Espero la noche

“Espero siempre la noche, el sueño me vela esa amenaza eterna de que me robarás el alma». Así se expresaba el poeta, ese es el sentimiento que manifiesta el nacionalismo catalán estos días. Madrid les roba el alma que es su nación y su lengua. En Madrid gobierna Zapatero, y empujando al leonés para desplazarlo del poder, el PP, el partido que impugnó todo el Estatuto catalán. Así que no albergan esperanza. Madrid les ha secado el Estatuto utilizando un Tribunal Constitucional desprestigiado y a la orden. Una ley, sancionada por el Parlamento y el pueblo catalán y que venía aplicándose durante cuatro años, que se licúa. Era, sostienen, el elemento mínimo imprescindible para mantener la entente cordiale con España. Le faltaba incorporar otras aspiraciones, pero no le sobraba ninguna de las conquistas anotadas. Mutilar ahora el Estatuto es una declaración de guerra, la batalla catalana de nuevo, volver a empezar. 

El gobierno de España se muestra moderado y constructivo “sigamos hablando», les dice. Y el PP se escaquea “pasemos página, hablemos de futuro», o sea, de la crisis. El pirómano, pues, confundido con los bomberos. Son los promotores del Estatuto los que andan a la greña. Los catalanistas elevarán el diapason del ruido (están en campaña electoral), hasta el justo decibelio en que nadie se entere de que va la zaragata. Entonces será fácil responsabilizar a Zapatero de todo (¿con qué demonios habrá estudiado este hombre para llegar a tal grado de perversidad?) y encarar así una campaña electoral en Cataluña que les lleve a un triunfo rotundo y duradero, pues el Estatuto que en Madrid es equilibrado, en la tierra de Verdeguer es la culminación de una traición. Conclusión: malos tiempos en este frente. No logramos entendernos con los catalanes, y viceversa. Todos los esfuerzos resultan inútiles. Cuando Maragall pensó en este Estatuto no advirtió en absoluto que acabaría de este modo, buscaba la concordia. 

Estamos como estabamos. 

 

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.