¿Qué hacen los jueces?

Fueron muy sonadas y compartidas las palabras pronunciadas por el príncipe Felipe en el acto de entrega de títulos a los nuevos jueces y fiscales. Elogió la independencia judicial y defendió la igualdad de todos ante la ley (Repárese que su hermana Cristina acababa de ser imputada un día antes). En el mismo acto, aunque con menor relevancia pública, el presidente del Tribunal Supremo, Gonzalo Moliner, sentenció que en momentos de grave zozobra ahí están los jueces como último asidero frente a la riada.

Son palabras que reconfortan. Pero luego llaman los hechos. ¿Tenemos la percepción de que los jueces son el último muro que nos protege de la injusticia?. No. O no siempre. Porque su múltiple interpretación de las leyes produce resultados dispares y hasta increíbles en ocasiones. Ahora se viven situaciones que los ponen a prueba de nuevo ante una sociedad sobrecogida. Tienen que fallar sobre una realidad en carne viva (desahucios); sobre atropellos proclamados (preferentes); sobre escándalos políticos fenomenales (Gürtel/Bárcenas). Y la disparidad de criterio y sus enrevesados procedimientos destacan sobre lo que debería imperar: perfiles de actuación claros y expeditivos. Da la impresión de atasco, de que no saben qué camino tomar, de que se conducen más de la cuenta por el camino fácil de la rutina para evitar el compromiso. Vamos, que parecen estar a la espera del juez estrella, que tanto detestan, para que les despejé el campo.

No obstante, y a pesar de que debemos temer lo peor, hay signos de que en el Supremo y las audiencias, la Fiscalía del Estado y los jefes policiales se producen más reuniones con la intención de buscar soluciones que las eternas de matar la mañana con largos cafelitos. El Poder Judicial ha convocado a los tribunales superiores de justicia con la esperanza de unificar criterios para abordar los desahucios, y se observa que dos o tres jueces y varios fiscales de la Audiencia Nacional quieren hincar el diente con determinación a los responsables de ese atropello fenomenal de las preferentes. Los bancos afectados lo han visto y el Gobierno atiza para que los afectados acepten una mediación extrajudicial rápida.

Cosa diferente es la partitura que tocan en la Fiscalía General del Estado y las comisarías. El fiscal Torres-Dulce persiste día tras día en ensayar eso de comer y soplar al tiempo, confiando en que lograra conseguir la hazaña de salvar a Rajoy aunque se hunda todo lo demás. Y la policía, como siempre, tiene todas las bazas en la mano: es nuestra botica más repleta.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.