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Un gobierno a remolque

Foto de El Confidencial

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Ha llamado la atención sobremanera que a Rajoy le apoyaran los nacionalistas y separatistas catalanes para asegurarse la mayoría en la Mesa del Congreso de los Diputados, asunto este de gran relevancia cuando el gobierno más probable que pudiera venir estará en minoría parlamentaria.

Pero las muestras de rechazo entre los suyos han sido escasas; hasta el periódico La Razón lo entiende. Así que si mañana Podemos se abstuviera para que Rajoy obtenga la investidura también sería bien visto por la derecha. En lo único que parece haber acuerdo es en que se necesita formar un gobierno con urgencia; no importa que gobierno, ni cuáles sean sus objetivos, simplemente un gobierno para que parezca que se aclara nuestro lío político e institucional.

Lo curioso del caso es que ese tan ansiado afán de los populares no cuaja porque no logran entenderse con sus colegas ideológicos de Ciudadanos; estos no quieren que les abrace el oso solo a ellos y piden con desesperación que también los socialistas les acompañen en el trago. ¿Pero por qué ese empeño en que los socialistas sean tragados por ese sumidero llamado Rajoy? Las diversas derechas del Estado suman los votos suficientes para aupar al candidato popular, y el primer gran escollo, el reencuentro con la derecha nacionalista, parece superado. ¿Por qué Rivera no entra en el pacto ya? Esa es la pregunta pertinente y no porqué los socialistas se empecinan en oponerse.

Porque lo único seguro es que Rajoy una vez reelegido presidente en los próximos días, o en diciembre tras unas nuevas elecciones, hará lo contrario de lo que ha prometido; porque las constantes de este país enfermo siguen deteriorándose con tamaña interinidad, improvisaciones y canalladas varias (“o tenemos un gobierno ya, o eso de las pensiones ya se veremos…”, deslizan las lenguas de víbora); porque en Bruselas manda Berlín y Alemania hace tiempo que ha dejado de considerarnos; porque este paquebote llamado España flota gracias al viento del dinero barato y el gasoil a mitad de precio que le impulsa.

Se comenta en Madrid que Bruselas exige a quienes puede y tienen su confianza que España no se tome las vacaciones de agosto sin gobierno; que no quiere verse en la tesitura de imponer una solución a la italiana o griega, pero que será implacable si Madrid no le hace caso. No sabemos si Rajoy pierde el culo tras este supuesto ucase, pues en realidad nadie sabe a qué dedica este hombre su tiempo libre; pero lo que sí parece cierto es que los grandes mentores españoles de la UE, singularmente socialistas y centristas, se han puesto en marcha y hasta firman manifiestos pidiendo un gobierno ya, aunque sea un gobierno sin ideales como nuestra política presente, simplemente un gobierno a remolque de los acontecimientos.

Imagen de Teresa Muñiz

Imagen de Teresa Muñiz

Y en estas que nos encontramos los cuatro habituales tapeando unos boquerones en vinagre -blancos como la mejor piedra caliza- en Casa Emilio (López de Hoyos, 98), unas gildas después, enseguida unos potentes caracoles, las rabas luego…. hasta que las cuatro de la tarde largas serian (la perrita entre las piernas harta de gulusmear para encontrar nada) cuando Fede dijo: “¡Chicos, nos tendremos que ir a comer!”. Las risas fabricaron al instante una cortina transparente en la calle extrañamente agradable para ser julio y estar en Madrid. Entonces en el corazón mismo de la barra se oyó un vozarrón: “Pues a mí me vas a poner ya el primer gin tonic”.

De esta manera, o algo parecido, arrancan los fines de semana de millones de españoles apostocados en las barras de las cervecerías y “a verlas pedir”. Nuestro país es un río de tapas que, de un tiempo a esta parte, las llaman pinchos y hasta afamados concursos hay que premian a los más raros y complicados de preparar con lo cual, los más jóvenes y los extranjeros creen que las tapas son un invento reciente, una creación de la modernidad que nos deshuesa y esa legión de cocineros que nos obsequia los sentidos con miles de confabulaciones y otros mestizajes.

