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Cuando julio muere

Teresa Muñiz

Teresa Muñiz

En estos días cuando el mes de julio muere, siempre recuerdo (añoro) el norte vasco. Hasta no hace mucho tiempo las banderas con sus guerras ocultaban que en aquellas ciudades, villas, pueblos y caseríos se disfruta de la vida mejor que en ningún otro rincón. Los vascos son una tradición dura de piedra, hierro, madera y lurras que evoluciona, muta y da más vueltas de tuerca sobre sí misma que nadie en este mundo europeo.

San Sebastián o Guetaria, Bilbao o Guernica han cambiado tanto de ropón en los últimos cuarenta años que de no tener el vasco un alma tan propia nadie las reconocería.

Pero son poblaciones más auténticas, bellas, diversas, modernas y adictivas que nunca. Los sociólogos se ponen de acuerdo en las bases de esta evolución (que más parece revolución): mucho dinero pero en general bien empleado en proyectos públicos y privados que pronto han alcanzado a ser demandas y afectos colectivos. Carreteras y trenes, urbanismo racional de vanguardia y casi siempre útil y bello, unos monumentos/símbolo espectaculares que se quieren dentro e impactan fuera; la persistencia en el cultivo de la industria y la pequeña  empresa exportadora, la enseñanza práctica y la investigación constante y, mirando siempre más allá del océano y los montes, hacer de la restauración un reclamo mundial de la excelencia que no riñe con su disfrute generalizado por la mayoría.

Creo haberlo anotado en alguno de estos comentarios hace un tiempo: la creación del Basque Culinary Center es uno de los pocos grandes aciertos de Europa en la última década pues trata, ni más ni menos, de encontrar y marcar las rutas por donde caminará la restauración del futuro. Influirá (ya lo hace) más que la más rutilante universidad que imaginemos y, poco a poco, se irá codeando con las instituciones más transformadoras muy únicas que pilotan el mundo.

El norte no ha dejado de ser (ni renunciará nunca) esa tierra de las buenas verduras frescas, la merluza, el chuletón y las enormes jamadas de los txokos. Pero ya no es solo eso. Esas semillas han proliferado tanto que las barras de sus bares y los offices de sus restaurantes se llenan de miles de platos que huelen a vientos de todo el mundo y hablan euskera.

Agosto se inaugura con la virgen Blanca de Vitoria, la semana grande de Bilbao y luego San Sebastián. Pero Euskadi viene de un julio de jazz y en septiembre abrirá su gran portalón al cine en San Sebastián. En estas tierras se disfruta porque mucho antes sus gentes se lo pasan de escándalo comiendo lo que cocinan, disfrutando de las costumbres en sus casas y plazas confortables y de un paisaje que, ahora sí (adiós vieja y sucia Ría), se dedican a conservar como no hace otro territorio de España.

La mejor prueba de que este norte funciona  la encontramos en la experiencia vital y profesional del cocinero Daniel Lamana (el Kabuki del madrileño hotel Wellington es quizá aun lo que es porque pasó por él) que viniendo de la saga de los fundadores del Hogar del Pescador de Santurce, donde todos los que por allí pasamos creíamos que el pescado había tocado el cenit de la excelencia, ha tenido la humildad de vivir en  Japón como un alumno aplicado para seguir aprendiendo y traer aquellas experiencias a pasear con los buenos lenguados que hicieron tradición en el restaurante del hotel Ercilla de Bilbao. Hoy gracias a una nueva vuelta de tuerca a lo que creíamos insuperable, observamos cómo los samuráis interpretan sus danzas festivas en los salones del añejo hotel, pues no solo son dantzaris los que bailan el aurresku.

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

lostbarcelona.blogspot.com

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El afán del Gobierno, nuestras élites y los cuentacuentos de ambos por desearnos un felicísimo mes de agosto (cuando España se para), viene produciendo los últimos días paradojas extraordinarias. Así se nos cuenta, sin asomo de ironía, en la llamada prensa seria que la banca española ha superado con nota las pruebas de resistencia a catástrofes económicas que se han realizado a los principales bancos europeos. Ocurre esta noticia en el mismo espacio de tiempo que nuestra banca comunica uno de los resultados semestrales más patéticos de los últimos años; tan malos han sido que, cosa insólita, han hecho saltar del cargo al consejero delegado del banco Popular.

