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Teresa Muñiz

Teresa Muñiz

La terraza de veladores no es más que una prolongación social de la puerta de nuestras casas tradicionales. Nuestros abuelos salían al fresco de la calle en los veranos y curioseaban, conversaban, hacían tareas relajadas y tomaban sus vasos de vino, gaseosa y limonada. Los bares convencionales dieron un paso más allá al sacar sillas de enea al perímetro de sus exiguos locales y, luego, los ayuntamientos dispusieron de plazas, jardines y rinconadas públicas para la instalación de kioscos sencillos donde servir bebidas, aperitivos y fruslerías a sus paisanos que, progresivamente, socializaban en la calle.
En paralelo, las clases pudientes (burguesía) extendían por todo el país sus suntuosos casinos en los que el tabaco, el juego, el negocio, el cachondeo y el sexo oculto hacían que el poderoso o agraciado del momento estirase su ego. La mujer se fue incorporando paulatinamente a este goce del espacio público y con ella los niños, jóvenes y las clases medias, es decir, toda la familia se incorpora al disfrute de la calle.
Esta expansión ciudadana coincide en España con la motorización creciente de nuestras calles y avenidas, la orden es estrechar aceras, dar muerte al inútil bulevar y achatarrar al tranvía allí donde lo hubiera, por antiguo y lento. Las ciudades y grandes poblaciones comienzan a alinearse en las aceras cada día más estrechas e incomodas y a ocupar plazas y recovecos urbanos disponibles de manera abusiva y con escándalo tremendo.
Las ciudades empiezan a estallar y sus vecinos buscan respiro en los escasos parques o bosquecillos próximos disponibles y aquellos que pueden se hacen de una segunda vivienda donde tomar el aire. La terraza se proletariza tanto que expulsa a ricos, industriales, profesionales y a “no poca gente sensible”, que dijo Juan Benet. Crecen entonces las terrazas exclusivas, se recuperan algunos patios y jardines interiores de antiguos edificios del XIX y principios del XX, y pronto grandes fincas, obsoletas, pero con buena situación en los cascos urbanos, son transformadas en tiendas de lujo y hoteles donde se instalan fabulosos espacios exclusivos al aire y al sol.
Pero no son suficientes para tanta demanda, esnobismo y caprichos. Y así aparecen los piratas de Raynair, o Easyjet, Norwergian, Transavia… que ofrecen viajes ida y vuelta por menos de 50€ a cualquier ciudad de Europa que imaginemos a tanto moderno estresado o joven tocado por el agobio patrio.
La ley antitabaco, que prohibió fumar en todo lugar público y centro de trabajo, la crisis económica tan terrible, luego, y unos ayuntamientos endeudados hasta el límite de la quiebra hicieron proliferar políticas ultra liberales que vieron en las golosas tasas de las terrazas (como en las multas de tráfico) la manera más rápida de paliar la desaparición del momio que le entraba por las licencias de construcción de vivienda y varios en la etapa de la burbuja.
Es en este momento cuando revientan gran parte de las retículas urbanas. Todo bar, restaurante, merendero, chiscón, instalación de venta provisional u ocasional negocio de feria extiende a su alrededor mesas y sillas como si la ciudad toda fuera un inmenso cine de verano.
El resultado de esta desmesura es que la mierda del frito, en general, se confunde con el olor de la plancha de hamburguesa chorreona y ese plástico rojizo y húmedo que llamamos tomate y acompañamos del tinto de verano que no logramos vender en oriente a granel y esa cerveza de cuarenta céntimos.
Nuestras ciudades, y en especial sus centros urbanos y cascos antiguos, como el caso de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y tantas otras poblaciones han transformado sus calles y plazas en impracticables, boscosos, malolientes y horripilantes espacios para comida basura, ruido y la pachanga.
¿No existe otra forma de ordenar y disfrutar del espacio público? Claro que sí. El sabio urbanista danés Jan Gehl, por ejemplo, tiene recetas para casi todos los alcaldes del mundo con graves carencias. El problema, explica, es que los ediles cada día deciden menos sobre el destino de sus ciudades. Son más determinantes, digo yo, los fondos de inversión que apoyan a aquellos empresarios que solo ven la ciudad como una fuente de ganar dinero. El establo al aire libre, por lo que vamos observando, debe de ser bastante rentable.