Pero es falso, en España la tapa es tan antigua como el toro y, como él, un símbolo. Desmemoriado como estoy podría anotar aquí y ahora no menos de tres docenas de tabernas, cervecería, barras y otros tugurios madrileños que destacan por la excelencia de uno o varios de estos bocados. Pero también cómo tiran la cerveza (¡Ay el Ferreras!, Bravo Murillo, 25), la lima con que aroman los gin tonic o las historias tan misteriosas como increíbles que cuenta Tomasón, el colombiano que vino de las fuentes del Magdalena para derramarnos palabra a palabra su selva como si fuera un Joseph Conrad de bolsillo.

Cumplido el rito necesario de regar la barriga, porque ya llegan las tres de la tarde, y atemperadas las ansias felinas, incluso con un buen pincho de tortilla (La Ardosa, Colón, 16) sin ir más lejos, lo mejor de los bares está en la calle. Las chicas que pasan, casi todas sobre plataformas (no hago más comentarios que me pierdo); el cura que descubrimos, un ser tan extraño a la ciudad que sorprende tanto como ver pasear un lince por la Gran Vía; el cartero, que sabe dios que lo retuvo, porque corre por la acera pasadas las tres y media arrastrado por su propio carro de sobres y otros bultos; la abuela Sabina que le han dado hora para el médico de cabecera a las cuatro menos cuarto (“¡Vaya horas para una vieja, hijos!”) y las dos erasmus, o becarias de verano, o acaso estudiantes de postgrado o… que preguntan con dificultad : “Y aquí que se come”.

En el Alambique (Fúcar, 7) se come un salmorejo superior, en Casa Labra (Tetuán, 12) los mejores soldaditos de Pavía de la ciudad, en Aloque (por Antón Martin) unos sorprendentes huevos a la porreta, en El Barril (Lola Membrives, 5) sus pulgas, en Bodegas Ricla (Cuchilleros) canapés de bacalao imperiales, en Burbuja (Angel 16) toda clase de mejillones y en el Carpanda (Almendro 22) te puedes hartar de vino sin torcer un músculo. Y así hasta cinco mil lugares más.

Ha empezado el fin de semana, es verano, estamos empapados por dentro y se acercan las cuatro y media de la tarde. No estamos para el segundo gin tonic, los cuatro al unísono decidimos ir a casa para comer. Todos sabemos que estamos mintiendo, pues no nos espera ni una mesa ni la familia, solo pensamos en el sofá o acaso el sillón de orejas y, claro, lo decisivo: esa televisión divina que a esas horas siempre pega tiros -tracas del oeste o ráfagas de los modernos thrillers- que son las mejores nanas del mundo. Es el momento de la siesta.

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

Noche golpista

Foto de El País

Foto de El País

Al término de la cena del viernes 15, el móvil escupe una gran noticia: golpe militar en Turquía. El titular estremece aunque no sorprende en absoluto pues en aquellas tierras donde los militares abusan de su prosapia ocurren estas ferocidades, incluso ahora.

Felizmente la mañana te dice que todo se fue al garete, que los golpistas perdieron, que el gobierno turco se hizo con el control del país. Y cambia todo. Las noticias son palomas de nuevo y nos tranquilizan. Pero, ¿debemos estar tranquilos? En absoluto, la noche del viernes el lobo no pudo arruinar al ovejero pero este no logro acabar con él, sencillamente la fiera desistió al no poder hacerse con el redil.

¿Qué ocurre? A partir de ahora nos darán miles de explicaciones pero a pocos importarán pues, al fin y al cabo, casi nada ocurrió en Turquía, solo un puñado de muertos, solo algunos más que los que cosecharon los islamistas asesinos tras el aplastamiento humano de Niza. Así vamos domesticando la conciencia de Europa, pasando página tras cada catástrofe y convirtiéndonos en unos buenos europeos resilientes.

Porque nuestro gran descubrimiento de los últimos años se llama aguantar, sufrir y superar como viejos legionarios romanos (y antiguos cartujos) el ametrallamiento diario que nos trae este tiempo. Caminamos despojándonos cada día de algo: la vivienda, el empleo, el goce… rogando que mañana todo sea algo mejor, pues no en vano la esperanza (y la resiliencia) del occidental viene siendo su mejor escudo durante los últimos dos siglos.

El hombre del momento, sin embargo, nunca pudo pensar que la muerte hubiera podido pasar su guadaña por el paseo marítimo de una de las ciudades más burguesas y felices del mundo. Niza no fue hoyada por ninguna de las grandes guerras modernas, pero si por esta nueva e imprevisible metralla.

