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Cerrar una televisión

Paula Nevado

Paula Nevado

No es nuevo que la libertad de expresión está amenazada de gravedad; a diario se le retuerce la mano que lleva el bolígrafo, y es frecuente que se le amordace de mil maneras, incluyendo el disparo al periodista. Su deterioro va parejo al de la democracia. El imperio de internet crece a la misma velocidad que la voracidad de sus hijos más fuertes, Google o Facebook, por ejemplo, que vienen poniendo bajo sus pies a un creciente número de medios de comunicación en todo el mundo.

Las diversas tiranías de la Tierra, por su parte, utilizan estas poderosas tecnologías de la información según su interés. China crea suministradores de información y datos para operar en su territorio, al tiempo que silencia a todos los demás torpedeándoles la entrada. Rusia utiliza la información sensible en su poder y su pericia técnica para confundir, enredar e intimidar a Occidente, y ahora es Trump quien proclama que el primer enemigo de Norteamérica es la prensa liberal: New York Times, CNN, Angeles Times, Washington Post…

Está claro que los hechos desnudos no gustan en este mundo. Hasta tal punto es así que para los actuales poderosos tener bajo control la información es su primera y principal tarea. Así ocurre que rugen en nuestra cercanía volcanes como el asalto carnicero de Mosul (Irak) y no llega su olor de azufre, ni vemos las cenizas que vuelan por medio mundo. Pero también son conscientes de que tarde o temprano un francotirador de la información cierta descargará en la red medio año de imágenes del horror y hará viral la masacre que allí se produce. Por ello, los nuevos autoritarismos se aprestan a dar otro salto depredador: comerse los medios de comunicación incómodos, cerrarlos.

Es lo que exige la autocracia saudí y sus mariachis (más la dictadura egipcia del general Al Sisi) al emirato de Qatar: para empezar a hablar de la recomposición de relaciones diplomáticas con el emirato del gas, la diversidad económica y el fútbol, sus autoridades deben cerrar la cadena de televisión Al Jazeera en el plazo improrrogable de diez días. Observamos, acaso por primera vez en nuestra historia reciente, cómo un medio de comunicación es la causa principal de una confrontación política, que puede desembocar en conflicto militar.

Los embajadores qataríes en todo el mundo vienen haciendo un idéntico relato: la causa de todo reside en que a determinados sátrapas de los países musulmanes les irrita que sus ciudadanos lleguen a conocer los problemas que ellos les ocultan, que existen personas corrientes que protestan ante las autoridades y que son posibles otras formas de ser y vivir en el mundo musulmán que no sea la sumisión.

El resto de razones que da Arabia Saudí, la verdadera impulsora de esta crisis gravísima, son solo “aderezos para rellenar el papel”. Opinión compartida por la gran mayoría de observadores de la zona y, especialmente, por los norteamericanos. Pero Trump anima a todos los políticos del mundo que se destaquen contra los medios de comunicación, su gran obsesión. Si permite que Qatar se vea forzado a clausurar la emisora de televisión habrá creado un precedente demasiado inquietante en el mundo, pues la impunidad crece sobre todo cuando está al amparo de la oscuridad y el silencio.

A PAULA NEVADO, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo.

Chamberí se dispara

 

Desde hace un tiempo vienen sucediendo cosas notables y bien diferentes en el barrio que disfruta nuestra agencia de comunicación: Chamberí. En el corazón del Madrid más vivo y activo, pudimos asistir hace unos días a la celebración de a la Primera Milla de Chamberí, en el tramo de la calle de Fuencarral que va de la glorieta de Bilbao a la de Quevedo. Toda una sorpresa. Pero aquí las novedades menudean y van a más. Chamberí es un disparo.

Paula Nevado

Paula Nevado

No es nueva la pregunta hecha titular para esta nota. Hace bastante tiempo que en los congresos de los partidos no se decide nada, no hay sorpresas, todo está acordado con antelación o, en el caso más incierto, encarrilado. Siendo esto así, ¿para qué sirven en realidad los congresos cuando – como es el caso de la asamblea que el pasado fin de semana celebraron los socialistas- acuden a un gran auditorio de Madrid con el Secretario General elegido por los militantes, la Comisión Ejecutiva nombrada por el Secretario General y las ponencias y conclusiones programáticas dictadas por unos señores que impuso la mayoría? ¿De qué vale un congreso en el que la minoría asiste sin esperanza alguna de conseguir nada que no sea la pedrea de tener un asiento en un órgano de deliberación interno?

