Todo Bien

Y se pregunta el hombre sencillo: “¿Si los bancos están tan bien cómo que todo va mal?» La respuesta correcta puede ser larga y engorrosa; pero la cierta es imposible de obtener hoy. Los bancos están sobrados, pero no se fían unos de otros, ni se prestan dinero ni se pasan información; la banca europea está fenomenal, pero los mercados no se lo creen; en las escuelas de negocios donde han estudiado los chicos de la bolsa les convencieron de que los banqueros son las peores personas del mundo. Y ahora se aferran al perjuicio para martirizarlos. Pero hay más, los estados miembros de la UE han llevado a la encuesta bancaria de solvencia a aquellas entidades financieras que les ha ¿interesado?. No han sido examinados todos, ni siquiera la mayoría, pero sí los más grandes. Sólo España ha puesto todo el ajuar en exposición. También hemos visto algunas bragas alemanas en el tendedero. Pero Francia ha sido rácana e Italia bueno… de Italia hace años que no sabemos nada aunque nos imaginemos todo. Así pues, los que estén interesados en seguir instalados en la sospecha tienen argollas para agarrarse. Aunque sostener por más tiempo las dudas sobre la solvencia española y su banca parecerá mala leche (perdón, mala fe) a partir de ahora. Zapatero ha llevado esa virtud tan rara en política llamada transparencia a cimas nunca vistas en un país como España tan católico y remolón. Es el mayor acto de fe en un país, más allá del bla, bla político, nunca profesado por un político moderno. Puede que le sacudan por algún complemento de lugar o modo (¿quién le manda meter en stress test a la caja de Pollensa o la Banca Cívica?), pero el sujeto (España), el verbo (tiene) y el predicado (una banca solvente) es inatacable.  

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.