Cuando ocurren catástrofes como las que referimos siempre nos llama al oído alguien que pregunta quién hay detrás. A quién beneficia tanta muerte y desasosiegos colectivos. Los responsables de todo -si es que alguna vez son conocidos- aparecen mucho más tarde que sus víctimas, sin embargo es palpable que en esta ocasión vienen a comerse nuestra libertad.

En ese juego dramático nos coloca la historia: o somos obedientes y resilientes, o alguien vendrá a remediarlo. Los militares turcos se parecen a los egipcios de Al Sisi como una gota de agua a otra. Erdogan y su régimen los pararon, pero ¿detendrán una nueva embestida, o acaso será definitiva la que ellos emprendan simulando detener este espanto?.

Una buena semana

Imagen de 20minutos

Imagen de 20minutos

Buena semana para el gobierno la que ayer echamos la cortina, y más tranquila también para la ciudadanía pues nuestro volcánico mundo no ha ido más allá de la emisión de sus rutinarias y amenazadoras fumarolas. El empleo (precario y parcial, claro) ha remontado con fuerza pues estamos en verano, los grandes brujos de los mercados (consultoras, bancos…) sitúan el crecimiento previsto para España entorno al 3%, ya que la inestabilidad política y la interinidad del gobierno no han afectado como se creyó y tanto penalizaron los augurios de primeros de año, y, finalmente, el turismo no deja de crecer: nos visitarán más de 70 millones de extranjeros este año.

Además Rajoy, sin apearse de la cama ni desprenderse de la somnolencia en que lo mantiene Peridis, por primera vez en años parece que va a tener apoyos de grupos políticos ajenos al que preside para conducirle a su investidura y la formación de gobierno. Los populares y sus palmeros no pueden reprimir el gozo porque, además, la corrupción, que tan fuerte les golpea, deja de ser los últimos días esa borrasca atlántica que a todos moja para transformarse en tormentas locales de irregular intensidad (Dirección de Tráfico en Madrid, corrupción policial en Mallorca…)

Así las cosas, con un PSOE dividido, al tiempo que urgido a ser responsable y permitir la formación de gobierno, y Podemos en plena guerra interna (partisanos contra regulares) hasta los de Ciudadanos comienzan a tragarse el sapo de Rajoy y dan el paso de hablar de gobierno sin cuestionar la persona del eximio registrador en excedencia de Santa Pola (¿o ya tiene el momio en otra plaza?). La felicidad de tan tautológico presidente debe ser el estado al que se aproxima a grandes zancadas en este momento, pues tiene la reelección próxima; mas, si al cabo socialistas y Ciudadanos dudan y no le dan el placet en julio, tampoco sucederá gran cosa, nuestro presidente en funciones tomará su reglamentario mes de vacaciones en Galicia (paseos y gin tonic, gin tonic y paseos) y dirá que en septiembre volvemos a vernos.

Ahora ya sabe que este país puede vivir con un gobierno al ralentí y, además, estos episodios de sesteo y angustias le rentan sus buenos votos; así que la piedra está en el tejado de otros: los perdedores. Que nadie se extrañe, pues, si los socialistas llegaran a abstenerse en una segunda votación de investidura sin obtener contrapartida política alguna sino, muy al contrario, ofreciendo graciosamente al país la estabilidad institucional y política al permitir la formación de gobierno. Muchos sostienen que las experiencias políticas de apoyo a gobiernos en base a acuerdos concretos fracasan sistemáticamente en España por incumplimiento casi siempre de lo últimos y que son más rentables las fórmulas de gobiernos en minoría con fuertes alianzas parlamentarias en la oposición que los condicionen.

Además el PSOE es más débil ahora tras las elecciones de junio que el que salió de los comicios de diciembre pasado. En el Comité Federal de navidades se dieron un tiro en la barriga del que no se han recuperado; del cónclave celebrado anteayer sábado aún no tenemos un parte completo de incidencias.