Los descreídos sostienen que estas reuniones partidarias multitudinarias son un paripé para que parezca que existe democracia interna o, acaso, solo sean el recuelo simbólico de lo que un día fueron. Porque sin apartarnos del PSOE, hasta hace pocos años en ese partido estaba prohibido que al delegado se le concediera un turno de palabra para defender la gestión de la Ejecutiva; sólo eran autorizadas las intervenciones de crítica total o parcial a su mandato. Y la dirección se defendía sola como podía en larguísimas y tensas sesiones a puerta cerrada. Ahora todo es público -¡viva la transparencia!- pero también insustancial y sabido.

Entonces, ¿por qué miles de personas dedican tanto esfuerzo físico y económico en la organización de estos macroencuentros? Muy sencillo: para lucimiento del líder y dar apariencia de que la organización goza de buena salud: se exhibe músculo y se ofrece espectáculo mientras todos hablan y ríen y se hacen fotos. Y eso ya es mucho. Con suerte abrirán los telediarios de fin de semana -de no hacer contraprogramación el adversario- y, en la mejor de las situaciones, pudiera ocurrir que trasladen algún mensaje hacia fuera. En el caso socialista el recado está claro: El PSOE es la izquierda.

Pero, ¿va a persistir en el tiempo este trampantojo político? Quién sabe. Se percibe, no obstante, cómo hasta los mismos partidos políticos comienzan a preocuparse por el tocomocho que nos vienen propinando. Será por ello que unos y otros no convocan estos encuentros a fecha fija, sino cuando pueden o les interesa. El PP retrasó su congreso dos años y no parece que ocurriera gran cosa. El PSOE también, pero a diferencia de los populares, se desquita ejercitándose más de un año en una campaña electoral interna larguísima y muy cruel.

La nomenclatura de Podemos es la que mejor sabe utilizar el embeleco de las grandes reuniones. Hemos visto cómo le cortaban la cabeza política a Iñigo Errejón en Vistalegre en riguroso directo y ante millones de españoles (¡eso sí que es exhibir el hierro del poder en manos de Pablo Iglesias!), de la misma manera que en otras ocasiones se nos retransmite vía redes que decenas de miles de interneteros (¿será verdad?) han apoyado tal o cual decisión política del aparato. O sea, todos votan con un clic y solo uno tiene el poder de decidir.
Sí, la formación de los círculos es el único partido en España que, de momento, continúa haciendo escuela.

A PAULA NEVADO, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo.