También la EPA deja el paro en un 20%, todo un hito; sin embargo, resulta que se crea menos empleo que el año pasado en iguales fechas. Rajoy se apresta, marcial, a formar Gobierno pero no asegura que, al cabo, acuda al debate de investidura en el Congreso de los Diputados. Y como quiera que esta circunstancia pudiera inquietar al personal durante las vacaciones, sus adláteres se apresuran a amenazar con el Código Penal a la presidenta del parlamento catalán, la señora Forcadell, por permitir que la cámara autónoma aprobara una declaración unilateral de independencia de Cataluña. Se cambia así la guerra de banderas del País Vasco, que sucedía todos años por estas fechas para salvar la cara de los extremismos de aquí y allá, por la batalla contra una Cataluña separatista.

Lo importante es que nunca cese el espectáculo y el prodigar de emociones fuertes. Porque las imágenes de carreristas en los Juegos Olímpicos de Brasil, el yuyu que provoca el zika y la emoción que aporten las medallas que puedan conseguir nuestros atletas, no tendrán la contundencia suficiente para contener la frustración del personal ante mayores fracasos políticos aún.

Y es que la nueva opinión pública -ese humano vacío de futuro que somos- necesita llenar de tal manera su presente de emociones y baratijas que no existen ilusionistas o magos que alcancen a colmarla. Así pues, el espectáculo y el sentimentalismo se adueñan del espacio público y político para prodigarse desde su atalaya en besos y pésames cada día más aparatosos y llamativos. Ahí está Donald Trump llenando estadios de estultos que agradecen con frenesí el rebuzno, y el “demonio” de Putin que aprovecha la ocasión para aventar la intimidades de Hillary Clinton con la intención de reventarla.

Efectivamente, no hay un juego de Pokémon tan monumental que pueda entretener a tantos tartufos occidentales, ni peluqueros tan mañosos y eficaces que consigan que la cabeza de Hollande parezca cesariana y Rajoy pueda disimular el amoniaco de su tinte.

Imagen de Teresa Muñiz

Imagen de Teresa Muñiz

La competencia entre supermercados y grandes cadenas comerciales llega a echarse en cara (afearse) qué cobran sus respectivas cajeras a la hora. Es algo horrible no ya por el terreno que han elegido para practicar su pugilato los grandes tenderos, sino por las miserias que se echan en cara unos a otros: “Yo pago 6,5 euros la hora de cajera los domingos y tu escasamente llegas a los 6”. Hasta esta bajeza llegamos, competir en el nivel máximo del fango laboral.

Hasta hace poco tiempo la pugna se mantenía entorno al precio de los productos a la venta y la variedad de los mismos; las ofertas, el valor y la diferenciación del producto propio frente a la competencia; en la accesibilidad a los establecimientos, el número de cajas que te hacían fácil y rápida la compra, además de en el reclamo del producto: leche, cerveza, patatas…

Y también en el marketing. Hay cadenas que han logrado trasladar el convencimiento de que sus productos de belleza son similares a la coiffure de lujo francesa, pero a 1,5€ la barra de labios, y que sus políticas laborales serian incluso la envidia de las fabricas de la Mercedes en los años ochenta. Otros han logrado convencer por la boca: “¡Pero qué yogures!, es decir, te dan duros a peseta, o que sus naranjas son como las veneradas israelitas aunque vengan de Huelva.

Este venía siendo su mérito comercial y el terreno natural donde se establecía la competencia, pero este césped propicio se deteriora con gran rapidez. La crisis de consumo, aún con altibajos según los meses, continúa sin remitir y el negocio made in spain del súper y el centro comercial viaja mal. El Corte Inglés en 60 años solo pudo volar hasta Lisboa y al señor de Mercadona, que parece ser el inventor del zoco, lleva idéntico camino, en tanto que la competencia extranjera, Carrefour antes y Lidl en los últimos años, se fija a nuestro terreno como la mejor rueda blanda.

Así pues, con un juego tan táctico y un continuo achique de terrenos, la competencia en el corazón del supermercado se hace tan enorme que es imprescindible utilizar las piernas a la manera de la guadaña con creciente regularidad. Pasamos de un Beckenbauer a un Gattuso; del melodioso canario Valerón, a una caterva de bravos discípulos del argentino Bilardo. Ya no hay caballeros en el sector, insisten los decepcionados, ya dejó de hablarse solo de los méritos propios para criticar con crudeza los deméritos del contrario.

