Lecciones de Fútbol

Del Bosque tiene razón,  no puede estar satisfecho con el juego del equipo nacional en París, a pesar de ganar a Francia 0-2. El de Salamanca -un hombre más humilde que austero siendo los dos al tiempo- sabe que su selección puede jugar aún mejor. Ha observado, como todos, que ha peloteado demasiado en su campo, que las bandas han estado desasistidas, que al trotón de Torres casi ni se le provocó. El prudente Del Bosque, se manifiesta de esta manera porque ha visto lo que da de sí hoy la selección francesa: muy poco. Y a pesar de todo los chicos han estado contenidos y medrosos. Por qué?. En  mi opinión porque Francia impone demasiado y París… ni te cuento. Es lo que Valdano llamaba «miedo escénico «. La autoestima del jugador colectivo se encoge, la responsabilidad individual les ahoga y, en consecuencia, juegan de oficio, van a lo seguro. Pero ahí está ese hombre discreto y corriente que es Del Bosque para recuperar la inteligencia, o sea, para decir con sus palabras que la historia solo es un dato, eso sí,  importante, pero que hacer historia es algo diferente. Las estadísticas son magníficas para informar de aciertos y errores, éxitos y fracasos, pero el talento y la ambición  no lo saben medir las mejores computadoras de la NASA, aunque en Houston opinen lo contrario. España ganó en París por oficio y calidad pero con ese juego y, sobre todo, esa actitud no pasará de cuartos en el mundial. Para ser los mejores hace falta superar a todos los demás. Claro que para ello es menester echar p’afuera telarañas, y Francia, Italia, Argentina, Brasil son auténticos telarañones. Nuestros fantasmas.

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Cerrar

Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.