Paula Nevado

Paula Nevado

Encaramados en la cima de la villa de Laguardia (Álava) observamos el mundo. Si diriges la mirada hacia el sur, tus ojos trazarán el mapa del vino más hermoso de España. Allá abajo, en lo hondo y hasta el fondo, en un día claro y luminoso de un mayo adelantado, tendrás bajo tus pies las bodegas que han marcado las horas de los bares y restaurantes de España durante el último siglo. Los nombres de sus bodegas suenan incluso en los oídos del sordo y atrapan los tímpanos de aquellos que aman el vino y lo disfrutan a conciencia.
Si te posicionas en dirección sur y afinas la vista desde aquel ángulo de la atalaya, verás cómo unas montañas bien siluetadas por la naturaleza sellan el horizonte del vino al fondo. Se trata de la histórica sierra de Cameros, en el mismo borde de la provincia de Soria. Pues bien, en un lugar de esa planicie de verdes y arcillas quebradas debió de quedar varada el arca de Noé al agotarse el diluvio. Porque no existe un paraje tan recogido y templado mejor en la Tierra para regocijarte en una borrachera de alegría.
Laguardia es el centinela del vino. Trazada en calles estrechas de origen medieval que enfilan de nordeste a sudoeste, es un expositor de las joyas líquidas de la zona. Tiendas y más tiendas que exhiben los vinos de toda la vida junto a otras etiquetas más atrevidas de tintos ligeros fruto de nuevos mestizajes que también quieren merecer en la zona. Son vinos más desestructurados y graciables destinados a bocas más desentendidas. Si exceptuamos la torre Abacial, un promontorio de piedra porosa bien cuadrado en el extremo más elevado de la población, las calles de la villa sostienen casonas abalconadas bien protegidas, ceñidas y austeras.
Allí es todo de piedra enrejada por una fragua irregular que tira a liviana. Es una población bien lisonjeada por su ayuntamiento, cuyo edificio apenas se distingue de tan comprimido como está erguido en un espacio escueto que no logró abrirse en plaza. A mediodía de sábado el movimiento en sus calles es reducido. Las tiendas van abriendo con sosiego y aparecen los primeros olores de la vida que se reproducen cada día. Pero no se oye una nota musical; las radios están mudas o “en los más profundos adentros”, y el silencio con el que saludan los portalones abiertos indica que allí habita gente más propensa a la reflexión y al trabajo que a la filigrana.
Bajando por uno de sus varios farallones (civilizados y bien cuidados), nos topamos con Bodegas Palacio cuyos caldos son sinónimo del más florido presente del vino. Además, si te detienes unos instantes y observas desde la altura descubrirás en sus diversas ampliaciones la memoria arquitectónica de un siglo en la Rioja. Las primeras naves de cubas se levantan estrechas, bien alineadas y adosadas. Sus fachadas son de piedra oscura iluminada con el contraste de la vieja cal que las sella. Y se quedan enanas, aunque coquetas, al lado de los nuevos almacenamientos de la propiedad: orondos y espaciosos hastiales coloreados con el tinte que distingue a la tierra.
Hay diversas formas de pisar y disfrutar la tierra de los pámpanos más fotografiados de España y algunos de los coupages más celebrados de Europa. Una, la más apropiada para los que no pueden acudir hasta la tierra de nuestra lengua, es dejarse influir por guías, videos y demás estampas que la celebran, acompañado de una botella de su buen vino en la mesa. Pongamos que del último crianza embotellado por Cuzcurrita. Otra consiste en sumergirse media jornada en una de sus bodegas históricas, o no tanto, para solazarte con el olor, el sabor y la palabra de los diferentes vinos que te ofrecen. Se suele terminar algo torpe de movimientos, aunque risueño y jovial de lengua. Las botellas que llevas amarradas a la mano al salir del festival de emociones te van contando que muy pronto repetirás la fiesta en tu casa y a tu manera. Supongamos que has dedicado un tiempo razonable al vino, la chuletilla y el descanso que te ofrece Viña Amézola en su casa de Torremontalbo.
La encontramos también chateando largo en diferentes bares de esa deslocalizada joya arquitectónica vasca llamada Ezcaray, y recuperando júbilo después en Echaurren. Verduras excelentes y un magnifico Viña Alberdi, que también es el de la casa. Y existe otro más difícil de realizar. Se trata de perderse entre los viñedos en coche -por caminos permitidos o vedados- durante todo un día para observar paisajes, comprobar la huella que deja el viñatero y los trastornos (o maravillas) que legó el tiempo y la historia a su paso.
La primera impresión que te alcanza es que existe un orden en aquella tierra de hoya en ocasiones quebrada: la superficie aparece limpia a pesar del mayo de lluvia y verdes tan crecidos, y que el cuidado y el amor por las cepas (no lo olvidemos nunca, la planta más venerada del mundo) es patente. Aquí y allá se observan hombres en el horizonte atentos a sus labores y, de vez en cuando, la presencia de una bodega: por Cenicero, Marqués de Cáceres; Carlos Moro, en San Vicente de la Sonsierra; Cuzcurrita al lado de su castillo; Montecillo, en Fuentemayor, y Haro donde encontramos el huevo de todo: Muga, Roda, Cune, Ramón Bilbao…
Dejo para otro apunte las nuevas catedrales del vino que vienen sembrando por el terruño las grandes bodegas que desean proyectarse en la era líquida de internet. Diré solo que son construcciones soberbias en su mayoría, vistas de manera aislada, pero puestas en su contexto territorial creo que deberemos de esperar unas décadas para entenderlas. Algunos recuerdan que a numerosos bodegueros jerezanos (y a la población de entonces) les ocurrió algo parecido cuando los linajes tories decidieron redimir la arquitectura bodeguera con nuevas construcciones en el sur de España a lomos de los siglos XIX y XX. Pero pasado el tiempo asombran aquellos edificios incluso en su ruina. Puede ser. Sabemos que fue el vino quien hizo que las iglesias cristianas compitieran en majestuosidad y arte levantando catedrales. Y se alzaran hasta alcanzar el cielo.

A PAULA NEVADO, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo.