En esta situación de crisis, gustos y costumbres cambiantes, o de mudanzas, y con nuevas fuerzas políticas con otras miradas en las Comunidades Autónomas y numerosos ayuntamientos, la refriega no puede disimilarse por más tiempo y, por ejemplo, se quiere hacer estallar de nuevo la guerra de los horarios comerciales, o sea, cerrar las tiendas durante el mayor números de domingos y festivos posible porque “las iniciativas liberales no han conseguido aumentar el empleo en el sector y esclavizan aún más al trabajador del comercio”.

O sea, qué existen patronos exigiendo el cierre de tiendas en domingos y festivos porque se apiadan de las pobres cajeras. Ja! ¿No será acaso porque algunos patronos han conseguido –con la aceptación del consumidor- convertir el festivo en el segundo mejor día de caja y otros, los que no abren, se lo están perdiendo?

Así pues para lograr una mejor posición de mercado sobre los competidores, algunos aventan en la pasarela ácida de los medios de comunicación el sueldo de las cajeras en domingo. ¿No sería mejor qué todos les pagaran un salario digno y que todos pudiéramos comprar los domingos siquiera un rábano? Porque parece impensable que los forbes patrios quieran convertir nuestras ciudades en fantasmas comerciales, como ahora son tantas urbes del interior peninsular (den una vuelta por Valladolid y observen pasmados el paisaje de una ciudad cerrada el fin de semana), a causa del insoportable dolor que le producen las pobres cajeras que no pueden conciliar su vida familiar, ¿verdad?
Esto no es competir, es tirar de colmillo e influencia.

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

Un gobierno a remolque

Foto de El Confidencial

Foto de El Confidencial

Ha llamado la atención sobremanera que a Rajoy le apoyaran los nacionalistas y separatistas catalanes para asegurarse la mayoría en la Mesa del Congreso de los Diputados, asunto este de gran relevancia cuando el gobierno más probable que pudiera venir estará en minoría parlamentaria.

Pero las muestras de rechazo entre los suyos han sido escasas; hasta el periódico La Razón lo entiende. Así que si mañana Podemos se abstuviera para que Rajoy obtenga la investidura también sería bien visto por la derecha. En lo único que parece haber acuerdo es en que se necesita formar un gobierno con urgencia; no importa que gobierno, ni cuáles sean sus objetivos, simplemente un gobierno para que parezca que se aclara nuestro lío político e institucional.

Lo curioso del caso es que ese tan ansiado afán de los populares no cuaja porque no logran entenderse con sus colegas ideológicos de Ciudadanos; estos no quieren que les abrace el oso solo a ellos y piden con desesperación que también los socialistas les acompañen en el trago. ¿Pero por qué ese empeño en que los socialistas sean tragados por ese sumidero llamado Rajoy? Las diversas derechas del Estado suman los votos suficientes para aupar al candidato popular, y el primer gran escollo, el reencuentro con la derecha nacionalista, parece superado. ¿Por qué Rivera no entra en el pacto ya? Esa es la pregunta pertinente y no porqué los socialistas se empecinan en oponerse.

Porque lo único seguro es que Rajoy una vez reelegido presidente en los próximos días, o en diciembre tras unas nuevas elecciones, hará lo contrario de lo que ha prometido; porque las constantes de este país enfermo siguen deteriorándose con tamaña interinidad, improvisaciones y canalladas varias (“o tenemos un gobierno ya, o eso de las pensiones ya se veremos…”, deslizan las lenguas de víbora); porque en Bruselas manda Berlín y Alemania hace tiempo que ha dejado de considerarnos; porque este paquebote llamado España flota gracias al viento del dinero barato y el gasoil a mitad de precio que le impulsa.

Se comenta en Madrid que Bruselas exige a quienes puede y tienen su confianza que España no se tome las vacaciones de agosto sin gobierno; que no quiere verse en la tesitura de imponer una solución a la italiana o griega, pero que será implacable si Madrid no le hace caso. No sabemos si Rajoy pierde el culo tras este supuesto ucase, pues en realidad nadie sabe a qué dedica este hombre su tiempo libre; pero lo que sí parece cierto es que los grandes mentores españoles de la UE, singularmente socialistas y centristas, se han puesto en marcha y hasta firman manifiestos pidiendo un gobierno ya, aunque sea un gobierno sin ideales como nuestra política presente, simplemente un gobierno a remolque de los acontecimientos.

