El Olvido

El paso del tiempo parece dar la razón a los cineastas de la Nouvelle Vague que lideró Jean-Luc Godard,  sostenían que la televisión era un invento creado para fabricar el olvido. Entonces se rieron de ellos, pero hoy no ocurriría lo mismo. Hoy agradecemos que tuvieran razón y así una imagen oculte la anterior, un insulto nuble al precedente, un botarate desplace al payaso que nos hizo llorar esta mañana… y así hasta el infinito.

Sería demasiado abrumador cargar con tamaña catarata de acontecimientos, noticias y simplezas como si todos ellos nos importaran algo. Pero no es así por fortuna. Tenemos la suerte de que la «caja tonta» nos hace olvidar todo, desde la guerra de Libia (¿alguien tiene noticias sobre si continúan los bombardeos?), hasta las hazañas de nuestros políticos (¡qué horror compitiendo en el engullido de pepinos!). Y como quiera que el tiempo presente es de esa manera: líquido, provisional y miedoso, existen no pocos individuos, instituciones y credos inquietos porque el mundo se olvide de sus méritos.

Tomemos por ejemplo la figura histórica y el significado de Franco. El pequeño dictador (¿?) aparece y desaparece en el debate público general con relativa frecuencia. Casi cuarenta años ya bajo lápida deberían ser suficientes para el triunfo del olvidó. Pero no. Hubo españoles agradecidos que encargaron reescribir nuestra historia reciente a la Real Academia de la Historia con el interés de recuperar así la mejor memoria del Ferrolano Sin Piedad. Y aquí tenemos el resultado: Franco no fue un dictador.

Así que se olvide el presente carajal, un nuevo tiempo de silencio dará la intimidad suficiente a una mínima legión de historiadores que llegará a la conclusión de que Franco fue un dictador. Y de nuevo volverá la zarabanda. Así que muchos pensamos que los exquisitos franceses que teorizaron sobre la televisión y el olvido no tuvieron en cuenta el fenómeno de Franco.  ¡Qué pesadez!.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.