El gran bocado

Te deja abatido ver durante estos días por los informativos de televisión imágenes de trabajadores airados reclamando a las puertas de una industria francesa: «Los empleos británicos para los trabajadores británicos». Y el corazón se te encoge cuando la cronista desde Roma cuenta cómo Berlusconi y sus chicos han pasado de regular la inmigración a combatirla. Es otro de los efectos devastadores que nos puede traer esta crisis global: el odio al otro extranjero, el reforzamiento del proteccionismo y el auge de los nacionalismos.

Algunos se lamentan por anticipado del destino inmediato de la Unión Europea. Pobre Europa, dicen, de nuevo en puertas de la disgregación. Puede que no sea para tanto. Pero nadie cuenta con argumentos suficientes para poder asegurarlo. La sangría de empleos que nadie puede remediar, Dios sabe en qué puede terminar. En otras épocas cuando las necesidades más perentorias no estuvieron cubiertas, el malestar colectivo se hizo tan insoportable que terminó en huelgas fenomenales, primero, y después con los sistemas políticos hechos picadillo. Los aventureros autoritarios entonces derribaron los gobiernos de no pocas naciones. No creo que estemos ante un escenario similar. Aunque tampoco nadie nos puede ni siquiera argumentar lo contrario.

Cada día que pasa se consolida más la impresión de que esta depresión económica va para largo y el temor de que muchos de nosotros nos quedaremos panza arriba en algunas de las quebradas de esta travesía. No quisiera estar en el pellejo de nuestro presidente, por ejemplo. Pero ése es un sentimiento que no duele, el gran bocado lo produce observar a cientos de miles de parados casi sin esperanza.

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Cerrar

Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.