Imagen de Teresa Muñiz

Imagen de Teresa Muñiz

Y en estas que nos encontramos los cuatro habituales tapeando unos boquerones en vinagre -blancos como la mejor piedra caliza- en Casa Emilio (López de Hoyos, 98), unas gildas después, enseguida unos potentes caracoles, las rabas luego…. hasta que las cuatro de la tarde largas serian (la perrita entre las piernas harta de gulusmear para encontrar nada) cuando Fede dijo: “¡Chicos, nos tendremos que ir a comer!”. Las risas fabricaron al instante una cortina transparente en la calle extrañamente agradable para ser julio y estar en Madrid. Entonces en el corazón mismo de la barra se oyó un vozarrón: “Pues a mí me vas a poner ya el primer gin tonic”.

De esta manera, o algo parecido, arrancan los fines de semana de millones de españoles apostocados en las barras de las cervecerías y “a verlas pedir”. Nuestro país es un río de tapas que, de un tiempo a esta parte, las llaman pinchos y hasta afamados concursos hay que premian a los más raros y complicados de preparar con lo cual, los más jóvenes y los extranjeros creen que las tapas son un invento reciente, una creación de la modernidad que nos deshuesa y esa legión de cocineros que nos obsequia los sentidos con miles de confabulaciones y otros mestizajes.

Pero es falso, en España la tapa es tan antigua como el toro y, como él, un símbolo. Desmemoriado como estoy podría anotar aquí y ahora no menos de tres docenas de tabernas, cervecería, barras y otros tugurios madrileños que destacan por la excelencia de uno o varios de estos bocados. Pero también cómo tiran la cerveza (¡Ay el Ferreras!, Bravo Murillo, 25), la lima con que aroman los gin tonic o las historias tan misteriosas como increíbles que cuenta Tomasón, el colombiano que vino de las fuentes del Magdalena para derramarnos palabra a palabra su selva como si fuera un Joseph Conrad de bolsillo.

Cumplido el rito necesario de regar la barriga, porque ya llegan las tres de la tarde, y atemperadas las ansias felinas, incluso con un buen pincho de tortilla (La Ardosa, Colón, 16) sin ir más lejos, lo mejor de los bares está en la calle. Las chicas que pasan, casi todas sobre plataformas (no hago más comentarios que me pierdo); el cura que descubrimos, un ser tan extraño a la ciudad que sorprende tanto como ver pasear un lince por la Gran Vía; el cartero, que sabe dios que lo retuvo, porque corre por la acera pasadas las tres y media arrastrado por su propio carro de sobres y otros bultos; la abuela Sabina que le han dado hora para el médico de cabecera a las cuatro menos cuarto (“¡Vaya horas para una vieja, hijos!”) y las dos erasmus, o becarias de verano, o acaso estudiantes de postgrado o… que preguntan con dificultad : “Y aquí que se come”.

En el Alambique (Fúcar, 7) se come un salmorejo superior, en Casa Labra (Tetuán, 12) los mejores soldaditos de Pavía de la ciudad, en Aloque (por Antón Martin) unos sorprendentes huevos a la porreta, en El Barril (Lola Membrives, 5) sus pulgas, en Bodegas Ricla (Cuchilleros) canapés de bacalao imperiales, en Burbuja (Angel 16) toda clase de mejillones y en el Carpanda (Almendro 22) te puedes hartar de vino sin torcer un músculo. Y así hasta cinco mil lugares más.

Ha empezado el fin de semana, es verano, estamos empapados por dentro y se acercan las cuatro y media de la tarde. No estamos para el segundo gin tonic, los cuatro al unísono decidimos ir a casa para comer. Todos sabemos que estamos mintiendo, pues no nos espera ni una mesa ni la familia, solo pensamos en el sofá o acaso el sillón de orejas y, claro, lo decisivo: esa televisión divina que a esas horas siempre pega tiros -tracas del oeste o ráfagas de los modernos thrillers- que son las mejores nanas del mundo. Es el momento de la siesta.