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

Rita: número dos

www.elconfidencial.com

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¿Ganaría el PP unas terceras elecciones de ir Rita Barberá números dos en las listas populares tras Mariano Rajoy? Si colocamos esta pregunta en la red seguro que habrá más respuestas afirmativas que noes. ¿Entonces qué hace Moncloa tratando de quitarse ese moscón de todas las maneras posibles incluso forzando que se empuerque (más) al PSOE para tranquilizar a los suyos con el eterno lodo llamado “Y tú más!”? Lo más probable es que sea una respuesta automática sin más; saben que sus seguidores y votantes están más tranquilos viendo desfilar por el lapidario de la televisión a los socialistas, el mal absoluto.

Ahora el problema gravísimo de España es que los socialistas (Sánchez en concreto) no les dejan formar gobierno. ¡Como si la función principal de la oposición fuera apoyar al gobierno adversario! Y piden ese voto apaleando sin cesar a los empecinados de Ferraz. Buscan y rebuscan fórmulas a cada cual más perversa para que entren por el aro como las ratillas de Hamelin, pero sin éxito hasta ahora. Y no es de extrañar su fracaso, porque la cosa presente no va tan mal sin gobierno. La Europa rodeada de conflictos veranea en España, el dinero a coste cero y el petróleo a 50€ el barril son oxígeno puro para el pulmón silicótico de nuestra economía y, además ¡eureka! Este gobierno en funciones no puede hacer reformas, o sea, recortes.

Este bullicio político orquestado por Moncloa, sin embargo, no es más que una cortina de humo para impedir que el ojo público pueda comprender la pretensión real de los populares: ir a las terceras elecciones generales del año. El PP es un partido especialista en rechazar públicamente sus grandes ambiciones, así como critica en el ágora, incluso con ferocidad, los vicios que practica. Ahora, cuando la opinión pública repudia mayoritariamente la convocatoria de nuevos comicios que este partido busca, trata de endosar esa responsabilidad mayor en el haber de Pedro Sánchez estirando su “no es no” como la más hábil de las arañas.

Ocurre sin embargo que los socialistas, y no sólo ellos, han descubierto la martingala de Rajoy y su equipo A y se ponen en marcha para abortar esa convocatoria. La presión que ejercen sobre Sánchez, ahora de forma pública, tiene numerosas causas pero esta es la determinante. Para impedir las elecciones de diciembre harán cualquier cosa, incluso achatarrar a Pedro Sánchez si es preciso. Pero este episodio, inédito en nuestra democracia, nadie sabe cómo puede acabar; cabría incluso que el vodevil dramático diario acabara con un Rajoy presidente del gobierno gracias al beneplácito de una oposición que se destrozó en el empeño.

 