Teresa Muñiz

Teresa Muñiz

A principios de los ochenta del pasado siglo, el rockero Loquillo cantaba con éxito que “los tiempos están cambiando sin remisión (…) la línea está trazada, la maldición está echada, vuestro tiempo ha pasado y el diablo está de nuestro lado”. Y tenía razón. España cambiaba a 300 por hora en todo menos en algunas cosas. Por ejemplo, no pudo tumbar del todo a los cines de verano o, mejor dicho: no pudo cambiarlos. Todo el mundo muda de piel y encara el tiempo nuevo con otros ánimos y distinta mirada. Los fantasmas del Roxy, con los que hablaba Serrat, fueron sepultados por el cemento de las oficinas bancarias y los cines migraron hasta vastos complejos comerciales alejados y ruidosos.

Pero aquellas vaharadas libres que barrían la caspa, traían nuevas modas e ideaban nuevas formas de codicia no pudieron con los cines de verano o, al menos, no con todos. Y no sólo les fue imposible achatarrarlos, sino que ni siquiera la hicieron un rasguño a su manera de ser y plantarse en las ciudades y sus arrabales. Es cierto que la mayoría los cegó la riada de cambios, pero los que quedaron se mantuvieron incólumes como los viejas cocinas de pueblo de los años cincuenta donde la pobreza alcanzó a obtener su expresión más digna y kitsch.

La semana pasada después de numerosos intentos fallidos (el hombre es una hoja desprendida en manos del azar) pude al fin realizar ese viaje en el tiempo y la memoria para sumergirme junto a un grupo de amigos en la barriga de uno de esos cines de verano. Se trata del cine Lumiere, está en un extremo de Alboraya (Valencia), en mitad de la huerta o acaso se da codazos con otras industrias de la zona. Realmente no llegué a saber dónde estaba situado: un largo, lánguido y deslustrado paseo, una gasolinera llena de luz y un local de la policía a la vera… Pero el cine está en regla, el cine tiene una autorización municipal por interés social.

A las diez menos cuarto aquello es un bullicio; la barra del bar a la entrada, cubierta por el manto verde de una higuera, suena a pequeños e insistentes golpes de latón, a roces sordos de vidrio y ajetreo de bocadillos y chapas volando. Enrique Riera que, junto a su hermano José, trasiegan con el cine de toda la vida, quiere enseñarnos la joya de la corona. Atravesamos la cocina: un vendaval de chicos y chicas preparando bocadillos entre hornos, sartenes, latas abiertas y olores nutritivos, y llegamos a la base de una escalera empinada y estrecha como la de un submarino (“a mí me gustan muchos las películas de submarinos, pero ahora casi no las hacen” exclama KALY, mientras trepa por la escalera). Subimos. La perla que se nos anuncia es la nueva máquina de proyección allí aposentada, algo así como un artefacto del futuro hincado en un gallinero del XIX del que, claro, volaron las pitas hace tiempo.

Enrique nos describe a grandes rasgos la sofisticación allí instalada: “La máquina está conectada al parque tecnológico; las películas nos llegan por internet, aquí se almacenan, ordenan y programan para su exhibición. La calidad de imagen es enorme y del sonido no digamos”. Las primeras secuencias de las películas de hoy ya fascinan a la sala; el programa doble del sábado es Independence Day y Dioses de Egipto. “De aquí no nos vamos hasta las tres de la madrugada”, se lamenta irónico Enrique.

Claro que no hemos venido al cine Lumiere de Alboraya para que nos asuste una invasión de marcianos y menos aún a que nos de la tabarra la voz cavernosa de un hijo de Akenatón: estamos en el cine para cenar, tomar unos vinos y hablar de las cosas del día. Pero no es fácil huir, aunque estemos al otro lado de la tapia, de los invasores cósmicos; el sonido que emite la máquina y sus altavoces es tan fenomenal que en ocasiones nos bailan los papos y hasta las pantorrillas se estremecen.

Pero la barrera acústica que ofrecen dos fuentes de palayas es sorprendente; apurarlas hasta la raspa recién fritas es un antídoto contra toda amenaza. Mas, si la penúltima ráfaga de ametralladora galáctica aún llega a sorprendernos, ahí están las palometas que preparó Juanjo para la ocasión. Aquella salsa, que deja un rastro de aceite que es solo bálsamo sin aditivos, detiene cualquier invasión.