Nunca acertamos

Paula Nevado

Paula Nevado

Sintetizo una nómina de noticias relevantes que nos trae la última semana:

– El Presidente de la Generalitat anuncia el referéndum independentista para el 1 de octubre y desvela la pregunta que se hará: “¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república?”
El Banco Popular es comprado por el Santander por un euro ante su quiebra inminente.
– El Tribunal Constitucional falla contra la amnistía fiscal que promovió el primer gobierno de Rajoy en 2012.
El exdirector del FBI acusa a Trump de mentir y tratar de frenar la investigación rusa. El Presidente le acusa, a su vez, de filtrador.
– Los torys británicos a punto de perder el gobierno del Reino Unido tras la celebración de las elecciones del 8, que habían convocado para reforzarse ante la negociación del Brexit con Bruselas.
– Los salarios caen por primera vez desde 2013 cuando se celebra la recuperación económica y repunta la inflación.

En base a las consecuencias que traen buena parte de estos acontecimientos irá discurriendo nuestro año político y, acaso, más allá de 2017. Hay que destacar en primer lugar que el mundo continúa cabalgando sobre el guión escrito por un surrealista. Nadie pudo imaginar jamás que un alto cargo del FBI llamaría un día mentiroso al inquilino de la Casa Blanca en un Comité del Senado; ni nadie advirtió a Theresa May (ni siquiera la pitonisa) de que estaría a punto de abandonar Downning Street 10.

La Iglesia española y un nutrido grupo de congregaciones y prelaturas religiosas, con preeminencia del Opus Dei, tan precavidos y habitualmente tan sabios ellos, nunca imaginaron que su banco de preferencia habría de alcanzar el increíble valor de 1 euro. Y si además, como apuntan algunas crónicas -“El Popular gestiona 5.400 millones de órdenes y fundaciones de la Iglesia y el Opus Dei”, leemos el sábado en Elconfidencial – sería más propio calificar de diluvio que tormenta aquello que les desbarata sus intereses.

La amnistía fiscal, auspiciada por el gobierno de Rajoy a mediados de 2012, suscitó un vivo interés entre no pocos delincuentes de cuello blanco. Los socialistas recurrieron al Constitucional y el jueves pasado el gobierno recibió una de las más sonoras bofetadas propinadas por esta institución en años. Hasta el magistrado Andrés Ollero, antes diputado popular ultraconservador, se sumó al fallo en contra. En fin, cuando todo está dispuesto para que nos olvidemos de la crisis, y siendo la precariedad laboral y los bajos salarios el gran problema pendiente, resulta que damos un paso atrás.

Así las cosas, a los únicos que se les puede augurar un futuro boyante es a los bufetes de abogados, pues los damnificados por el derrumbe del Popular irán a por todas pertrechados de grandes leguleyos y todas las influencias a su alcance. También gozará el sensacionalismo mediático que dispondrá del material más increíble y apetitoso. Trump y su delirante aventura, el proceso de secesión de Cataluña en su momento más decisivo y la Iglesia católica defendiéndose de la ruina que le trae el fulminante The end del Popular, son platos más que suculentos para disfrutar de un verano que se nos presenta (otro más) tórrido. Resta por hablar, eso sí, del socialista Pedro Sánchez. Si su lengua reaparece tan larga como anuncian los agoreros, 2017 será definitivamente un año completo.

A PAULA NEVADO, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo.

Paula Nevado

Paula Nevado

Los grandes revolucionarios (o que por tal se tienen) siempre desafían lo imposible. Desde que David retó a Goliat el mundo se viene construyendo a bofetadas. Pero no hagamos un exagerado recordatorio de osados héroes que quisieron perforar el mundo hasta sus antípodas con una aguja, porque la inmensa mayoría fracasó y cayó pronto en el olvido. Se recuerdan, claro, los escasos paladines que traspasaron los exigentes límites del milagro: Pizarro, Copérnico, Newton, Lenin, Einstein, Picasso … Ellos nos recuerdan que se derrota a lo imposible, que basta talento, determinación y suerte para trepar sobre cualquier montaña que el mundo nos ponga por delante.

