El Discurso

Es muy difícil la ejecución de un ataque en tromba sin adarga, y lo es más aún sin tener el enemigo en frente. Pero en ocasiones ocurre. Lo presenciamos la mañana del sábado siguiendo el discurso de Rubalcaba tras su nominación como candidato por el PSOE a la presidencia del Gobierno. El líder socialista dictó, o mejor dicho, perpetró un discurso intenso y de gran calado político, anticipo de lo que será su propuesta electoral, sin citar en ningún momento al PP y algo aún más insólito, sin criticarlo por derecho.

Discursos como éste son auténticos hallazgos, joyas a proteger de la parla política. Por solo esta cualidad, debería ser calificado de modélico. Pero la larga charla del candidato socialista trae otras enjundias, algunas de ellas (beneficios de los bancos para crear empleo) llamadas a ser objetivos preferidos de los lanzallamas de la derecha y sus mesnadas mercenarias o no. Los banqueros deben estar preocupados pero quien debe sentir la mayor presión sobre la garganta es Mariano Rajoy. Un debate entre ambos, aparte de ser una delicia para los amantes de la política, debería ser  obligatorio. Los electores españoles no deberíamos ir a las urnas sin asistir con antalación a las imprescindibles justas dialécticas entre ambos aspirantes a la presidencia del Gobierno. La fácil charla con fervorina ante sus incondicionales, las ruedas de prensa sin preguntas y la propaganda convertida hace años en ponzoña ya no valen.

El discurso de Rubalcaba trae, en fin, otra evidencia: la distancia que media entre el discurso socialista de los ochenta y el actual. Las propuestas comunes de entonces parecen ahora radicalismos izquierdistas. Sin ir más lejos, reividicar hoy una sanidad pública suficiente es para muchos una antigualla de progres trasnochados.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.