas de Mauro. También muchas risas rodadas con los exabruptos que paren estos tiempos lobos. En ese preciso instante en que se opta, bien por el orujo blanco, bien por el gin tonic, un joven camarero muy moreno, que podría haber sido mesero en el siglo XVII, plantó sobre la mesa dos torrijas que parecían sendas liebres rojillas allí amagadas. ¡Quién puede tomar ahora eso, por dios!. ¡Quita, quita!. No se precipite porque quizás no pruebe una torrija como esta en su vida. ¡Quita, quita!. No se equivoque. Le parto un trocito, la prueba y me dice luego…Uuuuhhhmm. Tenía toda la razón. Me comí yo solito una, es decir, disfruté de una dulcísima ración de cielo del tamaño de una telera civilera. ¡Y me traje dos para acompañar las zambombas de nochevieja!.

Traigo a colación este episodio porque estamos en Semana Santa, el tiempo por excelencia de las torrijas, y la televisión, las pastelerías, los bares y restaurantes castizos o novatos, y hasta el espíritu en fuga de Esperanza Aguirre, nos las hacen pasar por el ojo, en todo su paladar, como quien muestra la golosina de fuste mayor. Se nota que el pan está de moda y trae bajo el brazo a una de sus más felices criaturas. Porque no hay pieza repostera a la que quepan más sabores, colores y hasta bitácoras que a ese trozo de pan de trigo antiguo asentado por el aire de varios días en la penumbra. Acaso el arroz, ese ladrón del aire, se le equipare. Claro que no disputan entre ellos, cada uno reina en su propio cielo. El pan fue el alimento de los pobres siempre, por eso Cristo se fundió con él para levantar su iglesia. El arroz, en cambio, es más modesto: sólo salva del hambre a más de media humanidad.

La torrija, el bocado de lujo de las parturientas hasta la llegada de la onza de chocolate, sin embargo no cabalga sola por esta España en crisis. Humean junto a ella las muy abundantes sopas de ajo, eso sí con su huevo escalfado y sus trocitos de jamón serrano, el salmorejo cordobés (vaya tela con adjetivar las angulas de aguinaga o las anchoas de Santoña) inunda la restauración española con la misma saña y mancha que la Coca-Cola. Y hasta la porra antequerana – una pella que cuando se te agarra en la barriga te dan ganas de asesinar o colgarte de un olivo – rompe las fronteras de Málaga. Del Mata hambres y la Costra Navarra mejor ni hablar.

Sí, de nuevo ese pan – cuscurro de días – cae en las vasijas llenas de leche, azúcar y cáscara de limón para luego ser frito en aceite de oliva al infierno y regado con los jarabes más imaginativos del mundo. Hace unos años en Tamaulipas, México, probé un trozo de torreja, (allí las llaman así) bañada con miel de maguey que me resultó dulzona y espesa. Pero nunca pude haber imaginado catarla inundada toda ella de orujo blanco clandestino sacado de los mismos confines del Bierzo. Tan fuerte era, que procedí a quemarla como si se tratara de la queimada del deseo. Churrascadita y algo más enjuta, todavía no me había desvelado su gran tesoro: el mejor orejón escarchado del mundo dormido en su barriga.

TERESA MUÑIZ es asturiana pero hecha en Madrid, donde estudio en laEscuela de Bellas Artes de San Fernado, y vive. Crea y enseña pintura desde siempre. La abstración, el color, la determinación y el misterio son los puntales de su obra. Admira algunas de sus pinturas en su web.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.