Teresa Muñiz

Teresa Muñiz

El hotel Rex en la antigua Saigón, ahora llamada Ho Chi Minh, lugar de estancia preferida de la prensa internacional durante la guerra de Vietnam (heavy drinkers enredados en montañas de teletipos, radios como zapatofónos y cámaras de cine al hombro prestas a rodar escenas de violencia) es hoy un cinco estrellas de superlujo envuelto en los fulgurantes logos de firmas como Chanel o Rolex y a escasos metros de una imponente estatua de Ho Chi Minh, el conductor de todo esto, su líder, guía y venerado dios que condujo a los charlies hasta la victoria sobre Francia primero y el poderoso ejército norteamericano después.
Aquí todo ha cambiado en treinta años, menos el régimen dictatorial comunista de Hanói, aún más feroz que el chino en cuanto a violación de derechos humanos. La prensa libre no existe y ni siquiera se permiten remakes de los viejos dazibaos rojos de la época de Zhou Enlai. Pero batallones de motos (casi cuarenta millones según la propaganda oficial) han sustituido en la calles vietnamitas a las bucólicas y tristísimas bicicletas. El régimen aprueba cada año decenas de programas de inversión (turismo, infraestructuras…) y abre las puertas de par en par (seguridad jurídica garantizada, beneficios fiscales, capital humano intensivo y baratísimo…) a los capitales extranjeros que se transforman en este país en gigantescas torres de apartamentos, resorts y campos de golf, aeropuertos recoletos de última generación, centenares de kilómetros de nuevas carreteras, y puertos y playas que se abren al comercio mundial y a prestar su sol a centenares de millones de chinos, coreanos, japoneses, indonesios, filipinos, norteamericanos de la memoria y europeos aburridos de contemplar sus ruinas culturales.
Este país viene mutando de la pobreza extrema (miseria) a la moderna esclavitud a la velocidad de sus motorinos contaminantes. El pueblo que, con un puñado de arroz y un coco, escribió una epopeya memorable sobre el valor y la resistencia humanas enfila ahora una alocada carrera en moto hasta la conquista de la esclavitud más sublime (empleo de 14 horas de trabajo al día por cuatro o seis dólares que, con el tiempo, le traerá una casa de cuatro metros de fachada, puede que un frigorífico y hasta una lavadora más tarde, el sueño de un coche quizá y algún dinero para comprar un seguro médico que le alivie el reuma).
Y entretanto, las ratas roen los embalajes que guardan los bolsos falsos de Prada en los muelles de sus numerosos puertos y trepan por los pilares de sus contadas joyas culturales, como el puente japonés de Hoi An; una ciudad, o mejor, un brochazo de casas minimalista y entrañable en el centro del país, donde los roedores más repugnantes toman, además, las aceras incluso antes de que se huela la noche.
Milagros naturales como la bahía de Ha-Long en el noroeste del país y el fabuloso delta del Mekong, en el sur, con sus nueve brazos de diluvio zarco, son asaltados, confundidos y crecientemente contaminados por centeneras de barcazas cargadas de turistas cegados por la curiosidad que provoca una naturaleza tan salvaje, ofrecida, al cabo, píldora a píldora como un parque temático.
No obstante, todo va bien. Se crece al 7% anual y se crean millones de empleos de entre tres y cinco dólares al día. Vietnam es el paraíso de la mano de obra de saldo y el afortunado destinatario de la campaña de imagen internacional más intensiva, potente y exitosa de la última década. Algunos poderosos -seguramente norteamericanos pero no solo- han decidido colocar a este país en el mapa de la novedades y milagros del mundo y, luego, grandes agencias internacionales de la comunicación, el marketing y la propaganda se han puesto en marcha para contar al orbe cómo se construye un nuevo paraíso en Oriente en el vientre mismo de la Conchinchina, ese lugar remoto donde en otro tiempo solo lograron penetrar los santos y los soldados.
Así, se exhibe sustentada en la nada una emocionante y sorprendente cocina vietnamita (no se lo crean: no existe), la red hotelera y los circuitos de ocio mejor equipados y chic de los mares de China (atención, son deslavazados y lujosos mamotretos turísticos pinchados en medio de la nada, pues la carencia de infraestructuras es similar a la de la España de los años sesenta), y la sensación de un país en marcha que crece gracias al viento de cola que ofrece la mano de obra más barata de la región, que sus autoridades ofrecen al capital especulativo y al comercio mundial como carne fresca bien enhebrada en el pincho vietnamita.
Hasta el país que en el último siglo era bautizado con millares de bombas todos sus amaneceres han entrado de nuevo los norteamericanos, pero también japoneses, chinos, australianos… regando inversiones que le traerán un asegurado momio. Al igual que en los años sesenta y setenta se quiso confundir al mundo con la propaganda de que allí se libraba una batalla legítima por la libertad en contra del mal absoluto que era el comunismo, hoy se pretende aturdir con el embeleco del milagro turístico y la cruzada de un pueblo que busca con obstinada determinación su pan y su paz. Todo es cierto, pero si le quitamos el humo de la propaganda observaremos que aún es solo un alevín al que no se le adivina más que la cabeza y la raspa.
Sí, una Norteamérica ahora más inteligente y práctica (Clinton lo inició todo y Obama acaba de bendecir la obra en marcha) utiliza para ganarse el favor del régimen de Hanói la malquerencia que relaciona al vietnamita con el chino, su hermano mayor del norte que siempre hizo con él lo que le petó. Aquí se habla cada día menos del horror de la guerra contra el yanqui y poco a poco dejan de estar a mal con los hijos del tío Sam.
No sé por qué, pero desde el momento que llegue a Hué se me instaló en la cabeza una casete que repetía sin cesar la misma canción de letra triste: Paint it black, de los Rolling Stones esa que cierra la película La Chaqueta Metálica, de Kubrick.
No sé por qué, pero Vietnam aún huele a metralla, aunque la selva lo haya cubierto todo y los arrozales guarden silencio.
No sé por qué, pero con aquel país de guerreros se continúa jugando en los despachos de poder del mundo. Ahora la guerra se practica en el monopoly.

