Recetas de la felicidad (I)

Navegando en busca de recetas, sabores, alquimistas del fogón…encontré el digital diariodegastronomia.com. Parecía otra web sencilla y a la última en la que escribía de restaurantes, tendencias y vinos un pequeña redacción sin firma y con oficio. Pero escondía una sección deliciosa: «La receta de la felicidad». Algunos embajadores de nuestra gastronomía han compartido los ingredientes y fórmulas del plato más efímero y subjetivo. Me permito reproducir algunas en este mes de verano.

Anoto que las recetas forman parte de «la campaña Quien sabe beber sabe vivir, una iniciativa del sector vitivinícola español con el apoyo y financiación del Ministerio y la Comisión Europea para difundir el mensaje del disfrute del vino con moderación, destacando su papel fundamental en la cultura, paisaje y dieta mediterránea.»

Comienzo con la receta de la felicidad del chef riojano Francis Paniego:

1 beso de mis hijos al levantarse

2 tostadas con aceite, 1 zumo, 1 café con leche y 1 periódico

1 paseo matutino por la montaña de Ezcaray con mi perra Luna

1 buena jornada de trabajo

1 montón de clientes felices

… y una copa de vino

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.