La alarma como estrategia

Todo lo que pasa en este mundo obedece a una o múltiples causas, absolutamente todo. El azar, claro, existe pero sólo porque todavía no logramos explicarlo. Sin embargo, los humanos –especialmente los políticos y los colectivos o sociedades muy atrasados- nos empeñamos con contumacia en intentar desmentir tal evidencia. En las últimas semanas, y en nuestro país, muchos asistimos atónitos a la existencia de algunos debates (¿?). El más increíble es aquel que ha lanzado el PP en la arena roja de nuestras playas en este ferragosto. Resulta que tenemos un Gobierno, a la manera de los nazis y otras dictaduras, que espía a los populares sin someterse a más normas que las de su capricho inquisitorial con la única intención de “expulsarlos del mapa”.Y ha resultado que semejante bulo imposible es la canción del verano político. El otro trata de alarmar  sobre cómo maneja la Sanidad Pública la prevención y el tratamiento de la nueva gripe. Que a cada persona que fallece por su causa, o que esta fiebre favorece el deceso, se le dé un tratamiento de hecho transcendental, tal cual si de una víctima del terrorismo se tratara es excesivo; sobre todo porque quienes encienden estos miedos saben que la gripe común es causa poco adyuvante de cientos de miles de defunciones en el mundo cada año. El otro trueno que buscará aislar la verdad llegará de inmediato. Se trata de la subida de impuestos –poco o no tanto- que el Gobierno promoverá. Se dirá de todo menos lo palmario: que es inevitable. Pues, ¿existe algún estado serio en el mundo que no acuda a la subida de impuestos, entre otras medidas, claro, para contener el déficit público?. Con seguridad, no. ¿Entonces por qué aquí se montará otro escándalo por algo tan evidente?. País.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.