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

Noche golpista

Foto de El País

Foto de El País

Al término de la cena del viernes 15, el móvil escupe una gran noticia: golpe militar en Turquía. El titular estremece aunque no sorprende en absoluto pues en aquellas tierras donde los militares abusan de su prosapia ocurren estas ferocidades, incluso ahora.

Felizmente la mañana te dice que todo se fue al garete, que los golpistas perdieron, que el gobierno turco se hizo con el control del país. Y cambia todo. Las noticias son palomas de nuevo y nos tranquilizan. Pero, ¿debemos estar tranquilos? En absoluto, la noche del viernes el lobo no pudo arruinar al ovejero pero este no logro acabar con él, sencillamente la fiera desistió al no poder hacerse con el redil.

¿Qué ocurre? A partir de ahora nos darán miles de explicaciones pero a pocos importarán pues, al fin y al cabo, casi nada ocurrió en Turquía, solo un puñado de muertos, solo algunos más que los que cosecharon los islamistas asesinos tras el aplastamiento humano de Niza. Así vamos domesticando la conciencia de Europa, pasando página tras cada catástrofe y convirtiéndonos en unos buenos europeos resilientes.

Porque nuestro gran descubrimiento de los últimos años se llama aguantar, sufrir y superar como viejos legionarios romanos (y antiguos cartujos) el ametrallamiento diario que nos trae este tiempo. Caminamos despojándonos cada día de algo: la vivienda, el empleo, el goce… rogando que mañana todo sea algo mejor, pues no en vano la esperanza (y la resiliencia) del occidental viene siendo su mejor escudo durante los últimos dos siglos.

El hombre del momento, sin embargo, nunca pudo pensar que la muerte hubiera podido pasar su guadaña por el paseo marítimo de una de las ciudades más burguesas y felices del mundo. Niza no fue hoyada por ninguna de las grandes guerras modernas, pero si por esta nueva e imprevisible metralla.

Cuando ocurren catástrofes como las que referimos siempre nos llama al oído alguien que pregunta quién hay detrás. A quién beneficia tanta muerte y desasosiegos colectivos. Los responsables de todo -si es que alguna vez son conocidos- aparecen mucho más tarde que sus víctimas, sin embargo es palpable que en esta ocasión vienen a comerse nuestra libertad.

En ese juego dramático nos coloca la historia: o somos obedientes y resilientes, o alguien vendrá a remediarlo. Los militares turcos se parecen a los egipcios de Al Sisi como una gota de agua a otra. Erdogan y su régimen los pararon, pero ¿detendrán una nueva embestida, o acaso será definitiva la que ellos emprendan simulando detener este espanto?.

Una buena semana

Imagen de 20minutos

Imagen de 20minutos

Buena semana para el gobierno la que ayer echamos la cortina, y más tranquila también para la ciudadanía pues nuestro volcánico mundo no ha ido más allá de la emisión de sus rutinarias y amenazadoras fumarolas. El empleo (precario y parcial, claro) ha remontado con fuerza pues estamos en verano, los grandes brujos de los mercados (consultoras, bancos…) sitúan el crecimiento previsto para España entorno al 3%, ya que la inestabilidad política y la interinidad del gobierno no han afectado como se creyó y tanto penalizaron los augurios de primeros de año, y, finalmente, el turismo no deja de crecer: nos visitarán más de 70 millones de extranjeros este año.

Además Rajoy, sin apearse de la cama ni desprenderse de la somnolencia en que lo mantiene Peridis, por primera vez en años parece que va a tener apoyos de grupos políticos ajenos al que preside para conducirle a su investidura y la formación de gobierno. Los populares y sus palmeros no pueden reprimir el gozo porque, además, la corrupción, que tan fuerte les golpea, deja de ser los últimos días esa borrasca atlántica que a todos moja para transformarse en tormentas locales de irregular intensidad (Dirección de Tráfico en Madrid, corrupción policial en Mallorca…)

Así las cosas, con un PSOE dividido, al tiempo que urgido a ser responsable y permitir la formación de gobierno, y Podemos en plena guerra interna (partisanos contra regulares) hasta los de Ciudadanos comienzan a tragarse el sapo de Rajoy y dan el paso de hablar de gobierno sin cuestionar la persona del eximio registrador en excedencia de Santa Pola (¿o ya tiene el momio en otra plaza?). La felicidad de tan tautológico presidente debe ser el estado al que se aproxima a grandes zancadas en este momento, pues tiene la reelección próxima; mas, si al cabo socialistas y Ciudadanos dudan y no le dan el placet en julio, tampoco sucederá gran cosa, nuestro presidente en funciones tomará su reglamentario mes de vacaciones en Galicia (paseos y gin tonic, gin tonic y paseos) y dirá que en septiembre volvemos a vernos.

