Al Vuelo 4.

El fútbol levanta las más altas pasiones… pero también las más bajas. Prueba de ello es la acción bochornosa de Manolo Lama (Deportes Cuatro), desde Hamburgo el pasado día 12, previo al  partido entre el Atlético de Madrid y el Fulham, cuando en directo denigraba descaradamente a un mendigo con el beneplácito de algunos –palurdos que como él se creen venidos a más- que le jaleaban. Nuestro compañero Lama aparecía en directo para retransmitir la «imagen del día junto» a un grupo de aficionados del Atlético, rodeando a un mendigo local y a su perro, para demostrar que la afición y los españoles, eran solidarios. No se le ocurrió otra cosa que, con tono de sorna, dejarle calderilla, a la que siguieron tarjetas de crédito, móviles, bufandas y demás objetos que luego recogieron con la cámara como testigo, ante la mirada atónita del indigente y de todos los televidentes.

¿Es éste el tipo de periodismo que merecemos los españoles? ¿El periodismo efectista y  carroñero, el que viola sistemáticamente el horario de protección infantil en televisión?, ¿el que cercena el derecho a la intimidad y la propia imagen buscando la audiencia desesperadamente?, ¿el que se regocija en la desgracia ajena, ya sea de un personaje de revista o del indigente…?. ¿La información banal, estúpida, soez, conseguida con malas artes, “basura” si se permite la expresión, y que cada vez domina más programas informativos y más telediarios?

Hasta hoy creíamos que este tipo de prensa era la que gustaba a una audiencia mayoritaria, y afortunadamente hemos de reconocer nuestra equivocación. Inmediatamente, tras el asqueroso y burdo espectáculo que nos ofrecían desde Hamburgo Lama&Co, miles de ciudadanos se han organizado para exigir una rectificación. Eran más de 30.000 a la hora de escribir estas palabras, los que pedían desde la red social Facebook la destitución del periodista que llegó a exclamar que las monedas se las daban al mendigo para que así «vea calentito el partido«. Otros tantos inundaban Twitter con sus obligados minicomentarios, y las asociaciones de telespectadores y los medios de comunicación tradicional y digital reflejaban el sentir ciudadano ante un hecho que ensombrece un poco la limpia victoria de los colchoneros.

Este suceso hace también reflexionar sobre el la capacidad de movilización de las redes sociales, de Internet, de la interacción ciudadana. De la fuerza de la asociación, relación, intermediación y solidaridad que nos facilitan las nuevas tecnologías. También, como no, de la intervención  o intervencionismo que ejercen los ciudadanos/audiencias sobre aquellos aspectos que, de manera totalmente ajena a nosotros, tratan nuestras administraciones y medios de comunicación; y que es capaz de generar un movimiento social tan decisivo como para pedir explicaciones ante aquellas cosas que no nos merecemos.

Como ejemplo de ello, ayer la cadena de televisión Cuatro y el mismo Manolo Lama rectificaron, obligada pero suavemente. Este hecho es un pequeño triunfo de la cyberdemocracia, ese nuevo modelo de relación ciudadana del que hablaba antes y que hemos construido entre todos. Entre ellos, los que –tal y como decía hoy un beneficiario de una fundación de ayuda a los indigentes- “creen que a ellos no les va a pasar esto, y que están más cerca de vivir en la calle que de tener un yate”.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.