Tal y como van las cosas en España: crisis, amargura y miedo, quizás deberíamos echar una mirada a Cádiz en estos días de carnaval pues “los mejores hombres del Sur” nos dan la solución a una parte de los problemas riéndose de ellos: soportarlos a base de ingenio y de sabiduría. Ellos saben que sobreviven gracias a la risa, de lo contrario más de dos mil años haría que habrían desaparecido como los Tartesos que, como descubrieron los paleontólogos, eran unos siesos”.
En tiempos de penuria económica como los actuales priman las demandas materiales. Empleo y ayudas públicas son las urgencias que imperan. A las otras necesidades, las llamadas nobles, pongamos que libertad, justicia o cultura se las relega. O al menos eso habíamos creído siempre. El mismo Federico García Lorca en medio de la crisis económica en tiempo de la República se rebelaba contra la demanda única de pan. Él pedía “medio pan y un libro”. Hoy tampoco se piden libros, simplemente se les “baja de la nube” gratis total o por muy poquito dinero.
Es por ello que en la calle, las plazas o las manifestaciones reivindicativas no se exigen materiales culturales o para el divertimento, pues estos están muy a la mano. Películas, series, sagas, músicas y conciertos… todo está a disposición de quien tenga un ordenador y una pizca de pericia para hurgar en los buscadores. En momentos de tanto miedo y “futuros como lobos”, cuando nada de lo que nos enseñaron padres y maestros se mantiene en pie, lo único que tenemos muy a la mano son esos bienes culturales que distraemos de ese peral en la vereda llamado Internet.
Aumenta el número de pensadores que sostienen que es el apareamiennto continuo de la juventud con el entretenimiento y las culturas de su tiempo quien los mantiene distraídos, ora emocionados, ora traspuestos, de esas penurias terrenales que tienen que ver sobre todo con la barriga y sus exigencias. Es chocante, pero si Federico pudiera observar nuestros comportamientos es más que probable que nos espoleara a exigir más pan y a pagar aunque solo fuera medio libro. Pero éste es un supuesto retórico. Lo cierto es que beber a placer de la fuente que encontramos en el camino no asegura que su venero sea eterno. Si los autores no pueden vivir de su obra ésta desaparecerá, o algo aún peor, será de encargo.
La película La Dama de Hierro, en la que una espectacular Meryl Streep ( lo mejor, o quizás lo único salvable del film) da vida a una Margaret Thatcher anciana a la que la cabeza le vuela sin reglas hasta posarse en episodios señeros de su ejecutoria personal y política, nos recuerda como empezó todo aquello que ahora padecemos.
La acción política de esta mujer y otros, como Reagan, fue el primer manotazo firme y decidido de los nuevos conservadores de occidente contra los actores y prácticas socialdemócratas, ensoberbecidos por el éxito y en los inicios de su agotamiento. Esta mujer recuperó al individuo como principio y fin de toda acción política y se empleó a fondo en achatarrar todo lo asociativo y público. Privatizó el Reino Unido y anatematizó a todos los actores, y sus logros, desde la segunda Guerra Mundial. Luego las universidades privadas y otros centros de pensamiento de Europa y Norteamérica se dedicaron a elaborar ideas y propuestas políticas concretas en base a las creencias, y puñetazos, de la dama evidenciados durante la larga década de gobiernos autoritarios que protagonizó.
La derecha europea terminaría casi toda ella trufada de thatcherismo y también la española reconstruida por Aznar. Las grandes decisiones, pero sobre todo la iniciativa económica, pasó a manos privadas. Los bancos y las multinacionales tomaron las riendas del mundo y todos vivimos felices el largo baile del Titanic hasta que un día vimos en directo como caían Lehman Brothers o Goldman Sachs.
Recordar hoy algunas de las hazañas de la vieja dama es muy evocador porque a los más jóvenes les muestra cómo empezó todo lo que ahora sucede y a los que no lo somos tanto nos sirve de espejo donde evidenciar nuestros errores. Pero nadie debería de engañarse, esta dama continúa siendo un personaje de culto para buena parte de la derecha actual. Y sus nietos políticos gobiernan casi todo el mundo, pues las socialdemocracias fueron barridas, entre otras, por las ideas que ella inspirara. Así pues, los socialistas españoles que se reúnen en unos días en Sevilla con la intención de reencontrarae con las ideas que hicieron felices a los europeos durante dos generaciones, deberían estudiar por qué la hija de un tendero inglés logró dejarlos en pelotas.