Si, el cine de verano es de interés social, decenas de miles de personas hacen una inmersión en el mundo casi siempre feliz de la infancia donde todo es fantasía cuando acuden a ellos y se solazan. Pronto algunos de estos lugares, cual trastos fantásticos a la deriva, serán propuesto para su catalogación como bienes inmateriales de la humanidad. Es que el cine …

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

Foto de El País

Foto de El País

El próximo debate que se dará en España a cara de perro tratará sobre las pensiones: sobre el recorte de las pensiones. La sostenibilidad de nuestro sistema es la crónica de una muerte anunciada de no mediar acuerdos urgentes y atinados entre las fuerzas políticas. El Pacto de Toledo, la gran obra socialista, para el mantenimiento, seguimiento y reforma del sistema previó cómo hacerlo. Pero el gobierno del PP continúa sacando cientos de millones de euros del fondo de reserva de la seguridad social -la pasada semana anunció la retirada de otros 8.700 millones- y mira para otro lado.

La nueva oposición izquierdista y populista ni siquiera parece que se haya enterado aún de esta amenaza tan ocupada como anda ahora en que le expliquen que ha podido ocurrir para que su asalto del cielo no se haya consumado. Los únicos que advierten del peligro, y avanzan recetas, son los socialistas pero su voz es débil y sus argumentos vienen siendo devastados por la ideología neoliberal.

De seguir este barco llamado España pilotado por el mismo timonel (y puede que por cualquier otro) las mareas ciudadanas saldrán a la calle clamando por las pensiones en poco tiempo. Porque nuestro país -a pesar de la propaganda: crecemos como ningún otro y nuestra recuperación es cierta- está entrampado por varias generaciones: tenemos una deuda pública superior al PIB anual, no terminamos de sofocar la crisis de la deuda (el Brexit ha vuelto a desnudar a nuestros bancos que sufren más que nadie), la deuda de las familias en riesgo de pobreza perdura y crece, y el agujero de las pensiones alcanza ya los 17.000 millones.

De todo esto, sin embargo, no se habla porque el gobierno continúa lanzando la pelota de la deuda hacia adelante y aún quedan reservas para un año en la hucha de las pensiones. Es algo así como cuando sostienen que si llueve para que nos vamos a preocupar de las políticas del agua. Pero España es tanto un país con estrés hídrico como pobre, aunque en ocasiones no lo parezca y muchos no lo crean.

Nos distraen más los jueguecitos de formar gobiernos imaginarios, abundar en esa insistencia del PP para que entre el PSOE en su gobierno con el fin proclamado de dar estabilidad parlamentaria a las grandes políticas públicas y el oculto de matar a los herederos de Pablo Iglesias para siempre jamás. Y también nos mola jugar a las adivinanzas: ¿qué causas impidieron a Podemos penetrar el cielo? Iglesias pregunta a sus seguidores para que estos alumbren respuestas (y se responsabilicen del fiasco al tiempo, claro), mientras él y los miembros más significados de su dirección aventuran las suyas.

¿Pero no eran tan listos que sacaban hasta cinco cuerpos al PP en conocimientos sobre estrategias y tácticas de comunicación? Que buceen en la encuesta del CIS conocida un mes antes de las elecciones e investiguen hasta que profundidad removió el gobierno su cucharón en aquel menú de resultados. Cuando el CIS proclamó que Unidos Podemos era la alternativa al PP empezó todo. Se convirtieron en la “amenaza de España” y el votante conservador, y muchos que no lo eran tanto, se asustaron y lo creyeron.

Mejor nos iría a todos, y a Podemos también, si reflexionáramos sobre las causas profundas que traen estos resultados. Igual tiene razón el reconocido arquitecto holandés Rem Koolhaas cuando afirma en el diario El País que los europeos hemos cambiado “la igualdad, la libertad y la fraternidad por la comodidad, la seguridad y la sostenibilidad”.

Teresa Muñiz

Si uno se coloca frente a la portada de la catedral de Cuenca y la observa, la primera tentación es salir huyendo no vaya a ser que aquella tan vertical tarta se te desplome más arriba del cuello; pero si logramos soportar la “merdada estética” y desviamos luego la mirada hasta las hondonadas del Huécar, notaremos como aquellos farallones geológicos nos devuelven a la vida necesaria.

Cuenca es una gema colocada en tierra de nadie por señores feudales en la alta Edad Media que aguanta los volcanes de los siglos sin ningún lamento. Claro que si le preguntamos a nuestros sabios más recientes te dirán que Cuenca resiste porque allí por no pasar, ni pasó la guerra. Y pudieran tener su razón. Pero lo cierto es que fue abandonada en el siglo pasado y aún antes. Tan a la intemperie se vio a mediados de la pasada centuria -cuando toda España era la Edad Media- que un grupo de artistas, depositarios de toda la amargura y rebeldía de la España vencida, se instaló en sus solares atestados de perros y malas yerbas para hacer arte abstracto contra la tiranía.