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

España en caída libre

www.elcorrreo.com

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A estas alturas del vodevil dramático que es la España política, somos numerosos los que pensamos que nuestros tenores políticos no llegarán a cantar jamás a coro (formar gobierno) de no mediar una presión externa excepcional que les arranque de su engolfamiento político pueril y malsano. Una amenaza seria de Bruselas y Berlín, un meneo sísmico de los mercados que acojonara a nuestras empresas y a Montoro incluso, acaso una Cataluña que rompiera al fin y en serio con el status quo constitucional, o un nuevo tamayazo (Dios no lo quiera) que desviara a la manera mafiosa el puñado de votos que Rajoy necesita para continuar haciendo lo mismo que hasta ahora pero ya no en funciones.

A estas alturas del desarrollo de la bufonada política más temeraria e irresponsable de nuestra democracia, unos se preguntan cómo es posible que -aparentemente- funcione casi todo, y otros no llegan a entender cómo se ha podido ir tan lejos en esta pelea de carneros. El problema, vista la gran dificultad para resolverlo, debe ir mucho más allá del empecinamiento, rencores, el miedo y la vacuidad de los principales responsables del atasco político, institucional y social.

Este fenómeno, no obstante, podría ser descrito en una sola línea: el (peor) pasado se resiste a morir al comprobar que el presente no tiene la pica lo suficientemente afilada como para herirle de muerte. Estamos así ante un frente político inamovible, pues ninguna fuerza es mayor que la otra, con el añadido de que no existe general alguno con el suficiente genio y determinación para intentar romperlo aunque con ello le pueda partir el pecho el bayonetazo de un soldado enemigo borracho.

Así las cosas, al igual que abultan los problemas del presente y sobre todo del futuro del país (España cada día que transcurre es un estado que pierde sustancia e interés para el mundo, y un bazar low cost en su propio territorio) se multiplican los conflictos internos de los partidos. Lo de menos es el zurriagazo que propina Felipe González a los cuatro tenores – “Si nos llevan a unas terceras elecciones, les pediría a los cabezas de lista que no se volvieran a presentar”- lo grave es que este largo impasse de chapoteo en la nada levanta un enorme debate en sus filas que amenaza con romperles las costuras a todos ellos.
Rajoy no puede apearse del “Yo sigo” porque el PP que preside entraría en un conflicto de tamaño sideral. A Pedro Sánchez su “No es no” atrae tanta presión política sobre su persona y el PSOE que bien pudiera hacerlos estallar a ambos. Podemos ya sabe que no tiene los puños suficientes para romper el cielo y sus dirigentes andan preguntándose si esto de la política será una cosa sólo terrenal. Y Ribera… quién sabe lo que quedaría de él así que pactara con Rajoy.

Cuando julio muere

Teresa Muñiz

Teresa Muñiz

En estos días cuando el mes de julio muere, siempre recuerdo (añoro) el norte vasco. Hasta no hace mucho tiempo las banderas con sus guerras ocultaban que en aquellas ciudades, villas, pueblos y caseríos se disfruta de la vida mejor que en ningún otro rincón. Los vascos son una tradición dura de piedra, hierro, madera y lurras que evoluciona, muta y da más vueltas de tuerca sobre sí misma que nadie en este mundo europeo.

San Sebastián o Guetaria, Bilbao o Guernica han cambiado tanto de ropón en los últimos cuarenta años que de no tener el vasco un alma tan propia nadie las reconocería.

Pero son poblaciones más auténticas, bellas, diversas, modernas y adictivas que nunca. Los sociólogos se ponen de acuerdo en las bases de esta evolución (que más parece revolución): mucho dinero pero en general bien empleado en proyectos públicos y privados que pronto han alcanzado a ser demandas y afectos colectivos. Carreteras y trenes, urbanismo racional de vanguardia y casi siempre útil y bello, unos monumentos/símbolo espectaculares que se quieren dentro e impactan fuera; la persistencia en el cultivo de la industria y la pequeña  empresa exportadora, la enseñanza práctica y la investigación constante y, mirando siempre más allá del océano y los montes, hacer de la restauración un reclamo mundial de la excelencia que no riñe con su disfrute generalizado por la mayoría.

Creo haberlo anotado en alguno de estos comentarios hace un tiempo: la creación del Basque Culinary Center es uno de los pocos grandes aciertos de Europa en la última década pues trata, ni más ni menos, de encontrar y marcar las rutas por donde caminará la restauración del futuro. Influirá (ya lo hace) más que la más rutilante universidad que imaginemos y, poco a poco, se irá codeando con las instituciones más transformadoras muy únicas que pilotan el mundo.