Ahora ya sabe que este país puede vivir con un gobierno al ralentí y, además, estos episodios de sesteo y angustias le rentan sus buenos votos; así que la piedra está en el tejado de otros: los perdedores. Que nadie se extrañe, pues, si los socialistas llegaran a abstenerse en una segunda votación de investidura sin obtener contrapartida política alguna sino, muy al contrario, ofreciendo graciosamente al país la estabilidad institucional y política al permitir la formación de gobierno. Muchos sostienen que las experiencias políticas de apoyo a gobiernos en base a acuerdos concretos fracasan sistemáticamente en España por incumplimiento casi siempre de lo últimos y que son más rentables las fórmulas de gobiernos en minoría con fuertes alianzas parlamentarias en la oposición que los condicionen.

Además el PSOE es más débil ahora tras las elecciones de junio que el que salió de los comicios de diciembre pasado. En el Comité Federal de navidades se dieron un tiro en la barriga del que no se han recuperado; del cónclave celebrado anteayer sábado aún no tenemos un parte completo de incidencias.

Teresa Muñiz

Teresa Muñiz

A principios de los ochenta del pasado siglo, el rockero Loquillo cantaba con éxito que “los tiempos están cambiando sin remisión (…) la línea está trazada, la maldición está echada, vuestro tiempo ha pasado y el diablo está de nuestro lado”. Y tenía razón. España cambiaba a 300 por hora en todo menos en algunas cosas. Por ejemplo, no pudo tumbar del todo a los cines de verano o, mejor dicho: no pudo cambiarlos. Todo el mundo muda de piel y encara el tiempo nuevo con otros ánimos y distinta mirada. Los fantasmas del Roxy, con los que hablaba Serrat, fueron sepultados por el cemento de las oficinas bancarias y los cines migraron hasta vastos complejos comerciales alejados y ruidosos.

Pero aquellas vaharadas libres que barrían la caspa, traían nuevas modas e ideaban nuevas formas de codicia no pudieron con los cines de verano o, al menos, no con todos. Y no sólo les fue imposible achatarrarlos, sino que ni siquiera la hicieron un rasguño a su manera de ser y plantarse en las ciudades y sus arrabales. Es cierto que la mayoría los cegó la riada de cambios, pero los que quedaron se mantuvieron incólumes como los viejas cocinas de pueblo de los años cincuenta donde la pobreza alcanzó a obtener su expresión más digna y kitsch.

La semana pasada después de numerosos intentos fallidos (el hombre es una hoja desprendida en manos del azar) pude al fin realizar ese viaje en el tiempo y la memoria para sumergirme junto a un grupo de amigos en la barriga de uno de esos cines de verano. Se trata del cine Lumiere, está en un extremo de Alboraya (Valencia), en mitad de la huerta o acaso se da codazos con otras industrias de la zona. Realmente no llegué a saber dónde estaba situado: un largo, lánguido y deslustrado paseo, una gasolinera llena de luz y un local de la policía a la vera… Pero el cine está en regla, el cine tiene una autorización municipal por interés social.

A las diez menos cuarto aquello es un bullicio; la barra del bar a la entrada, cubierta por el manto verde de una higuera, suena a pequeños e insistentes golpes de latón, a roces sordos de vidrio y ajetreo de bocadillos y chapas volando. Enrique Riera que, junto a su hermano José, trasiegan con el cine de toda la vida, quiere enseñarnos la joya de la corona. Atravesamos la cocina: un vendaval de chicos y chicas preparando bocadillos entre hornos, sartenes, latas abiertas y olores nutritivos, y llegamos a la base de una escalera empinada y estrecha como la de un submarino (“a mí me gustan muchos las películas de submarinos, pero ahora casi no las hacen” exclama KALY, mientras trepa por la escalera). Subimos. La perla que se nos anuncia es la nueva máquina de proyección allí aposentada, algo así como un artefacto del futuro hincado en un gallinero del XIX del que, claro, volaron las pitas hace tiempo.