Los silencios deberían ser como los de Rajoy: clamorosos, que todo el mundo los sintiera como algo físico y real, que se pudieran tocar y medir y discutir sus razones y consecuencias. El silencio es lo que le está saliendo mejor al flamante Presidente desde que ganará las generales de noviembre. Ese resguardarse del mundanal ruido aumenta de manera muy notable el interés de los españoles y muchos que no lo son. ¿Qué hará?, ¿qué no hará?, ¿qué pensará?¿ qué no pensará?. Además, estos larguísimos mutis cuando no hay liga, ni fórmula 1, ni ciclismo… con los que entretenerse deben ser muy especiales. Algo deben de traer, más de un buen fruto caerá tras el éxtasis navideño. Pero, ¿cuál?. Entre los suyos, los sociólogos y periodistas se cruzan apuestas. Aquellos que más le deben dejan caer como sin creerlo que hablará cuando culmine este primer paquete de reformas y tantee en Bruselas el ánimo de Europa sobre nosotros. Los más independientes afirman que son otras las causas que conducen al Rajoy mudito. Recela de que su menguada popularidad comience a resentirse nada más comenzar la legislatura, cuando restan cuatro años de mandato y todos los tresmiles por escalar. Y con mayor razón si el espantajo primero del que ha de defenderse se llama mentira por negar una subida de impuestos luego realizada.
Puede que se deba a todo lo anterior y mucho más, pero conocemos notas de su carácter y personalidad que evidencian como el Rajoy de retiro y silencio no es del todo desconocido.
Es un político reputado por no decir nunca nada que salga fuera del mantra o la salmodia partidaria que toque en cada momento, por haber dado acaso media docena de entrevistas en prensa de prestigio en cuatro años y por haber estado cerca de un año sin comparecer en rueda de prensa abierta. Es pues, un político huidizo y tímido que se escabulle de los foros. Todo todo lo contrario del político moderno.
Pero aún así ha ganado las elecciones por mayoría absoluta. ¿Por qué había de cambiar su forma de ser y hacer ahora?. Lo más probable es que procure aparecer menos aún que cuando era oposición porque la sobreexposición pública le quema más que a otros y, además, sus fieles votantes no se lo tienen en cuenta. Otra cosa será la inquietud que genere tan espeso silencio en Europa y otros puntos calientes para los intereses españoles. Pero incluso esa debilidad la puede mitigar con buenos portavoces y mejor diplomacia. Claro que todo está por ver. De momento, corresponde a la oposición y la prensa hacerle salir del cenobio de silencio en que se encuentra. Me temo que los primeros no tienen la fuerza suficiente y los editores andan desganados.
El ministro De Guindos muestra un semblante harto serio, parece el rostro de un hombre contrariado; la menuda y muy activa Santamaría extrema la expresión de sus ojos a fin de escenificar la sorpresa de una herencia socialista que lleva a España a un déficit próximo al 8 por ciento. Y luego vemos a Montoro. Éste es un profesional pero su cara de póquer le delata como actor principal del impuestazo y más del viernes 30. También acude la ministra Báñez aunque su mutismo y expresión de absorto naufragio le hace invisible. Falta a la cita, claro, como casi siempre, claro, Rajoy.
Era probable que en esos mismos instantes un helicóptero Puma lo transportara a un lugar de descanso lejano y seguro. Pero pocos estarán al loro de tal posibilidad. A decir verdad, casi nadie sabe de él en las últimas semanas. Vive fuera de La Moncloa a pesar de que le esperan las arañas brillantes, el servicio pulcro y las verdes acacias. Continúa aún en su casa, se supone que oculto en una nube de seguridad.
Este es el gobierno que vimos y no vimos el viernes último, el que dio la cara y no después de tantos días de aplazamientos y dudas. Y llegó con un discurso previsible de dureza, aunque no construido con las palabras que esperábamos. Estábamos preparados para cualquier nueva calamidad económica pero no para una subida de impuestos. El PP llevaba más de un año negando que ese extremo pudiera darse. Pero no sucedió así. Tendremos un IRPF al alza y un catastrazo. Y hasta los ahorros nos arañará el fisco. O sea, que hemos llegado a ver en tiempo récord a un gobierno de la derecha cometiendo “las mismas fechorías que los increíbles socialistas” a los que solo acababan de echar ayer del gobierno para “acabar con el saqueo y otras penurias”.