El norte no ha dejado de ser (ni renunciará nunca) esa tierra de las buenas verduras frescas, la merluza, el chuletón y las enormes jamadas de los txokos. Pero ya no es solo eso. Esas semillas han proliferado tanto que las barras de sus bares y los offices de sus restaurantes se llenan de miles de platos que huelen a vientos de todo el mundo y hablan euskera.

Agosto se inaugura con la virgen Blanca de Vitoria, la semana grande de Bilbao y luego San Sebastián. Pero Euskadi viene de un julio de jazz y en septiembre abrirá su gran portalón al cine en San Sebastián. En estas tierras se disfruta porque mucho antes sus gentes se lo pasan de escándalo comiendo lo que cocinan, disfrutando de las costumbres en sus casas y plazas confortables y de un paisaje que, ahora sí (adiós vieja y sucia Ría), se dedican a conservar como no hace otro territorio de España.

La mejor prueba de que este norte funciona  la encontramos en la experiencia vital y profesional del cocinero Daniel Lamana (el Kabuki del madrileño hotel Wellington es quizá aun lo que es porque pasó por él) que viniendo de la saga de los fundadores del Hogar del Pescador de Santurce, donde todos los que por allí pasamos creíamos que el pescado había tocado el cenit de la excelencia, ha tenido la humildad de vivir en  Japón como un alumno aplicado para seguir aprendiendo y traer aquellas experiencias a pasear con los buenos lenguados que hicieron tradición en el restaurante del hotel Ercilla de Bilbao. Hoy gracias a una nueva vuelta de tuerca a lo que creíamos insuperable, observamos cómo los samuráis interpretan sus danzas festivas en los salones del añejo hotel, pues no solo son dantzaris los que bailan el aurresku.

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

lostbarcelona.blogspot.com

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El afán del Gobierno, nuestras élites y los cuentacuentos de ambos por desearnos un felicísimo mes de agosto (cuando España se para), viene produciendo los últimos días paradojas extraordinarias. Así se nos cuenta, sin asomo de ironía, en la llamada prensa seria que la banca española ha superado con nota las pruebas de resistencia a catástrofes económicas que se han realizado a los principales bancos europeos. Ocurre esta noticia en el mismo espacio de tiempo que nuestra banca comunica uno de los resultados semestrales más patéticos de los últimos años; tan malos han sido que, cosa insólita, han hecho saltar del cargo al consejero delegado del banco Popular.

También la EPA deja el paro en un 20%, todo un hito; sin embargo, resulta que se crea menos empleo que el año pasado en iguales fechas. Rajoy se apresta, marcial, a formar Gobierno pero no asegura que, al cabo, acuda al debate de investidura en el Congreso de los Diputados. Y como quiera que esta circunstancia pudiera inquietar al personal durante las vacaciones, sus adláteres se apresuran a amenazar con el Código Penal a la presidenta del parlamento catalán, la señora Forcadell, por permitir que la cámara autónoma aprobara una declaración unilateral de independencia de Cataluña. Se cambia así la guerra de banderas del País Vasco, que sucedía todos años por estas fechas para salvar la cara de los extremismos de aquí y allá, por la batalla contra una Cataluña separatista.

Lo importante es que nunca cese el espectáculo y el prodigar de emociones fuertes. Porque las imágenes de carreristas en los Juegos Olímpicos de Brasil, el yuyu que provoca el zika y la emoción que aporten las medallas que puedan conseguir nuestros atletas, no tendrán la contundencia suficiente para contener la frustración del personal ante mayores fracasos políticos aún.

Y es que la nueva opinión pública -ese humano vacío de futuro que somos- necesita llenar de tal manera su presente de emociones y baratijas que no existen ilusionistas o magos que alcancen a colmarla. Así pues, el espectáculo y el sentimentalismo se adueñan del espacio público y político para prodigarse desde su atalaya en besos y pésames cada día más aparatosos y llamativos. Ahí está Donald Trump llenando estadios de estultos que agradecen con frenesí el rebuzno, y el “demonio” de Putin que aprovecha la ocasión para aventar la intimidades de Hillary Clinton con la intención de reventarla.

Efectivamente, no hay un juego de Pokémon tan monumental que pueda entretener a tantos tartufos occidentales, ni peluqueros tan mañosos y eficaces que consigan que la cabeza de Hollande parezca cesariana y Rajoy pueda disimular el amoniaco de su tinte.