Así, generaciones de hombres de hace un siglo pretendieron implantar un mundo de iguales y adoptaron el comunismo como doctrina y receta; a continuación, otros igual de determinados, se inclinaron por hacer real el hombre puro (nazis), y hasta la libertad después pretendió hacer de su bandera la enseña del mundo. Pero, millones de muertos más tarde, los jóvenes de Occidente quisieron acabar con el capitalismo y hacer un credo del antiimperialismo. Y, como a pesar de tanta ofuscación, el mundo occidental caminaba bastante bien y en paz, el solaz permitió que se colara la ciencia ficción en nuestras mentes e imagináramos máquinas que rompían el muro del tiempo. No obstante, tanto esfuerzo de imaginación y recursos (humanos sobre todo) desperdiciados no sirvieron para acelerar el paso del mundo de manera significativa; y así, este continúa a su tran tran permitiendo que no se evapore del todo la “materia de los héroes” de nuestra cultura.

Los héroes del momento enfilan las adargas contra los molinos de viento de las grandes marcas comerciales con la pretensión de movilizar al oprimido hombre actual al que prometen recuperar para él los mejores rincones de la tribu. Así, vemos como Pablo Iglesias, la quintaesencia patria del héroe digital, toma el megáfono-guía de las manifestaciones y se sitúa en lugar destacado de la protesta callejera rajando contra la Coca Cola; exigiendo que no se beba la chispa más gloriosa de Atlanta e intentando prohibir su disfrute en aquellas instancias públicas y privadas que le alcance.

¿Pero qué le ha hecho Coca Cola a este pretendido héroe? Se portó mal con algunos de sus trabajadores de Fuenlabrada (Madrid). De ahí nació la ira que quiere transformar en diluvio revolucionario contra la quintaesencia, la bandera misma del capitalismo arrasador del momento.

No se da cuenta, al parecer, nuestro ¿distraído? héroe que existen más de seis mil millones de personas en el mundo que compran esas latitas rojas (cubatas y refrescos en bares y terrazas aparte) y que a muchas marcas -“fruto de la codicia capitalista”- le siguen otros asalto de los cielos: romper el grueso plomo de la bóveda celeste a botellazos.

Su peripecia contra las marcas (tiene muchas más en el punto de mira) no es si no una hábil pirueta para seguir cabalgando a lomos del ruido sobre las redes sin más sustancia detrás que un claro oportunismo. Y puede enzarzarse contra Colgate porque hace demasiada espuma, Nestlé porque no le gusta su fórmula de hacer el chocolate y, acaso, se engolfe contra Danone porque se exagera en el azúcar.

Los héroes, en ocasiones, se presentan como equivocados colosos de papel. Nuestro protagonista ha decidido enfilar contra aquello que más foco le atrae vadeando con astucia lo que siempre identificó a la mejor izquierda: transformar la realidad con la luz de su inteligencia y el esfuerzo de sus brazos. Iglesias debe pensar que, puesto que el capitalismo del momento se embosca en el anonimato de los poderosos mercados, lo más rentable es atacarlo por los neones que deja al descubierto.

Es posible que, así que pasen unos años, estos quijotes de internet noten el ridículo que hicieron en estos años en forma de pinchazos en la boca del estómago (ya se sabe, en ocasiones el exceso de burbujas nos impide eructar bien). También les asaltará la vergüenza cuando recuerden ese momento estelar en que su portavoz revolucionario en el Senado pidió dos coca colas para refrescar el almuerzo minutos después de haber exigido en el Pleno la prohibición de su venta en tan selecto recinto.

Sí, estos estremecimientos suceden. Porque, vamos a ver, ¿cuántos miles de jóvenes europeos que se proclamaron prochinos (e incluso proalbanos) en los años sesenta y setenta, llegaron a sentir vergüenza extrema años después? Incontables. ¿Mao guía benévolo? ¿Coca Cola veneno sin remisión? Anda ya.

A PAULA NEVADO, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo.

Solo nos queda Europa

Paula Nevado

Paula Nevado

Macron fascina y espanta Trump, pero ha sido Angela Merkel quien mejor ha captado el momento: “Norteamérica y el Reino Unido ya no son aliados fiables, los europeos nos las tenemos que arreglar solos”. Parece que el siglo XXI -tras la tormentosa crisis y el giro infernal de nuestro mundo hacia la desigualdad- comienza ahora. O al menos podía empezar para los europeos. Porque Norteamérica se desentiende voluntariamente del liderazgo del mundo que mantiene desde que concluyó la II Guerra Mundial, la dictadura china camina a su manera beneficiándose de los desencuentros del mundo, mientras que la Rusia de Putin es un permanente incordio aunque aún tolerable por fortuna. Hemos entrado en una nueva era política en gran conflicto como consecuencia de los desatinos de un presidente de Estados Unidos, que es puro esperpento, y el creciente cerramiento de los pueblos en sí mimos.