Enrique nos describe a grandes rasgos la sofisticación allí instalada: “La máquina está conectada al parque tecnológico; las películas nos llegan por internet, aquí se almacenan, ordenan y programan para su exhibición. La calidad de imagen es enorme y del sonido no digamos”. Las primeras secuencias de las películas de hoy ya fascinan a la sala; el programa doble del sábado es Independence Day y Dioses de Egipto. “De aquí no nos vamos hasta las tres de la madrugada”, se lamenta irónico Enrique.

Claro que no hemos venido al cine Lumiere de Alboraya para que nos asuste una invasión de marcianos y menos aún a que nos de la tabarra la voz cavernosa de un hijo de Akenatón: estamos en el cine para cenar, tomar unos vinos y hablar de las cosas del día. Pero no es fácil huir, aunque estemos al otro lado de la tapia, de los invasores cósmicos; el sonido que emite la máquina y sus altavoces es tan fenomenal que en ocasiones nos bailan los papos y hasta las pantorrillas se estremecen.

Pero la barrera acústica que ofrecen dos fuentes de palayas es sorprendente; apurarlas hasta la raspa recién fritas es un antídoto contra toda amenaza. Mas, si la penúltima ráfaga de ametralladora galáctica aún llega a sorprendernos, ahí están las palometas que preparó Juanjo para la ocasión. Aquella salsa, que deja un rastro de aceite que es solo bálsamo sin aditivos, detiene cualquier invasión.

Si, el cine de verano es de interés social, decenas de miles de personas hacen una inmersión en el mundo casi siempre feliz de la infancia donde todo es fantasía cuando acuden a ellos y se solazan. Pronto algunos de estos lugares, cual trastos fantásticos a la deriva, serán propuesto para su catalogación como bienes inmateriales de la humanidad. Es que el cine …

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

Foto de El País

Foto de El País

El próximo debate que se dará en España a cara de perro tratará sobre las pensiones: sobre el recorte de las pensiones. La sostenibilidad de nuestro sistema es la crónica de una muerte anunciada de no mediar acuerdos urgentes y atinados entre las fuerzas políticas. El Pacto de Toledo, la gran obra socialista, para el mantenimiento, seguimiento y reforma del sistema previó cómo hacerlo. Pero el gobierno del PP continúa sacando cientos de millones de euros del fondo de reserva de la seguridad social -la pasada semana anunció la retirada de otros 8.700 millones- y mira para otro lado.

La nueva oposición izquierdista y populista ni siquiera parece que se haya enterado aún de esta amenaza tan ocupada como anda ahora en que le expliquen que ha podido ocurrir para que su asalto del cielo no se haya consumado. Los únicos que advierten del peligro, y avanzan recetas, son los socialistas pero su voz es débil y sus argumentos vienen siendo devastados por la ideología neoliberal.

De seguir este barco llamado España pilotado por el mismo timonel (y puede que por cualquier otro) las mareas ciudadanas saldrán a la calle clamando por las pensiones en poco tiempo. Porque nuestro país -a pesar de la propaganda: crecemos como ningún otro y nuestra recuperación es cierta- está entrampado por varias generaciones: tenemos una deuda pública superior al PIB anual, no terminamos de sofocar la crisis de la deuda (el Brexit ha vuelto a desnudar a nuestros bancos que sufren más que nadie), la deuda de las familias en riesgo de pobreza perdura y crece, y el agujero de las pensiones alcanza ya los 17.000 millones.

De todo esto, sin embargo, no se habla porque el gobierno continúa lanzando la pelota de la deuda hacia adelante y aún quedan reservas para un año en la hucha de las pensiones. Es algo así como cuando sostienen que si llueve para que nos vamos a preocupar de las políticas del agua. Pero España es tanto un país con estrés hídrico como pobre, aunque en ocasiones no lo parezca y muchos no lo crean.

Nos distraen más los jueguecitos de formar gobiernos imaginarios, abundar en esa insistencia del PP para que entre el PSOE en su gobierno con el fin proclamado de dar estabilidad parlamentaria a las grandes políticas públicas y el oculto de matar a los herederos de Pablo Iglesias para siempre jamás. Y también nos mola jugar a las adivinanzas: ¿qué causas impidieron a Podemos penetrar el cielo? Iglesias pregunta a sus seguidores para que estos alumbren respuestas (y se responsabilicen del fiasco al tiempo, claro), mientras él y los miembros más significados de su dirección aventuran las suyas.