Imagen de Teresa Muñiz

Imagen de Teresa Muñiz

La competencia entre supermercados y grandes cadenas comerciales llega a echarse en cara (afearse) qué cobran sus respectivas cajeras a la hora. Es algo horrible no ya por el terreno que han elegido para practicar su pugilato los grandes tenderos, sino por las miserias que se echan en cara unos a otros: “Yo pago 6,5 euros la hora de cajera los domingos y tu escasamente llegas a los 6”. Hasta esta bajeza llegamos, competir en el nivel máximo del fango laboral.

Hasta hace poco tiempo la pugna se mantenía entorno al precio de los productos a la venta y la variedad de los mismos; las ofertas, el valor y la diferenciación del producto propio frente a la competencia; en la accesibilidad a los establecimientos, el número de cajas que te hacían fácil y rápida la compra, además de en el reclamo del producto: leche, cerveza, patatas…

Y también en el marketing. Hay cadenas que han logrado trasladar el convencimiento de que sus productos de belleza son similares a la coiffure de lujo francesa, pero a 1,5€ la barra de labios, y que sus políticas laborales serian incluso la envidia de las fabricas de la Mercedes en los años ochenta. Otros han logrado convencer por la boca: “¡Pero qué yogures!, es decir, te dan duros a peseta, o que sus naranjas son como las veneradas israelitas aunque vengan de Huelva.

Este venía siendo su mérito comercial y el terreno natural donde se establecía la competencia, pero este césped propicio se deteriora con gran rapidez. La crisis de consumo, aún con altibajos según los meses, continúa sin remitir y el negocio made in spain del súper y el centro comercial viaja mal. El Corte Inglés en 60 años solo pudo volar hasta Lisboa y al señor de Mercadona, que parece ser el inventor del zoco, lleva idéntico camino, en tanto que la competencia extranjera, Carrefour antes y Lidl en los últimos años, se fija a nuestro terreno como la mejor rueda blanda.

Así pues, con un juego tan táctico y un continuo achique de terrenos, la competencia en el corazón del supermercado se hace tan enorme que es imprescindible utilizar las piernas a la manera de la guadaña con creciente regularidad. Pasamos de un Beckenbauer a un Gattuso; del melodioso canario Valerón, a una caterva de bravos discípulos del argentino Bilardo. Ya no hay caballeros en el sector, insisten los decepcionados, ya dejó de hablarse solo de los méritos propios para criticar con crudeza los deméritos del contrario.

En esta situación de crisis, gustos y costumbres cambiantes, o de mudanzas, y con nuevas fuerzas políticas con otras miradas en las Comunidades Autónomas y numerosos ayuntamientos, la refriega no puede disimilarse por más tiempo y, por ejemplo, se quiere hacer estallar de nuevo la guerra de los horarios comerciales, o sea, cerrar las tiendas durante el mayor números de domingos y festivos posible porque “las iniciativas liberales no han conseguido aumentar el empleo en el sector y esclavizan aún más al trabajador del comercio”.

O sea, qué existen patronos exigiendo el cierre de tiendas en domingos y festivos porque se apiadan de las pobres cajeras. Ja! ¿No será acaso porque algunos patronos han conseguido –con la aceptación del consumidor- convertir el festivo en el segundo mejor día de caja y otros, los que no abren, se lo están perdiendo?

Así pues para lograr una mejor posición de mercado sobre los competidores, algunos aventan en la pasarela ácida de los medios de comunicación el sueldo de las cajeras en domingo. ¿No sería mejor qué todos les pagaran un salario digno y que todos pudiéramos comprar los domingos siquiera un rábano? Porque parece impensable que los forbes patrios quieran convertir nuestras ciudades en fantasmas comerciales, como ahora son tantas urbes del interior peninsular (den una vuelta por Valladolid y observen pasmados el paisaje de una ciudad cerrada el fin de semana), a causa del insoportable dolor que le producen las pobres cajeras que no pueden conciliar su vida familiar, ¿verdad?
Esto no es competir, es tirar de colmillo e influencia.

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

Un gobierno a remolque

Foto de El Confidencial

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Ha llamado la atención sobremanera que a Rajoy le apoyaran los nacionalistas y separatistas catalanes para asegurarse la mayoría en la Mesa del Congreso de los Diputados, asunto este de gran relevancia cuando el gobierno más probable que pudiera venir estará en minoría parlamentaria.