Así que de manera muy rápida Europa debe de tomar graves decisiones que condicionarán su futuro. Porque Estados Unidos se aferra al proteccionismo económico y amenaza con desentenderse, no ya con su compromiso de lucha contra el cambio climático, sino con la misma seguridad europea. Los chinos ya han advertido el flanco indefenso que la determinación de Trump deja en Europa y tratan de colar a través de él una de sus grandes exigencias: que Bruselas considere a sus empresas como si fueran entidades privadas y en competencia entre ellas. Es una de las condiciones que ponen para caminar junto a Europa en el combate de cambio climático. Y Rusia se alinea con Washington (quién lo diría, qué tramarán estos dos en sus delirios).

Europa ha de apechugar entre tanta malla de condicionantes. Su oportunidad política, no obstante, se presenta hoy más clara que hace solo uno o dos años sobre todo porque Reino Unidos y USA no incordiarán en el día a día comunitario con sus trabas, exigencias y vetos. Además, Alemania y Francia ya no tendrán excusa para liderar el continente.

En París, después de largos meses de penuria política, muerte y desgarros a causa del golpeo terrorista, se apareció la virgen en forma de Macron. El flamante presidente galo se presenta en el escenario político internacional haciendo suya la esperanza en ese planeta que desprecia todos los días Trump a golpe de tuit. Merkel -atacada Alemania en su auténtico corazón que no es otra cosa que su fenomenal comercio- no tiene otra opción que vestirse con la capa azul y estrellas de Europa para defender sus intereses.

Claro que fijar el rumbo y mover hasta alta mar con buena boga este viejo galeón que es Europa no es tarea fácil. Primero vendrán las disputas por el liderazgo -Merkel o Macron-, la deserción de numerosos países del Este tras muchas dudas y encontronazos y luego, convencer a la gran mayoría ciudadana, tan biempensante como burguesa, de que le toca realizar grandes sacrificios. ¿Estamos dispuestos a pagar la defensa que creemos necesitar?
¿Y a arriad las banderas nacionales en favor la europea?

A PAULA NEVADO, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo.

Córdoba es Tucson

Paula Nevado

Paula Nevado

El observador perspicaz no duda que en pocos años gran parte de nuestro país será un territorio parecido a Tucson (Arizona): polvo, tormentas y camionetas ligeras que traga el horizonte.

Pero aquí nadie habla de esa mutación enorme, ni de qué manera necesitamos el agua y, menos aún, de cómo deberíamos administrarla en el futuro próximo. No parece inquietarnos demasiado el cambio climático o, mejor dicho, damos por descontado que nos alcanzará la sed y padeceremos las calamidades de las riadas. Da la impresión de que incorporamos el fatalismo de los desiertos a nuestro destino: entre el polvo moriremos.
Claro que nada de esto impide que sigamos gustosos el señuelo de la ilusoria recuperación económica que nos venden. Pues vuelve el empleo y se inicia el regreso de nuestros jóvenes emigrantes. España sacó la cabeza del túnel. En este clima de forzado optimismo los múltiples masters chefs, el tropel de turistas y las decenas de miles de medallas con que nos entorchamos ciegan nuestros ojos y nos hacen más bobalicones: vamos bien.

Pero en estas -cuando Rajoy se esfuerza para sacar el cuello y saludar a Trump en un pasillo, los eternos bailecitos del referéndum catalán no cesan y el goteo de dimisiones y encarcelamientos de militantes del PP por causa de la corrupción no cesa – se le escapa al Ministerio de Agricultura (y muchas encomiendas más) una encuesta enorme que nos viene a contar que el español se alimenta principalmente de humildes ensaladas verdes (lechuga y tomate), pizzas, pastas y lentejas. ¡Toma progreso! ¿De qué sirve entonces tanta insistencia en la dieta mediterránea equilibrada, esas permanentes caravanas de cocineros cantando las bondades de nuestra nueva cocina o los supermercados “inundados de fresco” y repletos de miles de enseñas?

