Transparencia

El Gobierno anuncia el envío al Congreso de un Proyecto de Ley de Transparencia. Y la vicepresidenta portavoz se pone chulita y advierte de inhabilitaciones y multas para todos aquellos que la burlen. Pero muy pocos la creen. A decir verdad proclamas de este tipo se vienen prodigando durante los últimos treinta años desde la Moncloa y otras tribunas públicas.

Cuando hay dinero lo gastan a discreción y al escasear no se bajan del coche oficial por mucho que anuncien que lo dejan en la cochera. Además, el listón que se autoimpone el Gobierno de informar en un mes como máximo a todo requerimiento público ciudadano es un brindis al sol, algo imposible de cumplir. Las administraciones publicas no están preparadas ni mental ni técnicamente para abordar semejante reto. Incluso pudiera no haber presupuesto para tanto sello de respuesta y manos de programadores suficientes para elevar trillones de datos a la red.

Estamos ante un Gobierno agobiado por la presión exterior que le exige claridad y resultados ya, y unos mercados que desconocen si ha habido cambio de gobierno tras las elecciones de noviembre. Eso es todo. Esta ley, como tantas otras, será aprobada por las Cortes y elevada luego a «la nube» en espera de que alguien con poder o picardía la baje para utilizarla en el navajero político, mediático o judicial. En realidad, ésta es una iniciativa del equipo Montoro que trata de meter miedo en el cuerpo al responsable público hasta hacerle contar hasta diez antes de tomar cualquier decisión de gasto. Se trata de ayudar como sea a bajar el déficit, aunque de paso quede seco el ciudadano.

La intención última del Gobierno con esta iniciativa legislativa no es la de favorecer la transparencia de lo público, sino echar a paseo un cierto aire de canguelo al objeto de que sus responsables públicos se corten en cuanto al gasto. La Administración así continua los pasos de los bancos que ayer metían créditos millonarios en el bolsillo del peón y hoy no se lo prestan ni con el aval del patrón. A este paso nos quedamos sin cuero donde agujerear el cinto.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.