Pero las muestras de rechazo entre los suyos han sido escasas; hasta el periódico La Razón lo entiende. Así que si mañana Podemos se abstuviera para que Rajoy obtenga la investidura también sería bien visto por la derecha. En lo único que parece haber acuerdo es en que se necesita formar un gobierno con urgencia; no importa que gobierno, ni cuáles sean sus objetivos, simplemente un gobierno para que parezca que se aclara nuestro lío político e institucional.

Lo curioso del caso es que ese tan ansiado afán de los populares no cuaja porque no logran entenderse con sus colegas ideológicos de Ciudadanos; estos no quieren que les abrace el oso solo a ellos y piden con desesperación que también los socialistas les acompañen en el trago. ¿Pero por qué ese empeño en que los socialistas sean tragados por ese sumidero llamado Rajoy? Las diversas derechas del Estado suman los votos suficientes para aupar al candidato popular, y el primer gran escollo, el reencuentro con la derecha nacionalista, parece superado. ¿Por qué Rivera no entra en el pacto ya? Esa es la pregunta pertinente y no porqué los socialistas se empecinan en oponerse.

Porque lo único seguro es que Rajoy una vez reelegido presidente en los próximos días, o en diciembre tras unas nuevas elecciones, hará lo contrario de lo que ha prometido; porque las constantes de este país enfermo siguen deteriorándose con tamaña interinidad, improvisaciones y canalladas varias (“o tenemos un gobierno ya, o eso de las pensiones ya se veremos…”, deslizan las lenguas de víbora); porque en Bruselas manda Berlín y Alemania hace tiempo que ha dejado de considerarnos; porque este paquebote llamado España flota gracias al viento del dinero barato y el gasoil a mitad de precio que le impulsa.

Se comenta en Madrid que Bruselas exige a quienes puede y tienen su confianza que España no se tome las vacaciones de agosto sin gobierno; que no quiere verse en la tesitura de imponer una solución a la italiana o griega, pero que será implacable si Madrid no le hace caso. No sabemos si Rajoy pierde el culo tras este supuesto ucase, pues en realidad nadie sabe a qué dedica este hombre su tiempo libre; pero lo que sí parece cierto es que los grandes mentores españoles de la UE, singularmente socialistas y centristas, se han puesto en marcha y hasta firman manifiestos pidiendo un gobierno ya, aunque sea un gobierno sin ideales como nuestra política presente, simplemente un gobierno a remolque de los acontecimientos.

Imagen de Teresa Muñiz

Imagen de Teresa Muñiz

Y en estas que nos encontramos los cuatro habituales tapeando unos boquerones en vinagre -blancos como la mejor piedra caliza- en Casa Emilio (López de Hoyos, 98), unas gildas después, enseguida unos potentes caracoles, las rabas luego…. hasta que las cuatro de la tarde largas serian (la perrita entre las piernas harta de gulusmear para encontrar nada) cuando Fede dijo: “¡Chicos, nos tendremos que ir a comer!”. Las risas fabricaron al instante una cortina transparente en la calle extrañamente agradable para ser julio y estar en Madrid. Entonces en el corazón mismo de la barra se oyó un vozarrón: “Pues a mí me vas a poner ya el primer gin tonic”.

De esta manera, o algo parecido, arrancan los fines de semana de millones de españoles apostocados en las barras de las cervecerías y “a verlas pedir”. Nuestro país es un río de tapas que, de un tiempo a esta parte, las llaman pinchos y hasta afamados concursos hay que premian a los más raros y complicados de preparar con lo cual, los más jóvenes y los extranjeros creen que las tapas son un invento reciente, una creación de la modernidad que nos deshuesa y esa legión de cocineros que nos obsequia los sentidos con miles de confabulaciones y otros mestizajes.

Pero es falso, en España la tapa es tan antigua como el toro y, como él, un símbolo. Desmemoriado como estoy podría anotar aquí y ahora no menos de tres docenas de tabernas, cervecería, barras y otros tugurios madrileños que destacan por la excelencia de uno o varios de estos bocados. Pero también cómo tiran la cerveza (¡Ay el Ferreras!, Bravo Murillo, 25), la lima con que aroman los gin tonic o las historias tan misteriosas como increíbles que cuenta Tomasón, el colombiano que vino de las fuentes del Magdalena para derramarnos palabra a palabra su selva como si fuera un Joseph Conrad de bolsillo.

