Paraísos

Foto de familia The London Summit
Fotografía: Foto de familia The London Summit

De los acuerdos de Londres me quedo con la determinación de ir destapando los tesoros de los paraísos fiscales, aunque es cierto que ello no ayudará en exceso a la salida de la crisis y que su misma existencia no ha sido la causa del tan fenomenal crack financiero y económico vivido. La cuestión más que económica y fiscal, que lo es, es moral. No deberíamos salir de la crisis sin al menos haber hecho pasar por el lavadero de las conciencias a estas ominosas prácticas de opacidad fiscal y, en casos, de auténticos saqueos. Los peores manejos económicos del ser humano se amontonan por millones de dólares en esos paraisos sin mayor escándalo. El sistema dominante casi nos había convencido de que eran un mal necesario del sistema, su aliviadero, una manera de asegurar las fortunas «tan difícilmente ganadas», el aparcamiento de capitales «calientes» hasta su retorno al sistema ya fríos. Nos obstante, es demasiado pronto para cantar victoria. El ser humano codicioso que somos difícilmente se va a resignar. Sus lacayos mejor remunerados ya buscan alternativas legales, o no, para evitar tener que guardar bajo la baldosa tanto capital raro. Pero ya es bastante que la OCDE publique una larga lista de estos paraísos. Son más de los que imaginábamos y menos de los que con toda seguridad existen. Esta circunstancia extraordinaria de que conservadores y progresistas (Sarkozy, Merkel, Zapatero) se hayan puesto de acuerdo en ir a por ellos debe provocar que cruja el alma de decenas de miles de millonarios emboscados entre las tinieblas más seguras del capital. Quisiéramos pensar que todo esto suena un poco a fin de ciclo de este casino del mundo. O al menos debería de ser un toque de atención muy serio para que esta floresta no creciera más. Al hombre codicioso habría que frenarle el paso porque ha llegado demasiado lejos. Hasta el punto de que ha arrastrado a todo el mundo hacia una crisis morrocotuda.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.