Llegaron a crecer tan altos que lograron alcanzar parecido reconocimiento que algunos renacentistas obtuvieron en Florencia, o los expresionistas (y secuelas) cosecharon en París. Y cambiaron la cara de la ciudad con el talento de sus colores estampados en los lienzos o izado en sus esculturas.

Cuenca resiste el abandono a cañonazos de la España de las Castillas, y mucho más allá, gracias al dolor militante de Antonio Saura, las momias guanches como misiles envueltas en arpillera de Manolo Millares y los cielos sin límite de Zobel. Pero también el muro inexpugnable de la pobreza que pinta Tapies protege el lienzo de su muralla imaginaria que mira al noreste, mientras Chillida se sienta sobre el esparto de la España triturada como un dios al que hablamos de tú.

Cuenca es el museo de arte abstracto español, la resistencia ibérica de sus vecinos y la buena despensa; una ciudad que se resiste a hincar la rodilla para que le den la puntilla y pide que amplíen su museo y que sus calles, plazas, miradores y restaurantes se llenen de turistas, fotógrafos y cronistas. No quiere vivir de la memoria y las nostalgias y así, algunos han decido hacer causa común y lanzan cartas como la del Figón de Huécar.

Visitar el museo es asistir a la historia más precisa de la España desbastada por la guerra y la dictadura luego. Escuchando su aullido, uno echa de menos que nadie haya reunido aún la palabra de nuestros poetas de la misma época y desgarro para que reciten el latido de aquel tiempo aunque fuera en el resbalón de un cementerio mirando al mar.

Si 40.000 personas al año leyeran un poema de Ángel González, un endecasílabo exagerado de Gil de Biezma, el consejo al oído de José Agustín Goytisolo, o acaso notaran la tórrida mirada de Gamoneda sobre la sangre fría recién vertida en el río Bernesga, la esperanza batallaría contra el abandono y la soledad de gran parte de España.

Los periódicos y los políticos claman a diario por la España que se desintegra, pero ni una lágrima vierten por la España abandonada. Pero sus restaurantes sirven zarajos, morteruelo, mojete, migas rurelas, alaju, rosquillas de anís, resoli… ¿Porqué no tiramos de ese sedal también?

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

es.noticias.yahoo.com

es.noticias.yahoo.com

– El PSOE aguanta y Pedro Sánchez despeja fantasmas.

– Podemos se creyó las encuestas y se hunde anímicamente: el PSOE continúa siendo el primer partido de la izquierda.

– Las grandes perdedoras son las empresas que hacen encuestas: nunca erraron tanto, ¿por qué?

– Ciudadanos no sabe custodiar 500.000 votos que arrancó al PP en diciembre pasado y pierde influencia política.

 

Si el día 24 pasado, San Juan, los ingleses nos sorprendían con el Brexit, ayer noche la sorpresa fue inversa: Rajoy gana con claridad a las encuestas y a las expectativas de millones de electores. Su victoria, como ha resumido bien Pedro Sánchezviene a normalizar la vida institucional” de España, es decir: tendremos gobierno pronto. Pero están por explicar las causas de la sorpresa. Algunos introducen en sus análisis para interpretar esta victoria inesperada el shock británico. Pudiera ser que la hecatombe inglesa incrementara el miedo al futuro de no pocos votantes españoles que se refugiaron en las viejas siglas del PP. Pero algo más debe haber, porque el error de la encuestas ha sido extraordinario.

Los socialistas de Pedro Sánchez salen aliviados del combate porque no les gana Podemos y la líder andaluza, Susana Díez, adversaria del secretario general, ha tenido un traspiés en su predio. Pero su debilidad electoral continúa siendo enorme. Lo novedoso es que no podrá impedir un gobierno de centro derecha y, además, esto no le generará coste: su empeño principal en los próximos años será disputar la hegemonía dentro de la izquierda.