Cumplido el rito necesario de regar la barriga, porque ya llegan las tres de la tarde, y atemperadas las ansias felinas, incluso con un buen pincho de tortilla (La Ardosa, Colón, 16) sin ir más lejos, lo mejor de los bares está en la calle. Las chicas que pasan, casi todas sobre plataformas (no hago más comentarios que me pierdo); el cura que descubrimos, un ser tan extraño a la ciudad que sorprende tanto como ver pasear un lince por la Gran Vía; el cartero, que sabe dios que lo retuvo, porque corre por la acera pasadas las tres y media arrastrado por su propio carro de sobres y otros bultos; la abuela Sabina que le han dado hora para el médico de cabecera a las cuatro menos cuarto (“¡Vaya horas para una vieja, hijos!”) y las dos erasmus, o becarias de verano, o acaso estudiantes de postgrado o… que preguntan con dificultad : “Y aquí que se come”.

En el Alambique (Fúcar, 7) se come un salmorejo superior, en Casa Labra (Tetuán, 12) los mejores soldaditos de Pavía de la ciudad, en Aloque (por Antón Martin) unos sorprendentes huevos a la porreta, en El Barril (Lola Membrives, 5) sus pulgas, en Bodegas Ricla (Cuchilleros) canapés de bacalao imperiales, en Burbuja (Angel 16) toda clase de mejillones y en el Carpanda (Almendro 22) te puedes hartar de vino sin torcer un músculo. Y así hasta cinco mil lugares más.

Ha empezado el fin de semana, es verano, estamos empapados por dentro y se acercan las cuatro y media de la tarde. No estamos para el segundo gin tonic, los cuatro al unísono decidimos ir a casa para comer. Todos sabemos que estamos mintiendo, pues no nos espera ni una mesa ni la familia, solo pensamos en el sofá o acaso el sillón de orejas y, claro, lo decisivo: esa televisión divina que a esas horas siempre pega tiros -tracas del oeste o ráfagas de los modernos thrillers- que son las mejores nanas del mundo. Es el momento de la siesta.

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

Noche golpista

Foto de El País

Foto de El País

Al término de la cena del viernes 15, el móvil escupe una gran noticia: golpe militar en Turquía. El titular estremece aunque no sorprende en absoluto pues en aquellas tierras donde los militares abusan de su prosapia ocurren estas ferocidades, incluso ahora.

Felizmente la mañana te dice que todo se fue al garete, que los golpistas perdieron, que el gobierno turco se hizo con el control del país. Y cambia todo. Las noticias son palomas de nuevo y nos tranquilizan. Pero, ¿debemos estar tranquilos? En absoluto, la noche del viernes el lobo no pudo arruinar al ovejero pero este no logro acabar con él, sencillamente la fiera desistió al no poder hacerse con el redil.

¿Qué ocurre? A partir de ahora nos darán miles de explicaciones pero a pocos importarán pues, al fin y al cabo, casi nada ocurrió en Turquía, solo un puñado de muertos, solo algunos más que los que cosecharon los islamistas asesinos tras el aplastamiento humano de Niza. Así vamos domesticando la conciencia de Europa, pasando página tras cada catástrofe y convirtiéndonos en unos buenos europeos resilientes.

Porque nuestro gran descubrimiento de los últimos años se llama aguantar, sufrir y superar como viejos legionarios romanos (y antiguos cartujos) el ametrallamiento diario que nos trae este tiempo. Caminamos despojándonos cada día de algo: la vivienda, el empleo, el goce… rogando que mañana todo sea algo mejor, pues no en vano la esperanza (y la resiliencia) del occidental viene siendo su mejor escudo durante los últimos dos siglos.

El hombre del momento, sin embargo, nunca pudo pensar que la muerte hubiera podido pasar su guadaña por el paseo marítimo de una de las ciudades más burguesas y felices del mundo. Niza no fue hoyada por ninguna de las grandes guerras modernas, pero si por esta nueva e imprevisible metralla.

Cuando ocurren catástrofes como las que referimos siempre nos llama al oído alguien que pregunta quién hay detrás. A quién beneficia tanta muerte y desasosiegos colectivos. Los responsables de todo -si es que alguna vez son conocidos- aparecen mucho más tarde que sus víctimas, sin embargo es palpable que en esta ocasión vienen a comerse nuestra libertad.

En ese juego dramático nos coloca la historia: o somos obedientes y resilientes, o alguien vendrá a remediarlo. Los militares turcos se parecen a los egipcios de Al Sisi como una gota de agua a otra. Erdogan y su régimen los pararon, pero ¿detendrán una nueva embestida, o acaso será definitiva la que ellos emprendan simulando detener este espanto?.

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