Es un hecho comprobado que el trecho que va entre lo que promete un político y realiza al cabo, alcanza distancias de meseta siberiana, sin embargo, no son tan frecuentes las mudanzas tan radicales como la presenciada anteayer. Algún periodista estuvo tentado de preguntar si todo se debía a que Rajoy se había caído del caballo como Pablo, pero se reprimió al recordar que todo era más sencillo, pues el PP ganó con el mandato de hacer en cada momento lo que quiera o pueda.
Ahora ya sabemos por qué Mariano Rajoy no desveló nunca quién sería el piloto de la maltrecha economía española: no lo sabía. Dudando entre De Guindos y Montoro se le pasó el arroz hasta que no tuvo más remedio que decantarse…. por los dos. Claro que ahora sufre a causa de otro dilema aún mayor: ¿qué hacer para que los dos flamantes ministros de economía no se enzarcen en una temible pelea de gatos?. La respuesta parece ser él mismo, pues el Presidente del Gobierno, por primera vez en nuestra etapa democratica última, será quien presida la Comisión Delegada de Asuntos Económicos, la instancia que entiende y decide sobre los temas de envergadura en esta materia.
Pero ésta no es la mayor sorpresa que nos trae la formación del primer equipo de gobierno de Rajoy, aunque sí la que más pueda afectarnos en lo inmediato. Es este un grupo repleto de amigos e incondicionales del Presidente, de aquellos que no le fallaron durante los largos años de calvario en el corazón del PP (¡si Aznar, Aguirre y Pedro J. hablarán!) y de aquellos otros con los que comparte copa y puro durante los últimos 20/30 años. Sin embargo, su desconfianza es tan proverbial que a ninguno le ha dado la autonomía suficiente. Todo el área política será controlada por su vicepresidenta, Sáenz de Santamaria, una suerte de ectoplasma de Rajoy, y él mismo se reserva las decisiones económicas. O sea, un gobierno de dos como, según nos trasmitía el viejo catecismo, sintetizaban los díez mandamientos.
Y existe otra nota, o mejor dicho, un aroma flota sobre la práctica totalidad del flamante ejecutivo: su notable ascendencia católica militante. La mayoría viene de pertenecer -o continúa- a organizaciones católicas conservadoras y viven la religión con la misma intensidad que la familia o los negocios. Son, en fin, un equipo PP neto, aunque más moderado que las formaciones de Aznar. Es decir, marianismo puro.
La Casa Real española atraviesa un mal momento. Se ve golpeada -ella también- por el pedrisco de la corrupción, ese virus repugnante que ha llegado a enfermar a la España de los años de la abundancia. El episodio atufador en que se ha convertido la actividad económica de Urdangarin, duque de Palma, ha llevado el desconcierto al seno de la Casa y deja anonadada a la opinión pública española que tan alta opinión y respeto tiene del rey y la reina.
La ausencia de orden y criterio en la respuesta de la Jefatura de la Casa al torrente de informaciones comprometedoras, es igual de desasosegante que esas fotos complacientes de la reina con Urdangarin y señora en plena tormenta mediática. Insisten en que solo reflejaban el abrazo de una madre a sus hijos en apuros, pero ese beso tiene el mismo efecto si se procura en privado y, sobre todo, compromete menos a su marido, el Rey, quien a la misma hora había odenado apartar al enfermo Urdangarin de su casa en evitación de mayores contagios.
La moraleja de este episodio es nítida: la corrupción no respeta a nadie; vuela como el mal olor y se filtra como los líquidos pútridos y densos de los lixiviados. Ya ha tocado a todos. Y, sin embargo, el gobierno por venir y el que está a punto de irse (aunque en realidad se evaporó hace tiempo) ni se inmutan. La palabra corrupción y su condena no han aparecido en los últimos meses de campaña electoral; ni siquiera fueron mencionadas en el debate televisivo Rubalcaba/ Rajoy. El juicio a Camps y sus trajes, y la saga Gürtel, parecen más episodios de un folletín que realidades bochornosas.
Mal le irá a este país si nadie llama a la formación de una voluntad colectiva contra la corrupción. El periodista Mariano Guindal, que hace millas las últimas semanas presentando su libro, El Declive de los Dioses, recordaba el viernes 16 en un acto las últimas palabras que obtuvo de un Luis Ángel Rojo muy enfermo: “España solo puede salir de la crisis con ética y esfuerzo”. De la reparación de una de las dos ruedas de ese carro nos estamos olvidando.