El gran fiasco de estos comicios ha sido Unidos Podemos. Por las explicaciones tristísimas de Pablo Iglesias hemos de entender que se creyeron las encuestas, que no les cabía la menor duda que habría sorpasso y que los votos del PSOE para formar gobierno les caerían luego como fruta madura. Y llama la atención que una formación tan bien dotada para orientarse en los vericuetos de la comunicación política haya estado tan despistada. Ahora cabe pensar que se abrirá un amplio debate en esa coalición de resultado impredecible. Cuando todos pensaban que el debate a cara de perro se daría en el PSOE, resulta que se traslada a otra sede. Pablo Iglesias empezará a tener graves problemas internos por primera vez.

El papelón de las encuestadoras es tremendo: no han dado una. Es verdad que la situación política era muy especial y única, que la situación económica de los partidos no les da para hacer grandes estudios de campo, que la presión política a veces resulta insoportable para ellas y no pocos medios de comunicación, pero ni siquiera estas y otras razones, incluso más poderosas, justifican tal fiasco.

Ciudadanos, que irrumpió en el panorama político nacional gracias a un mordisco gigante de votos al PP, no ha sabido o podido retenerlos. El impasse de seis meses haciendo cabriolas con el PSOE, el gran adversario del PP, le ha pasado factura. Si además le añadimos la amenaza (ahora sabemos que ficticia) de Podemos que tanto asustó al electorado conservador, ahí podemos encontrar su retroceso electoral. Rivera va a tener muy difícil decir no a Rajoy como hasta ahora. No lo entendería nadie.

Las terrazas

Teresa Muñiz

Teresa Muñiz

A estas alturas del año –recién celebrada la noche de San Juan en la que “comparten su pan, su mujer y su gabán gentes de cien mil raleas”España toda es una terraza en busca de la sombra y la noche donde compartir la palabra amiga aunque sea a gritos. El español de tierras abajo de las cornisas cántabro-pirenaicas es un ser de calle; de chateo, barra, velador y amante tanto del vientecillo de las noches de verano como de las resolanas en invierno. La calle con su luz nos atrae con el mismo imán que los regatos buscan los arroyos en agitado trote. Hemos llenado nuestros pueblos y ciudades de bares, restaurantes, plazas, bancos, miradores e infinidad de rutas peatonales hasta tal punto que el ojo cenital de Google nos observa como a manifestaciones de abejas revoloteando entorno a las colmenas.

En las terrazas, al igual que acodados en la barra del bar o cual transeúntes varados en los modernos restaurantes de moda que revientan nuestras celebradas algarabías, nos convertimos en la grey más alborotadora del mundo. Nuestras voces se encaraman, planta a planta, por los edificios de las calles o plazas que hollamos hasta alcanzar los áticos de los rascacielos que atronamos con vaharadas de roncos alaridos. Pero abajo, a ras de tierra, en ese territorio compartido por el camarero, la tortilla de patata con pimientos, el boquerón frito y el hectólitro de cerveza o tinto de verano, tanto da, somos legiones de palabras acariciadoras la mayoría.

El carrito del bebé, el perro, la abuela paralítica, el primo asombrado que vino del pueblo, la erasmus polaca blanquísima y la ruidosa cohorte de una despedida de soltera se dan la mano como si vinieran de una misma madre. Las conversaciones intrascendentes, los monólogos de los enamorados, tan quejumbrosos, y el trasiego de vidrios y platos transforman el sonido ambiente en una salmodia que bien podríamos tener como el himno laico de nuestro tiempo, un rum rum imprescindible que nos libera de un vivir tan jodidamente duro y eléctrico.

Naturalmente no existe un solo tipo de terraza, son tantas como nuestros sentimientos, pero a todas las anilla la libertad de la calle y su aire caprichoso. Salimos con la pretensión de respirar mejor, de rozar los ojos del amigo o mitigar el escozor del látigo del día. La terraza se convierte así en el primer psicólogo de España y, en ocasiones, nuestro único espacio festivo. En ella cabemos todos, incluso la pobreza, y en sus horizontes se apostan desde el acordeón balcánico hasta el rítmico cantar de las olas del mar al pie de millones de estrellas bailarinas.

La terraza en España, además de una costumbre, es una necesidad en los últimos tiempos; hasta los nuevos bares y restaurantes se diseñan pensando en abrir de par en par todas sus puertas a las aceras así que el primer rayo de sol temple nuestras mejillas. El cambio climático, además, ha venido a suavizar la dureza de la ley antitabaco que largó hasta la calle con mano de guardia a los de la colilla, y alargar en el tiempo nuestra vida en la calle.

