Milagro

Terremoto en Lorca. Nueve fallecidos. Centenares de heridos. Millares de damnificados. Y ¡oh, milagro, Zapatero no ha sido responsabilizado aún de la catástrofe!. ¿Qué ha podido suceder?. ¿Se olvidó el PP de su existencia por alguna extraña rareza?. ¿Pensaron sus dirigentes acaso que siendo Murcia tan abrumadoramente popular quizás no les resultaba ventajoso abrir ese debate?. Nadie lo sabe, repito. Nadie sabe quién o qué obró el milagro para que hasta ahora al Presidente no se le emponzoñe en la pringue tan jugosa de un terremoto. Pero ha ocurrido. De la misma manera que apareció Rajoy muy de mañana entre los cascotes para saludar y recibir aplausos. La abundancia de los populares en Murcia da para eso. Tienen manos para retirar escombro y aplaudir a su hombre. Zapatero, como los Príncipes, acudieron al sepelio, a ese acto donde más intenso es el dolor, cuando el luto es negro-negro.

Por lo demás, la ocasión trágica trae de nuevo una demostración conocida: este país no es cualquier cosa, a pesar de la pertinaz denigración a que se le somete. En horas monta una ciudad de tiendas de campaña y protege a miles de personas del hambre y del frío. Ni colores, ni gobiernos de distintos colores, solo hombres y mujeres organizados, con determinación y medios. Los periodistas que cubrieron los primeros días del drama escriben que no percibieron desorden, solo dolor, mucho dolor por tanta pérdida.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.