¿Pero no eran tan listos que sacaban hasta cinco cuerpos al PP en conocimientos sobre estrategias y tácticas de comunicación? Que buceen en la encuesta del CIS conocida un mes antes de las elecciones e investiguen hasta que profundidad removió el gobierno su cucharón en aquel menú de resultados. Cuando el CIS proclamó que Unidos Podemos era la alternativa al PP empezó todo. Se convirtieron en la “amenaza de España” y el votante conservador, y muchos que no lo eran tanto, se asustaron y lo creyeron.

Mejor nos iría a todos, y a Podemos también, si reflexionáramos sobre las causas profundas que traen estos resultados. Igual tiene razón el reconocido arquitecto holandés Rem Koolhaas cuando afirma en el diario El País que los europeos hemos cambiado “la igualdad, la libertad y la fraternidad por la comodidad, la seguridad y la sostenibilidad”.

Teresa Muñiz

Si uno se coloca frente a la portada de la catedral de Cuenca y la observa, la primera tentación es salir huyendo no vaya a ser que aquella tan vertical tarta se te desplome más arriba del cuello; pero si logramos soportar la “merdada estética” y desviamos luego la mirada hasta las hondonadas del Huécar, notaremos como aquellos farallones geológicos nos devuelven a la vida necesaria.

Cuenca es una gema colocada en tierra de nadie por señores feudales en la alta Edad Media que aguanta los volcanes de los siglos sin ningún lamento. Claro que si le preguntamos a nuestros sabios más recientes te dirán que Cuenca resiste porque allí por no pasar, ni pasó la guerra. Y pudieran tener su razón. Pero lo cierto es que fue abandonada en el siglo pasado y aún antes. Tan a la intemperie se vio a mediados de la pasada centuria -cuando toda España era la Edad Media- que un grupo de artistas, depositarios de toda la amargura y rebeldía de la España vencida, se instaló en sus solares atestados de perros y malas yerbas para hacer arte abstracto contra la tiranía.

Llegaron a crecer tan altos que lograron alcanzar parecido reconocimiento que algunos renacentistas obtuvieron en Florencia, o los expresionistas (y secuelas) cosecharon en París. Y cambiaron la cara de la ciudad con el talento de sus colores estampados en los lienzos o izado en sus esculturas.

Cuenca resiste el abandono a cañonazos de la España de las Castillas, y mucho más allá, gracias al dolor militante de Antonio Saura, las momias guanches como misiles envueltas en arpillera de Manolo Millares y los cielos sin límite de Zobel. Pero también el muro inexpugnable de la pobreza que pinta Tapies protege el lienzo de su muralla imaginaria que mira al noreste, mientras Chillida se sienta sobre el esparto de la España triturada como un dios al que hablamos de tú.

Cuenca es el museo de arte abstracto español, la resistencia ibérica de sus vecinos y la buena despensa; una ciudad que se resiste a hincar la rodilla para que le den la puntilla y pide que amplíen su museo y que sus calles, plazas, miradores y restaurantes se llenen de turistas, fotógrafos y cronistas. No quiere vivir de la memoria y las nostalgias y así, algunos han decido hacer causa común y lanzan cartas como la del Figón de Huécar.

Visitar el museo es asistir a la historia más precisa de la España desbastada por la guerra y la dictadura luego. Escuchando su aullido, uno echa de menos que nadie haya reunido aún la palabra de nuestros poetas de la misma época y desgarro para que reciten el latido de aquel tiempo aunque fuera en el resbalón de un cementerio mirando al mar.

Si 40.000 personas al año leyeran un poema de Ángel González, un endecasílabo exagerado de Gil de Biezma, el consejo al oído de José Agustín Goytisolo, o acaso notaran la tórrida mirada de Gamoneda sobre la sangre fría recién vertida en el río Bernesga, la esperanza batallaría contra el abandono y la soledad de gran parte de España.

Los periódicos y los políticos claman a diario por la España que se desintegra, pero ni una lágrima vierten por la España abandonada. Pero sus restaurantes sirven zarajos, morteruelo, mojete, migas rurelas, alaju, rosquillas de anís, resoli… ¿Porqué no tiramos de ese sedal también?

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

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