Plazas gemelas a la sevillana de El Salvador, en la que se cañea la Cruzcampo hasta bien entrado diciembre, crecen en los rincones más insospechados de España; las noches de suave invierno aparecidas como un milagro llegaron a expulsar de su cobijo, con sus farras, al gran escritor y explosivo articulista, Javier Marías, según propia confesión. Y en el barrio Húmedo de León el carámbano del norte no logra armar sus lenguas de hielo ante la insistencia constante de tantos vahos de alcoholes ligeros y canciones de estudiante.

Si, las terrazas son un fenómeno tan potente que cogidas unas a otras de la mano llegan a constituirse en “zonas de terrazas”. En las poblaciones costeras hay paseos marítimos kilométricos copados por ellas alineadas a cordel, y millares de ciudades y pueblos han sido tomados por estos ejércitos de mesas y sillas armados de palabras con sus risas y raciones de condumio con el beneplácito recaudador de los ayuntamientos que no les preocupa el sueño vecinal. En Madrid, por ejemplo, la plaza de Olavide, corazón del barrio de Chamberí, juega toda ella al corro de (la tortilla) de la patata, en tanto que los gallegos de Estrella de Galicia libran una crudelísima batalla comercial con Mahou en su empeño por conquistar este fortín de la cerveza, el barrio y su chanza de bar.

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

blogdelviejotopo.blogspot.com

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Los últimos días nos abruman con la posible salida del Reino Unido de la UE, el Brexit. La principal y única arma para convencernos e impedirlo es la economía. El Brexit sería una hecatombe económica para los británicos, en primer lugar, pero también para Europa, Estados Unidos y la Commonwealth.

¿Una hecatombe? ¿Pero acaso no vivimos ya en ella? ¿No son las dinámicas globalizadoras de la economía, tan codiciosas, las que llevaron a la crisis, a la profundización de las desigualdades, a continuación, y a este marasmo de radicalismos que nos rodea?

Más bien parece que continuamos esforzándonos en atraer más catástrofes, porque si mal lo hicieron los saqueadores turboliberales, peor cara traen los que vienen a salvarnos en España, Reino Unido, Francia, Polonia, Grecia… Igual tiene razón el pensador Isaiah Berlin cuando sostiene que la peor idea el siglo XX fue aquella que aseguraba que un mundo ideal era posible, que una sociedad perfecta podría ser edificada por el hombre. Esa idea trajo todos los horrores: nazismo, estalinismo… Ahora los poderes dominantes sostienen que todo lo decide la economía (o el empleo, monotema de Rajoy). Y se equivocan: no hay una única solución salvadora para el hombre tan diverso y cambiante que somos.

El taimado Iglesias y su grupo de demolición parecen haber advertido que algo de esto debe de ser cierto porque el primero ya proclama -aunque de forma atropellada en la verborrea electoral- que esto de las ideologías es agua pasada, cosa del siglo XX; que las ideologías deben de tratarse en casa como un asunto privado a la manera de la religión y otras creencias. Así que pasa de leninista a ni de derechas ni de izquierdas y persona sin ideología en poco más de un año.

Este hombre sin ideas, no obstante, va a colocarse como segunda fuerza política en España tras derretir al PSOE al que le birla los votos. ¿Qué está pasando? Como expresa la escritora y periodista argentina Laia Guerriero: “El periodista vive de tratar de entender qué ocurre y por qué, pero no sé yo si se me acabó la virtud del periodista”. Por esta senda tan nihilista deben de ir las cosas: voto porque no entiendo nada o voto a los que no proponen nada porque los que me prometieron la felicidad me engañaron.

Lo único cierto es que la noche del 26J los periodistas mediremos los resultados electorales sumando los votos de los partidos de la derecha y los de la izquierda. Y nos engañaremos todos porque etiquetaremos a Podemos de izquierda cuando no lo es. La izquierda española se derrite en la debilidad de un PSOE que es una hoja o muere deglutida (IU) en la panza del partido morado. La izquierda siempre tuvo políticas que existían, políticas que mejoraban la vida de los más débiles, los nuevos rebeldes solo entienden de ajustes de cuentas y noes. No son de izquierdas.

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