Parece que solo atendemos al guiñol (escaparate) que disimula la engañifa de ese cambio y transformación cultural en la que nos creemos embarcados. Pero resulta que comemos, no ya como “cuando éramos pobres” sino bastante peor. Aunque no deberíamos dejarnos arrastrar por el tobogán tan resbaladizo como gustoso de la incredulidad y la sospecha, y dejar de creer en estos datos. Porque no es irreal que casi la cuarta parte de nuestra huerta se destina al cultivo de los mil verdes que terminan en ensaladas y que el consumo de tomate no deja de crecer; que a diario abren cientos de expenderías de pizzas y derivados y la importación de lentejas mexicanas no deja de crecer. Las grandes ciudades se pueblan de bicicletas que huelen a horno y queso, y los comercializadores de los quesos más grasos son todos ricos. Debemos de tomar nota de estos datos para que cuando sobrevenga el arreón de los lobbys contra los hidratos mortales, estemos preparados para no dar por buena su demagogia cósmica.

La batalla de las dos caras del hombre en la historia, una para lucirse, o cómo una amenaza la otra, se libra también en este vasto y apetitoso mundo de la alimentación. Hubo temporadas en que la historia permitió que asomara a la luz el rostro de cieno de los niños de Dikens, o que el mondongo de París se abriera con todo su hedor al hendir Zola la pluma de pavo en su tripa. Pero son más duraderas en el tiempo aquellas que trazan gruesos muros en la línea misma del malestar de los hombres. Ahora vivimos en una de ellas. Se dice que la mala alimentación desapareció de España (como se evaporó la miseria en la Argentina de los Kirchners). Pero no es así. Simplemente desconocemos casi todo lo que ocurre.

El hombre con más fuentes de información puestas a su disposición es, al tiempo, el más sorprendido por los datos cuando se le presentan ordenados y en su contexto, por ejemplo, en las urnas. ¿Quien había sospechado que la América profunda iba a llevar hasta la Casa Blanca a un personaje como Trump? Muy pocos. Bueno, pues la Córdoba actual cada día que pasa se parece más al áspero pasaje de “El llano en llamas”, de Juan Rulfo, que a la mítica Babilonia de los ríos. Pero no somos conscientes de ello. De la misma manera que no creemos que nos alimentamos de las harinas refinadas y los quesos con más grasa.

A PAULA NEVADO, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo.

Silencio necesario

Paula Nevado

Paula Nevado

En numerosas ocasiones el silencio de las personas se interpreta como signo de prudencia o, acaso, se identifica con ese tiempo que nos otorgamos para reflexionar antes de responder u opinar. En otras se calla pues se asiente (el que calla otorga) y en no pocas circunstancias no se abre el pico porque no se sabemos qué decir.

En política el silencio se hace arte o desquicia. Aquí, en este país sumido en la crisis, el desgarro y la vocinglería del rupturismo, hace demasiados años que tenemos un Presidente dado a largos tiempos de mutismo (también silencios de plasma) interrumpidos por declaraciones episódicas y breves que aclaran bien poco: chascarrillos, tautologías y salidas al paso.

Pero el resto de nuestra clase política es lenguaraz de manera habitual hasta la reincorporación a este corro de Pedro Sánchez. El flamante secretario general del PSOE es persona de largos silencios entre torrentes de palabras. Ahora atraviesa uno de esos momentos. Desde la noche del domingo 21 de mayo hasta el momento que escribo este comentario, han pasado ocho días en los que no ha dicho ni mu. O sí , saludó el miércoles último a los trabajadores de Ferraz dándoles tranquilidad.

Pero, ¿calla por prudencia? ¿porque necesita reflexionar? ¿ quizás no sabe qué decir? Seguramente es un compendio de los tres supuestos. Se ha encontrado de bruces con la mayor responsabilidad de su vida: dar respuestas esperanzadoras a un partido hecho trizas, una izquierda desarbolada y espoleada por una suerte de comunismo populista y un país en carne viva por causa del desgarro que produce la secesión en marcha de Cataluña.

Más allá de talentos y propios arrestos, Sánchez tiene casi todo en la linde misma de lo imposible. Por ello habrá de ayudarse -acaso más allá de lo conveniente- con el escudo protector del silencio. Porque ningún muñeco roto -el PSOE lo es- echa a andar por más que se le rebobine la cuerda a conciencia, y el entripado catalán no se encarrila aunque se admita la plurinacionalidad de España. Debe acometer con urgencia una rehabilitación completa de ese hermoso pero desvencijado edificio decimonónico llamado PSOE, pues ya no valen los aseados arreglos de chapa y pintura. Un tiempo de reformas mientras el mundo alrededor no corre sino vuela y aquel que mira para atrás se convierte en estatua del sal sin remisión (reparemos en Susana Díaz).