Políticos y prensa española celebran la última cumbre europea como si se tratara del renacimiento de Europa o el principio del fin de la crisis. El grave tropiezo del “no” británico lo despachan como un error de Cameron que contribuirá al aislamiento político y económico del Reino Unido. Sin embargo, no todo es tan claro como quieren hacer ver. Lo único cierto es la determinación férrea de Merkel. Ha visto en la debilidad extrema de la mayoría de los estados europeos la oportunidad de reintentar el viejo sueño alemán de hacer una Europa a su medida, o sea, una Europa alemana.
Los acuerdos comunitarios del viernes 9 tienen esa inspiración. La exhibición de florete de Sarkozy solo vale para dar color a un edificio cuyo proyecto de construcción lo han realizado políticos de Berlín y banqueros de Frankfurt. Es verdad que el ideal de los viejos europeístas se reconoce en el olor de algunas de las decisiones adoptadas ahora, sobre todo la clara disposición a ceder soberanía a la UE. Sin embargo, las naciones europeas se despojan de competencias asustadas por la amenaza de una quiebra de la unión monetaria que Alemania se encarga de atizar todo el tiempo.
Los europeos no saben cómo salir de la crisis de la deuda y el euro salvo Alemania que, con determinación y audacia, se está llevando el gato al agua. Porque ha conseguido poner firmes a casi todos para modificar los tratados europeos en la línea de austeridad y orden que tanto le gusta. Pero a los problemas del momento no les ha dado solución cierta, al no garantizar la intervencion del BCE en apoyo de la deuda pública más dañada y no aumentar las dotaciones para neutralizar la inestabilidad de la deuda soberana o la capitalización de bancos tocados.
El episodio británico solo es entendible en clave política. El viejo imperio ultramarino es el único que se atreve a decir “no” a la poderosa Alemania. En el continente la mayoría piensa que los tories se han equivocado pero en éstos pesa más el orgullo y la city que las machadas prusianas. A no pocos políticos que entregaron jirones de soberanía este fin de semana les hubiera gustado tener la determinación de los ingleses.
El problema no son las medidas que está decidido a tomar el nuevo gobierno, sino cuál será el grado de resistencia social ante las mismas, o dicho de otra manera, cuál será la magnitud del rechazo y la protesta que las mismas provoquen. Todos los amigos del inminente gobierno preguntan lo mismo: ¿Qué crees que pasará tras lo que va a pasar?. ¿Serán protestas a la griega, vilolentas, o a la portuguesa, pacíficas?. ¿Estallarán algunas ciudades como ocurrió en Londres el verano pasado o no se llegará a tanto apocalipsis?. ¿Serán los socialistas unos buenos chicos o se decidirán por el camino de después de perdidos al río?. ¿Veremos unas CC OO pragmáticas o telúricas?.
Ésta es la única preocupación del momento: la magnitud de la respuesta ciudadana. Por tanto, debemos de pensar que lo sustantivo de la acción del gobierno vendrá de la mano de la podadera (o de la motosierra, quizás). Si reparamos en lo que viene ensayando la señora Cospedal en su Barataria muy real, podemos concluir que no hay más cáscaras, que no hay otras recetas que las ordenadas por Merkel ( ajuste fiscal) y los neocon/faes: privatización incluso del aire. No se les advierte a los nuevos dirigentes de lo público el más mínimo atisbo de duda sobre si lo que se viene practicando, y se pretende continuar, acabe siendo un enorme error.
Rubalcaba y otros dirigentes socialdemócratas europeos, incluidos los alemanes, ya se están desmarcando de las políticas de austeridad extremas. Porque USA sale del hoyo antes y mejor que Europa, y el mundo que continúa creciendo, desde China a Brasil, mira a Europa con estupor. Todos se preguntan cómo puede estar haciéndolo tan mal la vieja pero también muy sabía Europa. Sin embargo, en esta parte del continente llamada España a los flamantes ganadores de las elecciones generales les preocupa sobre todo el grado de rechazo de la población a sus medidas.
Roberto Dorado ha muerto con la misma discreción que vivió. No sé si sus más próximos dentro del PSOE sabían de su enfermedad pero el caso es que nunca hablaron de ella. La noticia de su defunción ha sido una sorpresa dolorosa para la gran mayoría de quienes le conocimos.
