«Hablando en Plata»

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Hacer la compra, preparar el almuerzo, comentar con un vecino cómo va la cosa…

Incremento de la masa monetaria, fragilidad de los mercados, repunte de la deuda…

– ¿Y qué tienen en común estas dos retahílas?

– Que son cosas que suceden a diario, forman parte de nuestra cotidianidad y vivimos con naturalidad.

¡Quién diría hace unos años que en cada ciudadano habitaría un economista! Eso se aplicaba al fútbol y se hablaba del entrenador que todos llevamos dentro, pero la crisis y sus actores -mercados, políticos, medios de comunicación- han logrado que una materia árida para la mayoría de la sociedad y de terminología compleja sea dominada a pie de calle y de paso, nos domine también.

Que la ciudadanía esté informada y mantenga despierto el interés por lo que le afecta es esencial para que una democracia progrese. Ahora, cuando una sola cuestión nos obsesiona hasta transformarnos y nos deconecta del resto de las cosas importantes…me temo que, en tal caso, corremos el riesgo de perder la perspectiva, matar la creatividad y anular -o desoír- las voces de quienes no siendo expertos en economía, saben de la historia (que siempre se repite), de los hombres (que no aprenden a usar la virtud de la ambición) y de las emociones que, a través de la cultura, nos han traído a este tiempo que ya parece pasado.

«Hablando en Plata» es un corto de Javier Ríos. La cinta quedó entre las finalistas de la 10ª edición del Festival de cortos en Internet Notodofilmfest.com.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.