El único que cree estar resistiendo en el último tiempo es Mariano Rajoy. Está seguro de que pasará a la historia con mayúsculas, pues sacó a España de “su crisis más espantosa” y mantiene contra la pared a esa derecha extrema que asusta a media Europa. Y para conseguir mayores galones, se apresta ahora a salvarnos del veneno separatista catalán. Si logra contenerlo dirá que la vieja política es el valor más seguro y se creerá futuro.

O sea, otro destinado a convertirse en estatua de sal.

A PAULA NEVADO, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo.

Una joya inesperada

Paula Nevado

Paula Nevado

Es fácil exclamar: “¡He comido como nunca!”, inmediatamente después de haber papeado y bebido como un señor y muy a gusto. Pero es más improbable que tu cabeza repique después de días y aún semanas: “Qué bien comí en …” o “¡Es la mejor comida que he hecho en años!” Bueno, pues durante los últimos días no hago otra cosa que recordar la cena que nos proporcionó Ana en su restaurante Barrera (Alonso Cano 25, Madrid).

Algo más que buena cocina, mucho más que unos platos sensacionales, a varias cabezas de distancia de los más afamados restaurantes. El pequeño restaurante que lleva Ana (alma tan grande como sensibilidad entre fogones) tiene una carta escueta que se convierte en evocadora e inmensa cuando la canta con voz suave y llena de sustantivos. Todo lo que ofrece son platos españoles de siempre: menestras, pistos, albóndigas, asados de carne… pero ninguno se parece a lo ya conocido.

He comido patatas revolconas desde Cáceres a Segovia pasando por Ávila y hasta en esa plaza de arrieros y eterna que reserva para sí Alba de Tormes, pero nunca como en este restaurante: un lujo calórico que disfrutas en la boca como si el tubérculo se hubiera transformado en seda comestible. El morrillo de atún, ese “cereal de los dioses” que dicen que nadie ha superado desde que Japón se atrevió a ofrecerlo a su emperador, se humilla aquí. El que se cocina en Barrera lo supera. Y hasta la mandarina tardía de monda dura se repone en el paladar, ganándole en intensidad al mejor chocolate que le cubre.

Sí, en el restaurante de Ana ocurren estos milagros. Esas apariciones celestiales o mágicas, sin embargo, no solo las aprecio yo como si fuera un agraciado pastorcillo de Fátima, esa vara de las hadas está al alcance de todo aquel que quiera entrar en ese lugar del máximo lujo gastronómico.

Lo curioso, no obstante, es que Barrera está a dos pasos de ese fenomenal distrito gastronómico, cervecero y millennials que se ha creado en la calle Ponzano. Tantos miles de personas forrando de llenazos a establecimientos sin más estrellas que las efímeras que cuelga la moda y qué pocos se fijan en este pequeño edén. Una pena. Los listos, espabilados, lumbreras, e incluso los gusarapos que les siguen también, deberían entrar de incógnito (bueno, estas gentes nunca pasan desapercibidas) al local de Ana y disfrutar de lo que ésta decidiera en su orden y cantidad. Descubrirían que está al alcance de cualquiera con buen ánimo deleitarse en un “cinco estrellas” que solo tiene una docena de platos que ofrecer, un puñado escaso de postres y una bodega chiquita. La medida de todo la establece Ana. “¿Tienes prieto picudo de León?” “No” “¿Y un Toro de 2004?” “No” “Y …” “No”. Pero a continuación trae el vino que en realidad querías y en su punto exacto de temperatura.

¿Quién amasa tal milagro? Mi amigo Juanjo, también traspuesto, mantiene que Ana es una elfa mágica en nuestras tierras, aunque sin orejas largas y puntiagudas. Porque, vamos a ver, ¡si crea unos callos a los que es preciso hacerle la ola incluso antes de probarlos!

Cuando reserven en esta casa no reparen nunca en el dinero que les puede costar el cubierto; ni en si aparcar es dificultoso en la zona, o llueve o hace calor: nada de eso; acudan acompañados de una moderada agitación de estómago, sonrisa en el corazón y dejen que Ana les hable. Cuando paguen lo que paguen no les dolerá. Es uno de los restaurantes más baratos de Madrid: te da gloria por un puñado de euros.

A PAULA NEVADO, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo.

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