Roberto Dorado fue siempre el hombre de Alfonso Guerra en la sala de máquinas del PSOE y un leal y muy eficaz Director de Gabinete de Felipe González en la Presidencia del Gobierno. Sus méritos en estos menesteres son tan grandes como desconocidos. Fue la discreción y también la modestia. Con seguridad es uno de esos hombres que sorprenderá mañana a los historiadores que investiguen los años 70, 80 y 90 del PSOE. Estuvo detrás de todo lo que fue un éxito en ese partido.
Roberto dirigió, bajo la mirada de Alfonso Guerra, al grupo de expertos y militantes socialistas que puso los cimientos de ese triunfo del PSOE que duro más de 15 años. En el seno de aquello que llamaron Instituto de Tecnicas Electorales se cocinaron buena parte de las ideas, programas y acciones políticas que harían ganar a Felipe González. Recuerdo que en aquel grupo trabajaron José Félix Tezanos, Teófilo Serrano, Ignacio Varela, Carlos Pérez, Leopoldo Torres y Paco Vilseda. También estuvo Julio Feo en sus primeros compases. Luego vendrían varios más, pero no llegué a conocerlos.
Es cierto que la historia del éxito socialista durante el último cuarto de siglo XX es atribuible sobre todo a la poderosa fuerza de Felipe González y el genio de Alfonso Guerra pero tanto uno como el otro hubieran corrido descalzos en más de una carrera sin el esfuerzo y la dedicación de los equipos que coordinara Dorado.
Pero no todo en su biografía fueron estos años de silenciosos aciertos. Lo pasó francamente mal cuando la separación de González y Guerra llegó al clímax del divorcio. Su corazón siempre estuvo con el último, aunque sus íntimos aseguraban que el Dorado más noble y leal fue el que vieron colaborando con Felipe González.
Era un trabajador incansable. Sus equipos eran los que apagaban la luz de Santa Engracia, Ferraz o La Moncloa durante la preparación o desarrollo de las campañas electorales o con ocasión de acontecimientos de relevancia institucional. No había ni sábados ni domingos ni “convenios colectivos” que lo detuvieran. Le daba más importancia al trabajo que a todo lo demás. Y sostenía que sin compromiso, trabajo e ideas no valía la pena meterse en nada.
Si en el PSOE contribuyó de una manera bien notable a hacer de éste un partido moderno y homologable con otros partidos socialdemócratas europeos -sobre todo con los nórdicos- en cuanto a elaboración de programas, la selección y expresión de mensajes y la fuerza y color de sus campañas electorales y políticas, en La Moncloa no lo fue menos. Se puede decir que los actuales y muy poderosos gabinetes de la Presidencia del Gobierno son una creación suya. Él les dio orden, sentido y dimensión. Se pasó de los asesores del Presidente con unas atribuciones más o menos difusas, débiles y en buena medida aislados del resto del Gobierno, a una estructura administrativa reconocida y con funciones precisas, que pronto empezaría a ser respetada, y a veces temida gracias a su exigencia, por la altos funcionarios de todo el Gobierno.
A partir de1993 dejé de tener una relación ni siquiera indirecta con Roberto Dorado, solo ciertos comentarios al paso de antiguos conocidos y alguna noticia lacerante que le unían a episodios empresariales turbios. No sé en qué terminó aquello. Estoy seguro que en nada más que dolor para él y sus amigos. No creo que Roberto Dorado llegará a ser nunca lo que se dice “un hombre de empresa”, fue sobre todo un hombre de ideas y un modernizador del discurso socialista.
En los últimos días se dieron a conocer algunas informaciones que hablaban de su preocupación alta por el futuro del PSOE tras las fortísima derrota del 20N y de la idoneidad o no de uno u otro candidato para hacerse con la dirección del partido de los socialistas. En este momento, más allá del valor de sus opiniones, que siempre lo tuvo, lo que me importa destacar es que murió pensando y trabajando en lo que creo fue la causa de su vida, el PSOE.
Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio. La política, la economía, las artes o el cine tienen aquí cabida cuando vengan traídas por el buen sentido y la oportunidad. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, y de miedo a casi todo. Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por recetas que abandonan de inmediato porque ninguna tiene éxito. En esta especie de equivocación colectiva en la que nos hemos embarcado, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso día a día con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.