Pioneros

Lo más excitante del momento presente es que nadie sabe qué pasará mañana. Esa certeza nos iguala a todos. De alguna manera todos somos pioneros. Caminanos hacia adelante (o hacia atrás, depende) buscando algo sin saber qué es. Por ejemplo, el mundo del papel (los periódicos, los libros) vivaquea hace años en busca de un futuro sin éxito alguno hasta el momento. Igual ocurre en el mercado universal del arte, el espectáculo y el entretenimiento. Lucha a brazo partido contra una humanidad que le asalta hasta hurtarle sus creaciones, pero no ha ganado ninguna batalla significativa. Muy al contrario, crece la opinión de que la red es libre como libres deben ser los contenidos que por ella pasen.

Los creadores (todos menos los que aún no son conscientes de serlo) están perplejos y a la defensiva: les hemos asustado. Las tecnologías de la información (TIC) y su uso han acabado por desempolvar una vieja ideología que justifica no pagar por el talento y la belleza. Pero un empaste sí, y la mala escuela también.

El creador sin poder acceder a la ración de comida caliente del día terminará por hacerse fontanero o, acaso, fósil. Habrá otros que buscarán al mecenas, quien les dirá qué hacer y quedará pisada para siempre su libertad creadora. Aunque no deberíamos avanzar demasiado en este discurso, pues acaso no lleguemos tan lejos y todo quede en un severo reequilibrio de las capas tectónicas sobre las que se venía ofreciendo la creación artística desde hace más de un siglo.

Muchos pensamos que demasiados artistas se engolfaron en los juegos con sus musarañas y se olvidaron del mundo que debería entenderlos y, acaso, con derecho a ser mejor por su influencia. 

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Cerrar

Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.